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Qué es un informe de lectura y para qué sirve

El lector editorial es un especialista del mundo del libro que se dedica a elaborar informes de lectura. Muchos correctores profesionales, expertos en corrección literaria, repartimos nuestro tiempo entre las tareas de corrección ortotipográfica, corrección de estilo y lectura editorial. ¿Quieres saber en qué consiste un informe de lectura y para qué sirve?

Qué es un informe de lectura

Qué es un informe de lectura

Un informe de lectura es un documento elaborado por un experto en literatura en que se proporciona una valoración global de distintos aspectos, teniendo especialmente en cuenta los parámetros que observan las editoriales a la hora de seleccionar las obras de su catálogo.

Para qué sirve

El origen de los informes de lectura está en la necesidad que tienen a veces los editores de descartar manuscritos y seleccionar solo aquellos que merezcan la pena sin tener que leer personalmente todos los textos que les llegan.

Con frecuencia, los editores que requieren este servicio tienen al menos a dos personas en plantilla que dedican su tiempo (parcialmente o en exclusividad) a la lectura de manuscritos. Es lo que se llama comité de lectura. El manuscrito es valorado por un primer lector; si el informe es positivo pasa al segundo. Solo si los dos informes coinciden el editor leerá la novela.

Es mucho más raro contratar a lectores externos para esta tarea, ya que de este modo es un servicio más costoso.

Los informes de lectura y los escritores

Sin embargo, cada vez más escritores requieren de este servicio antes de enviar su original a una editorial o a un concurso. Es una manera de obtener la opinión de un experto, que destacará las debilidades y fortalezas del texto y realizará una valoración artística y comercial del mismo. Además, es un servicio totalmente confidencial, nadie tiene por qué saber que lo has contratado.

Con la ayuda de un informe de lectura es posible potenciar los aspectos positivos de la obra y perfeccionar los negativos. Por ello, si solicitas presupuesto para un informe de lectura no olvides consultar el coste de un segundo informe para cuando hayas realizado las modificaciones que consideres oportunas tras el primer análisis.

Algunos lectores afirman también que, en caso de recibir un informe de lectura positivo, puedes adjuntarlo al enviar tu novela a una editorial o un agente y esto hablará en tu favor. Es posible que se considere como un punto positivo, pero te recomiendo que no contrates este servicio pensando únicamente en esto, puesto que ningún editor va a tomar decisiones sobre su catálogo teniendo en cuenta la opinión de un profesional al que no conoce: lo pasará a sus lectores habituales y la criba será, por lo tanto, la misma que si no adjuntara informe alguno.

Por lo tanto, el principal valor de un informe de lectura es que te permite juzgar con objetividad tu propia obra y solucionar posibles fallos antes de enfrentarte al desafío de intentar publicarla.

Ten en cuenta, además, que el informe es la opinión de un experto, pero no es infalible: grandes obras de la literatura universal, como Cien años de soledad de Gabriel García Márquez y En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, fueron rechazadas por un lector editorial.

Contenido de un informe de lectura

El contenido de un informe de lectura no es siempre exactamente el mismo. Cada lector profesional tiene sus modelos de informe según el tipo de texto (novela, ensayo, obra teatral, relato, narrativa infantil o juvenil…) y el destinatario (editor o escritor).

A grandes rasgos, estos son los aspectos que suele analizar un informe de lectura:

  1. Datos generales: título, autor, género, número de palabras.
  2. Sinopsis.
  3. Temática.
  4. Estructura: cómo está planteado el argumento con sus distintas tramas.
  5. Narrador: valoración del empleo de la voz del narrador en relación con la historia.
  6. Personajes: se analiza su nómina y clasificación, la profundidad de su caracterización y su psicología.
  7. Calidad narrativa: se considera el lenguaje empleado, el ritmo, el manejo del tiempo narrativo, la ambientación, el uso de los diálogos
  8. Puntos fuertes y débiles.
  9. Interés comercial e interés literario: este último apartado suele incluirse únicamente en los informes solicitados por editores, ya que se adaptan a los criterios editoriales concretos de la firma a la que se dirijan.

Más información

El informe de lectura es un servicio muy útil y relativamente barato, que puede proporcionarte una ayuda de un valor incalculable. ¿Te has convencido de que puede ayudarte? ¿O tal vez te gustaría saber más? Aquí puedes encontrar más información.

Cómo enviar tu manuscrito a una editorial

Después de pasar mucho tiempo trabajando en tu novela, ya está terminada. De hecho, incluso has seguido mis consejos y la has dejado reposar, has pedido opiniones e incluso la ha corregido un profesional. El siguiente reto lo tienes claro: quieres conseguir que una editorial apueste por tu obra. Sabes muy bien que no es camino fácil, pero quieres intentarlo y no sabes cómo jugar bien tus cartas. Si quieres ganar puntos con un posible editor, te interesa este artículo.

Cómo enviar tu manuscrito a una editorial

Registra tu novela

No me cansaré de decirlo: registra tu novela. ¡Es lo primero que deberías hacer antes de empezar a difundirla! Se trata de una mera precaución, dado que la mayoría de los profesionales del libro somos respetuosos con la obra ajena, pero nunca se sabe. No voy a hablarte de los sonados escándalos en torno a denuncias por plagio, ni siquiera de los casos en que no hay denuncia porque el escritor siente que no va a servir de nada, ni de las veces que la novela de un principiante acaba publicada con el nombre y cuatro retoques de un escritor consagrado, con la promesa de apadrinar su carrera literaria. Incluso olvidando estas posibilidades, el hecho de que tu novela esté ya registrada favorece a tu imagen: da la impresión de que conoces tus derechos, de que te tomas en serio tu trabajo y de que, aunque no hayas publicado aún, no eres ningún novato.

Elabora una buena sinopsis

¿Te haces una idea de cuántos manuscritos recibe a diario un editor? Son demasiados. Si de verdad crees que el editor está sentado en su mesa esperando a que llegue tu manuscrito para leerlo de principio a fin, eres un ingenuo.

Hazle al editor las cosas fáciles y proporciónale una buena sinopsis de tu obra. ¡Ojo! Que una sinopsis es un texto muy breve pero muy difícil, deberías dedicarle bastantes horas de trabajo, a ser posible repartidas en varias jornadas.

Lo primero que tienes que tener en cuenta es que esta sinopsis se parece a la que puedes hallar en la contracubierta de un libro, pero no es exactamente igual. En aquella el destinatario es el lector potencial de un libro; en esta te diriges a un editor para que invierta en la publicación de tu obra.

Con la sinopsis debes convencer al editor de que tu libro es una buena inversión. Click Para Twittear

Próximamente publicaré un artículo con trucos para elaborar una buena sinopsis, pero te adelanto algunos consejos. No escribas más de 300 palabras, repartidas en dos o tres párrafos. En el primero o los dos primeros, debes presentar la trama de la obra: quién es el protagonista (y qué tiene de especial) y cuál es el principal conflicto al que tiene que enfrentarse en la obra. Utiliza palabras atractivas y presenta los hechos de forma sugerente, planteando incógnitas sobre el desarrollo de la trama. Se trata de crear curiosidad sobre el argumento. En el último párrafo, aclara a qué género o tipo de novela pertenece tu obra y qué la hace diferente a otras de su clase (por qué debe el editor elegir tu novela  no otra).

Investiga las editoriales

Me lo dicen muchos autores que deciden autopublicar: «Escribí a un montón de editoriales, pero es imposible publicar en España si no eres Pérez Reverte». Yo les hago ver que no han hecho bien su trabajo: no se trata de escribir a todas las editoriales, sino de escribir a las adecuadas y de la forma correcta. 

Repasa las editoriales de ese listado tan extenso que te has hecho. ¿Cuántas de ellas han publicado en los últimos tres años novelas del mismo género que la tuya? Es lógico pensar que si esa editorial no tiene una colección dedicada a la ciencia ficción, no van a crearla por ti. Descarta, por tanto, todas las que no publiquen libros como el tuyo.

Sigue analizando las que quedan. Algunas indicarán en su web que no admiten manuscritos no solicitados: descartadas. Llama por teléfono a las demás. En una breve llamada puedes averiguar datos muy interesantes:

  • Si en este momento admiten manuscritos.
  • Si les gusta recibirlos en algún formato en particular.
  • El nombre de la persona a cargo de ese departamento.

No te imaginas la buena impresión que causa una obra que llega en el formato correcto y dirigida a la persona adecuada.

Escribe una carta personalizada

Dirígete a la persona que te han indicado en una breve carta que invite a mirar el resto de documentos: preséntate y haz referencia a tu currículum, presenta tu obra, indica que crees que encaja en su catálogo editorial y señala la sinopsis y el texto que les envías. Y agradece el tiempo que te dedican antes de despedirte.

Adjunta tu currículum literario

¿Todavía no tienes el tuyo? En esta entrada te ayudo a crearte el mejor currículum literario.

Envía solo un capítulo

Salvo que te indiquen lo contrario al contactar con la editorial, yo te aconsejo que envíes únicamente el primer capítulo, señalando que estarás encantado de enviar el resto cuando quieran. Una novela es muy extensa y voluminosa en papel, o un archivo grande (o peor, un archivo por capítulo). Si ofreces un texto breve, es más probable que lo lean y, con suerte, les interesará.

Por supuesto, espero que no sea necesario convencerte de que es importantísimo que ese capítulo esté muy bien revisado, que invite a seguir leyendo y sea, a ser posible, de lo mejorcito de tu novela.

¿En papel o por email?

Aquí nos enfrentamos a la eterna duda. Por suerte, has llamado a las editoriales y sabes si tienen alguna preferencia al respecto. Si les da igual el formato, depende de ti.

Algunos argumentan que el papel invita más a leer que un archivo. En mi experiencia, no tiene por qué ser así: un envío de un escritor postulante suele ser voluminoso (ya lo hemos dicho: carta de presentación, currículum, sinopsis y primer capítulo), y lo normal es que esas cartas no se abran inmediatamente, sino que se acumulen en un rincón del despacho…

Mi preferencia personal (y es la mía, que conste) es que no veo con buenos ojos aquello que constituye un obstáculo físico, que desordena mi despacho. Por eso suelo decantarme por el correo electrónico (que, además, es más ecológico). Si tu carta es lo bastante buena, te aseguro que lo abrirán.

¿Y si no me responden?

No te extrañes: muchas editoriales tardan uno o dos meses en ponerse al día con los manuscritos que van llegando. Si al cabo de ese tiempo no te han respondido, haz una llamada breve y educada: preséntate de nuevo, indica la fecha en que les escribiste y pregunta si recibieron tu original y si han podido echarle un vistazo. Algunas veces te dirán que no han podido verlo, pero con tu llamada lo colocarán el primero en la pila. Otras te informarán de que lo han descartado: aprovecha para pedir con humildad que te expliquen los motivos y que te den algún consejo para mejorar.

¿Me publicarán la novela?

Ningún método garantiza que vayan a publicarte la novela, pero dirigiéndote a las editoriales por este sistema conseguirás que le presten una atención especial a tu obra. No te desanimes por las negativas: los escritores más premiados recibieron cientos de rechazos antes de publicar sus obras maestras. Aprovecha para aprender de tus errores y, sobre todo, no dejes de intentarlo.

Todo lo que debes saber sobre la corrección de estilo

El corrector profesional es un experto en nuestra lengua que dedica su vida a mejorar textos. Hace poco hablé en el blog sobre la corrección ortotipográfica y expliqué con detalle de qué se ocupa. Hoy le toca el turno a la corrección de estilo.

Todo lo que debes saber sobre la corrección de estilo

La corrección de estilo consiste en una depuración del texto, liberándolo de ciertos elementos que entorpecen su funcionalidad, verificando entre otros elementos la adecuación del léxico escogido, la corrección gramatical y la coherencia y cohesión del discurso, todo ello intentando no modificar las peculiaridades de estilo del autor del texto.

Muchos escritores se sienten recelosos al solicitar una corrección de estilo porque piensan que se va a alterar tanto su texto que no podrá reconocerlo como propio. Por lo general no tiene de qué preocuparse: cuando solicita esta corrección a un profesional, tiene la garantía de que el corrector va a hacer las mínimas modificaciones posibles. En el caso de que este observe que el texto necesita muchas modificaciones, normalmente suele sugerir al autor que haga una última revisión del mismo. Además, no tienes por qué aceptar todos los cambios, siempre mantendrás el control sobre tu texto.

Si quieres conocer algunos ejemplos del tipo de errores en que trabaja un corrector de estilo en los distintos niveles de nuestra lengua, sigue leyendo:

Errores fónicos

Se trata de defectos que perjudican al texto por cómo suenan al leerlos en voz alta. Distraen al lector de su significado o provocan sonidos desagradables.

Cacofonías

Efecto sonoro desagradable que se produce accidentalmente por la repetición de ciertos sonidos en dos o más palabras cercanas:

* un no se qué que quería expresar y no podía

Rimas internas

Repetición de un sonido a cierta distancia, de modo que parece que se nos hubiera «colado» un par de versos dentro de nuestro texto en prosa.

* escuchó la canción con mucha atención

Errores léxicosemánticos

A veces el problema está en la elección de las palabras que utilizamos:

Repetición de términos

Es muy frecuente que en los textos se abuse de los mismos términos si se ha de hacer mención a un mismo concepto varias veces. El corrector se ocupa de evitar esta monotonía proponiendo sinónimos adecuados en cada uno de los casos.

Imprecisiones léxicas

Es el empleo incorrecto de una palabra, por no conocer su significado exacto o la forma en que se debe utilizar.

* Sus amigos lo tildaban de persona generosa y abnegada.

En el ejemplo, se utiliza el verbo «tildar», que significa, según el DRAE, «señalar a alguien con alguna nota denigrativa». Por lo tanto, no es correcto emplear este vocablo para atribuir a una persona una cualidad positiva.

Redundancias y pleonasmos

Se trata de una repetición de significados a través de varios elementos léxicos. A veces puede ser intencionada, y se usa habitualmente en el habla coloquial y en la literaria, en una figura retórica llamada pleonasmo. Por lo tanto, el corrector de estilo deberá dilucidar si la redundancia aporta o no algo al significado global del texto.

Anfibologías

Empleo de frases que pueden tener más de una interpretación.

* Ahí estaba tirado el perro de mi hermano.

Barbarismos

Según el DRAE, el barbarismo «es una incorrección que consiste en pronunciar o escribir mal las palabras, o en emplear vocablos impropios». Por ejemplo, algunas personas emplean incorrectamente la locución «grosso modo» anteponiendo la preposición «a».

Otros errores léxicos

Otros errores habituales son los extranjerismos (empleo innecesario de palabras en un idioma extranjero, cuando existe una expresión equivalente en castellano), coloquialismos (utilización de expresiones propias del habla coloquial cuando no corresponde) y el uso de muletillas o palabras vacías.

Errores gramaticales

El corrector de estilo también se ocupa de revisar algunos problemas sintácticos y gramaticales. Aquí tienes algunos ejemplos:

Anacoluto

Es una inconsecuencia en la construcción de la oración, porque la segunda parte no se corresponde con la primera.

* Yo es que en ese estado me cuesta encontrar las palabras.

Anantapódoton

Variante del anacoluto que consiste en omitir uno de los dos elementos correlativos en una expresión.

* Por un lado, no quería molestar a los dueños de la casa y le daba vergüenza admitir su error.

Ambigüedad

En algunas ocasiones, el corrector se topa con construcciones gramaticalmente correctas pero cuyo significado no queda del todo claro. A menudo este problema se soluciona alterando el orden de algunos elementos de la oración.

* En aquel tenderete se vendían libros para niños ilustrados.

Dequeísmo y queísmo

Hace algunos años, por algún motivo, hubo una notable efervescencia del dequeísmo en los medios de comunicación: muchas personas aparecían en televisión haciendo un uso incorrecto de «de que» en casos no admitidos por el régimen verdad.

* Pensábamos de que eso no podía suceder en este país.

Precisamente en el sentido inverso, para intentar evitar ese error, muchos incurrieron en el problema contrario, el queísmo, que consiste en utilizar «que» en lugar de «de que» en casos en que el verbo rige este último tipo de construcciones.

* Telefónica le informa que no tiene mensajes.

Errores pragmáticos

La pragmática es una rama de la lingüística que se ocupa de las relaciones del lenguaje con sus usuarios y las circunstancias que rodean a la comunicación. Aunque un texto sea correcto a otros niveles, es posible que no alcance la eficacia comunicativa por falta de cohesión, mala elección de ciertos vocablos, organización poco eficaz de los párrafos… El corrector también se ocupa de solventar estos problemas.

Y, por supuesto, la corrección ortotipográfica

La corrección de estilo es la más completa, y no solo analiza los errores que he enumerado en esta entrada (y otros tantos similares), sino que también revisa los problemas propios de la corrección ortotipográfica, de la que, gracias a una entrada anterior, ya conocéis todos los secretos.

Todo lo que debes saber sobre la corrección ortotipográfica

Como ya he explicado en otras ocasiones, la profesión del corrector de textos es bastante desconocida, probablemente porque parte de su tarea es que su trabajo pase desapercibido y solo se note la huella del autor en el texto. Y si pocas personas conocen a qué se dedica en general un corrector, muchas menos sabrían explicar las diferencias entre los dos tipos de correcciones que suele realizar. Hoy te explicaré en qué consiste la corrección ortotipográfica, y espero resolver todas tus dudas.

El tipómetro es una herramienta fundamental para la corrección ortotipográfica

Tres correcciones en una

La corrección ortotipográfica abarca, en realidad, tres dimensiones del texto: su ortografía, su gramática y su ortotipografía propiamente dicha. A menudo esto supone varias lecturas diferentes del texto, pues cada uno de estos campos requiere que se preste atención a elementos distintos dentro del mismo.

Revisión ortográfica

La ortografía es una disciplina normativa y exacta. En español, normalmente uno se basa en las normas que dicta la Real Academia Española en la edición más reciente de su ortografía. Y digo «normalmente» porque, para sorpresa de los que nos dedicamos a esto de forma profesional, cada vez son más las editoriales que te indican «nosotros seguimos a la Real Academia pero no su Ortografía de 2010» o «es que aquí esa norma la aplicamos de esta manera».

La revisión ortográfica del texto comprende la correcta escritura de cada palabra, evitando errores ortográficos en general, vigilando la posible omisión o transposición de caracteres y regulando el uso de la tilde y de los signos de puntuación.

Revisión gramatical

La gramática es también una disciplina normativa, que atiende a las reglas de un idioma en su forma de organizar las palabras en oraciones. Normalmente en este aspecto también se siguen las indicaciones de la Real Academia.

La revisión gramatical se ocupa de posibles incoherencias gramaticales, errores de concordancia, eliminar redundancias y asegurarse de que la función de cada elemento de la oración queda clara y es correcta.

Revisión ortotipográfica

La ortotipografía, sin embargo, es una disciplina práctica, que estudia la aplicación concreta de la ortografía en las obras impresas. No existe una ortotipografía normativa con carácter oficial, aunque suele considerarse de referencia todo lo que ha escrito al respecto José Martínez de Sousa, una gran autoridad en la materia. Pero en muchos casos un texto plantea determinados problemas a nivel ortotipográfico que no tienen una única solución posible, y el corrector debe decidir cuál es la que más conviene, atendiendo a los principios en que se fundamenta la ortotipografía: 

  • Legibilidad: el tamaño de los márgenes, la llamada de las notas o las reglas que afectan a las líneas a final de página (viudas, huérfanas…) y a la división de palabras en varios renglones, por poner algunos ejemplos, afecta mucho más de lo que uno pudiera creer a la facilidad y concentración con que un lector lee el texto.
  • Estética: el texto ha de quedar bello, limpio y con apariencia ordenada.
  • Coherencia: no se deben aplicar normas diferentes en un mismo texto, es necesaria la homogeneidad.
  • Proporcionalidad: este principio atiende a las medidas de los distintos elementos, que ha de servir al contenido y ser coherente. Para juzgar la aplicación de este principio el tipómetro es una herramienta imprescindible.
  • Funcionalidad: es decir, que cada una de las normas que se apliquen en el texto sirvan para una función determinada en beneficio del mismo.

La revisión ortotipográfica abarca muchos elementos diferentes: homogeneización de tipografías, jerarquización de títulos, tamaños y variantes de letra (redonda, cursiva, negrita, mayúscula, versalita, superíndice y subíndice…), particiones de las palabras, espacios en blanco, sangrías, márgenes, columnas y corondeles, utilización de símbolos, distintos niveles de comillas, escritura de fórmulas,  disposición y puntuación de las citas, listas, notas  y referencias bibliográficas y un larguísimo etcétera.

Cuándo es necesaria la corrección ortotipográfica

Este tipo de corrección se realiza solo en textos ya terminados y revisados a nivel de estilo. Se sobreentiende que no se van a realizar modificaciones adicionales al texto tras su corrección, ya que en ese caso podrían surgir nuevos errores o problemas ortotipográficos.

Todos los textos que se van a publicar deberían someterse a este tipo de corrección. En primer lugar, porque nadie está completamente a salvo de cometer una falta de ortografía ocasional o un error mecanográfico. Pero, sobre todo, porque la corrección de los textos a nivel ortotipográfico es algo que solo los profesionales son capaces de aplicar con exactitud, y no es trabajo ni del escritor ni del maquetador resolver los posibles problemas que surgen en este campo.

Registra tu libro

Cuando consulto mi correo electrónico por las mañanas, a menudo me encuentro con mensajes del tipo «He escrito un libro y me gustaría recibir un presupuesto para su corrección». Muchos de ellos llevan como archivo adjunto la obra completa. Siempre pienso lo mismo: «¿Habrá tomado la precaución de registrar la obra antes?». En mi experiencia, a menudo no lo han hecho. No sé a través de quién han conseguido mi correo electrónico (llevo ya muchos años ejerciendo como correctora), pero el caso es que han enviado su obra completa a una persona con la que no han hablado jamás, ¡y ni siquiera está registrada! Si me aceptas un consejo, no dejes pasar un solo día más sin registrar tu libro.

Registra tu libroToma precauciones

Cuando has terminado de escribir tu libro, son varios los caminos que puedes seguir si quieres verlo publicado. Sin embargo, elijas el que elijas el primer paso debería ser siempre registrar la obra como propiedad intelectual. Probablemente no pase nada, pero dado que tu obra va a pasar por diversas manos antes de convertirse en un libro publicado, deberías tomar la precaución de proteger tu autoría realizando esta sencilla gestión.

Tradicionalmente esta tarea la realizaba, con mucha frecuencia, el editor en nombre del autor de la obra. Pero, dadas las circunstancias actuales del mundo de la edición (con un elevadísimo número de escritores y también de editoriales), es especialmente recomendable que el autor se proteja antes de dar a conocer su obra para buscar su publicación.

En qué consisten realmente el registro y los derechos de autor

El registro de la Propiedad Intelectual es un mecanismo administrativo que sirve para proteger los derechos de los autores de creaciones literarias, artísticas o científicas, derechos que pertenecen a los autores durante toda su vida y que pasan a sus herederos durante los primeros setenta años después de su fallecimiento. No es obligatorio, pero sirve como prueba para demostrar la autoría de una obra (lo que supone no solo el reconocimiento, sino también la retribución económica) y protegerse ante un  posible plagio.

Breve historia del plagio

El plagio es, quizás, uno de los mayores miedos del autor actual.

No siempre ha sido así: en siglos pasados el préstamo de temas, argumentos, personajes e incluso títulos era algo frecuente y aceptado. La reescritura se practicaba de forma habitual, y podemos encontrarla en multitud de autores, desde Berceo y Don Juan Manuel hasta Garcilaso, Quevedo o Lope de Vega.

Quizás uno de los casos más sonados de una acusación de plagio en la historia de la literatura es la que denunció Miguel de Cervantes, al descubrir que se había publicado una apócrifa continuación de su Don Quijote bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda, el cual probablemente encubría a alguno de sus adversarios literarios. Sea como fuere, este conocidísimo caso de plagio aceleró la publicación de la segunda parte del Quijote, en la que Cervantes puso todo su empeño para denostar la obra apócrifa. A falta de una ley de la propiedad intelectual, la única defensa que quedaba a don Miguel de Cervantes era ridiculizar en lo posible a su adversario utilizando la mejor arma a su alcance: la literatura.

Desde entonces, el plagio se ha considerado algo negativo y objeto de persecución. Clarín apenas se inmutaba ante los que lo acusaban de inmoral o anticlerical; sin embargo, cuando se le acusó de haber cometido plagio en determinados pasajes de sus obras, se defendió con enorme indignación. También es conocida la encarnizada rivalidad entre Vicente Huidobro y Pablo Neruda, en la que, además de las constantes polémicas en las que ambos cuestionaban la calidad de los versos del otro, Huidobro acusó a Neruda de que uno de sus Veinte poemas de amor no era más que una traducción de Rabindranath Tagore. Incluso Miguel Ángel Asturias acusó a Gabriel García Márquez tras la publicación de Cien años de soledad de haber tomado la fabricación de pescaditos de oro que realizaba Aureliano Buendía de un personaje de Honoré de Balzac en la novela Búsqueda del infinito.

Dentro de los casos recientes, quizás el más escandaloso es el que atañe a Camilo José Cela y a la concesión del Premio Planeta por su novela La cruz de San Andrés. Mª del Carmen Formoso, la demandante, había presentado también al Premio Planeta su novela Carmen, Carmela, Carmiña, y sostuvo que había  una serie de coincidencias de temas y argumentos, personajes, escenarios y hasta frases textuales. La demanda judicial fue archivada en dos ocasiones, y tras la muerte de Cela continúa la polémica, en la que ya el único acusado es José Manuel Lara, director de Planeta, quien según Formoso le habría pasado su original a Cela.

Otros escándalos recientes relacionados con el plagio literario han sido protagonizados por la escritora Lucía Etxebarría y por la presentadora de televisión Ana Rosa Quintana.

Todos estos casos expuestos sirven, precisamente, para ilustrar hasta qué punto es recomendable registrar una obra para poder demostrar, si fuera necesario, su autoría.

Cómo registrar un libro

En España, el registro de una obra puede realizarse de forma presencial en las oficinas del Registro General de la Propiedad Intelectual o, si se dispone de certificado digital, se puede realizar la solicitud de forma telemática. Para el registro, es necesario presentar un ejemplar de la obra encuadernado, paginado y firmado por el autor en la portada (en la que deben aparecer el título y el nombre del autor o autores) y en la última página, una fotocopia del D.N.I. del autor, cumplimentar el impreso que nos facilitarán en la oficina y abonar las correspondientes tasas.

Recientemente han surgido alternativas a este sistema, como la que ofrece Safe Creative, un registro pensado especialmente para creaciones en un soporte digital que no supone el abono de ninguna tasa. Aunque cada vez está más difundido e incluso en su blog se afirma que Safe Creative es un registro eficaz y seguro y tiene valor probatorio de la autoría de la obra, todavía hoy la mayoría de los autores literarios prefieren recurrir al Registro General de la Propiedad Intelectual.

Otras opciones que se han usado con cierta frecuencia son enviar dos ejemplares de la obra para su depósito en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos o incluso el enviarse a uno mismo el manuscrito por correo certificado firmando sobre el cierre del sobre. Sin embargo, yo desaconsejo estos últimos métodos, pues los que hemos expuesto anteriormente resultan, a la larga, más asequibles y fiables como prueba en caso de necesidad.

Licencias de Creative Commons

Teniendo en cuenta la facilidad de difusión y reproducción de las obras a través del medio digital, nacieron las licencias de Creative Commons. Estas licencias afectan a la forma de distribución de la obra que autoriza el autor (que se reconozca su autoría, que se puedan hacer obras derivadas, que se saque o no beneficio comercial de las mismas…), pero en ningún caso constituyen un acto de registro ni tienen valor probatorio de la autoría de la obra.

Lejos de ser una idea moderna, parece que este tipo de licencia ya estaba a la orden del día en el medievo, cuando el Arcipreste de Hita dejó señalado en su Libro de Buen Amor:

Cualquier hombre que lo oiga, si bien trovar supiere,
puede más ahí añadir y enmendar, si quisiere;
ande de mano en mano, a quienquiera que lo pidiere

Conclusión: más vale prevenir que lamentar

Si te has tomado el trabajo de escribir una obra, mereces el reconocimiento por ella. Da igual si quieres obtener beneficio o no, si lo que más te importa es que se tenga en cuenta tu nombre o que a obra sea de utilidad a otros… Tienes derecho a decidir qué se puede y qué no se puede hacer con tu texto.

Yo prefiero pensar bien de los demás y dar por hecho que todo el mundo respetará la obra ajena como yo misma lo hago. Como decía Hegel, el plagio, más que una cuestión de crítica literaria o de justicia,es «una cuestión de buenos modales». Sin embargo, por si hay alguna persona que no respete tus derechos como autor, te alegrarás de haber sido precavido. No lo dejes más: registra tu libro.