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La grabadora, una herramienta imprescindible

Llevo escribiendo desde mi más tierna infancia (incluyendo un parón creativo que duró años, y del que os hablaré algún día) y he conocido multitud de herramientas de todo tipo que me han sido útiles a mí o a otros autores con los que he trabajado personalmente. Poco a poco te iré hablando de ellas para que puedas conocerlas, pero si puedo serte sincera, a mí la herramienta que de verdad me ha salvado la vida (y me ha sorprendido mucho hasta qué punto) es la grabadora.

Grabadora

El cliché

Para qué negarlo, a mí la idea de tener una grabadora me gustaba. Me encantan los aparatejos. Según me dijeron unos amigos nerds hace algunos años, soy una tecnófila, lo que se traduce en que me atrae la tecnología en general y estoy dispuesta a probar nuevos cachivaches.

Pero una parte de mí se resistía a comprar una, creo que por huir del cliché. Quién no ha visto en las películas a un ejecutivo o a un escritor petulante (sí, solo los petulantes tienen grabadoras en el cine) dictar algunas notas a su dispositivo de grabación. Yo quería ser original.

Por qué me decidí a probar

El caso es que finalmente me decidí a adquirir una grabadora, pero no fue para escribir precisamente. Hace aproximadamente año y medio tuve la necesidad de ponerme a estudiar unas oposiciones, y mi hija de un año y mi trabajo a jornada completa no me dejaban mucho tiempo. Una buena amiga me recomendó comprar una grabadora y grabar los temas para escucharlos en el autobús, mientras hacía la compra o cuando mi hija se quedaba dormida sobre mi regazo impidiéndome levantarme a coger los apuntes.

El caso es que empecé usando la grabadora solo para ese fin, pero he acabado llevándola encima en todo momento. Ya no puedo vivir sin ella. Siempre he sido una adicta al papel, me encantan los bolis de colores, las libretas, las agendas y los planificadores, y casi toda mi vida ese sistema me ha funcionado muy bien (pronto te hablaré de mi diario de escritura), pero desde que me convertí en madre me faltan manos para eso. La solución llegó con la grabadora.

Por qué una grabadora (y no el móvil) y cuál elegir

Lo primero que voy a recomendarte es que te lo pienses muy bien qué dispositivo de grabación elegir. La verdad es que yo me pensé si realmente me merecía la pena hacerme con un aparato nuevo, cuando la mayoría de los smartphones cuentan con una aplicación para grabar voz.

Lo cierto es que yo lo intenté con el móvil, pero no me funcionó. Primero, porque las grabaciones del móvil no tienen la misma calidad de audio que un dispositivo específico, pero el principal motivo fue que el móvil contiene cientos de aplicaciones y es muy fácil distraerse de lo principal. Tienes una idea, coges el móvil para grabarla, pero en ese momento ves que tienes varios mensajes sin leer y, sin darte cuenta, te dispersas. Y lo mismo cuando necesitas acceder a las grabaciones para ponerte a trabajar. Total, que tras pocos días de uso me di cuenta de que necesitaba un dispositivo aparte.

Antes de elegir mi grabadora, me encargué de probar unas cuantas para tener claro lo que necesitaba. Esta es la grabadora que yo compré. Te cuento los motivos que me llevaron a elegirla, aunque puede que tus necesidades no sean las mismas.

  • La calidad de audio es muy buena, tiene distintos modos de grabación y una función para reducir el sonido.
  • Trae un micrófono de corbata incorporado de muy buena calidad.
  • Tiene bastante memoria, pero además permite ampliarla con una tarjeta miniSD.
  • Permite organizar tus grabaciones en distintas carpetas, de modo que es muy fácil mantener ordenados tus pensamientos (o las grabaciones de los mismos).
  • Tiene una serie de funciones adicionales muy chulas: permite sobreescribir parte de un audio, poner marcadores para acceder rápidamente a una parte de la grabación, programar una grabación para que se reproduzca automáticamente en una fecha y hora determinadas, etcétera.

Cómo utilizo yo la grabadora

Suelo llevar la grabadora siempre encima. No es demasiado grande, así que no me importa cargarla. La llevo en un bolsillo de mi mochila o, algunas veces, si estoy en una fase especialmente creativa, me coloco el micrófono de corbata. Y, simplemente, hago mi vida normal.

Yo aprovecho muchísimo una de las funcionalidades de mi grabadora, que es la clasificación de los audios en distintas carpetas. Tengo una carpeta para las ideas sencillas, llamada «semillas» (ya te he hablado en este post de lo que son esas semillas). También hay otra carpeta llamada «escritura» que me sirve para almacenar retazos de escritura que se me ocurren sobre la marcha, por ejemplo, las palabras perfectas para describir una escena a la que llevo días dando vueltas. También hay una carpeta llamada «documentación» y otra «agenda», donde entra todo lo que no me cuadra en las demás carpetas. Además, si tengo algún proyecto entre manos, creo una carpeta específica.

Cuando se me ocurren las ideas, pongo en marcha la grabadora (que es tan sencilla que puedo activarla casi sin mirar) y grabo el audio en la carpeta correspondiente, o incluso en la carpeta «agenda», que es la predeterminada, y luego la muevo. Y simplemente me quedo tranquila. Cada noche, repaso la carpeta «agenda», anoto lo que me va a hacer falta y reubico cosas a otras carpetas si es necesario. Periódicamente (casi siempre los sábados), escucho los audios recientes de las restantes carpetas y anoto lo que sea necesario en mi diario de escritura (porque a mí me ayuda tener las cosas por escrito).

Desde que tengo mi grabadora y sigo este método para utilizarla, mi productividad se ha multiplicado. Para mí es una herramienta que merece la pena tener en cuenta. ¿Y tú, te animas?

Narración para principiantes: el tema, la estructura y el argumento

En la escritura, como en todas las artes, hay una falacia que se ha convertido en creencia general: que las obras maestras son fruto, simplemente, del talento y la inspiración. Y aunque es verdad que nunca viene mal un toque de pura genialidad, el mayor mérito del escritor suele estar en su constancia en el trabajo y su conocimiento de las herramientas que utiliza. Por eso, voy a abordar en diversos artículos algunas claves de la técnica narrativa que debes conocer. Hoy les toca el turno a varios elementos relacionados con la acción: el tema, la estructura y el argumento.

 Narración para principiantes: el tema, la estructura y el argumento

Narrar es contar una historia, una acumulación de acontecimientos, situándolos en el espacio y en el tiempo creando todo un universo ficcional.

Lo esencial en la narración es la acción: tiene que haber una historia, tiene que pasar algo. Click Para Twittear

Esa acción a la que nos referimos se fundamenta en un tema, y puede desarrollarse en distintos argumentos según diversas estructuras.

El tema y la premisa

El tema es el eje de un relato, el concepto en torno al cual gira nuestra historia, que lo estructura. Lejos de ser algo concreto, el tema es un concepto abstracto, y debe poder representarse en una sola palabra. No nos limita a un espacio ni a un tiempo determinado: partiendo de un mismo tema podemos plantear infinitas historias.

Algunos posibles temas, para que puedas hacerte una idea, son el amor, el odio, el dolor, la ambición, los celos, el narcisismo, la angustia, la ira, la infertilidad, la hipocondría, el heroísmo, la crueldad…

El tema de nuestro relato es el fruto de reducirlo a una única palabra. Click Para Twittear

Partiendo de ese tema, el escritor plantea una premisa. La premisa es el fruto de aportar determinado punto de vista elegido por el autor al tema previamente establecido. Define su postura, y debería poder formularse en una sola frase.

Algunos posibles ejemplos: partiendo del amor, podemos plantear premisas como «el amor supera todos los obstáculos», «el amor verdadero es muy difícil de encontrar», «el amor puede tornarse en obsesión» o «el amor no tiene edad»; partiendo del narcisismo, «el narcisismo altera la percepción de uno mismo» o «el narcisismo lleva a la soledad y la autodestrucción»; si nuestro tema es la infertilidad, podemos sacar «la infertilidad pone a prueba al amor» o «la infertilidad puede destruir a una mujer». Todos estos ejemplos son premisas de obras reales que he leído últimamente.

Como puedes observar, la premisa no cuenta ninguna historia, aunque ya nos da algunas pistas. Puede que al leer algunas de las premisas anteriores tengas claro qué tipo de historia hay detrás, o puede que no. La importancia de la premisa no reside en los datos que nos aporta sobre la historia, sino en que contribuye a su coherencia.

El tema y la premisa no son necesariamente el punto de partida para escribir una novela, pero el autor debería fijarlos relativamente pronto para plantear la estructura y el desarrollo de la obra en torno a ellos. Todos los elementos de nuestro relato deberían acabar conduciéndonos a la premisa directa o indirectamente.

La estructura

La estructura es el armazón externo según el cual se organiza nuestro relato. Es la forma, el cómo contamos una determinada historia. Es una buena idea plantearse qué tipo de estructura queremos desarrollar antes de comenzar a escribir: a menudo se nota la inexperiencia de un escritor novel en el desarrollo de una estructura poco cuidada.

Un texto narrativo puede atender a diferentes estructuras:

Estructuras según su arranque

El planteamiento de la narrativa tradicional organiza los episodios en una estructura tripartita: planteamiento, nudo y desenlace. Todo comienza por una situación estable que alguna fuerza perturba y de ello resulta un estado de desequilibrio; por la acción de una fuerza dirigida en un sentido inverso, un nuevo equilibrio se establece, nunca idéntico al primero.

También podemos encontrar un comienzo in media res (se prescinde de la presentación y comienza la narración directamente por el conflicto) o incluso comienzo in extrema res (se inicia el relato por el final de la historia).

Estructuras según su forma de composición o desarrollo

La estructura puede ser lineal (el relato se organiza de forma cronológica, contando una historia desde el principio hasta el final) frente a la episódica (sucesión y yuxtaposición de hechos más o menos aislados, como en El lazarillo) o la simétrica (dos o más historias que se presentan de forma paralela porque convergen en su desenlace o responden a un eje temático común).

Estructuras según su cierre

Dependiendo de la forma en que finaliza el relato, la estructura puede ser cerrada (el desarrollo sigue un camino marcado y termina en un desenlace que aporta una conclusión a la trama principal y a todas las subtramas) o abierta (el final deja algunas tramas sin una conclusión clara, de forma que resulta una obra fácilmente susceptible de continuación). También encontramos la estructura circular (al final de la narración se produce un encuentro con el punto de partida, el inicio del relato).

De la historia al argumento

¿Tienes ya la idea para tu novela? Si la desarrollas todos los hechos de forma lineal, desde los primeros acontecimientos que lo originaron todo hasta las últimas consecuencias, tienes la historia que se narrará en la novela. Algunos escritores con poca experiencia cometen el error de pensar que eso es todo, que ahí está la novela. Pero no lo olvides:

Escribir no es simplemente contar una historia: es sobre todo cómo contarla. Click Para Twittear

Tras desarrollar la historia principal, tendrás que hacer lo mismo con las historias secundarias, esas que suceden paralelamente a la primera y que le sirven de complemento o de ambientación.

Cuando las tengas todas, deberás seleccionar qué partes de la historia son relevantes para ser contadas. No todos los hechos son importantes: puede que te interese omitir cómo llegó tu protagonista desde España a Polonia a mitad de la historia. Tú debes saberlo, pero has decidido no contarlo porque no aporta mucho a la historia, o quizás en vez de narrar cómo compró los billetes de avión, preparó la maleta y se fue al aeropuerto prefieres presentarlo ya en el aeropuerto de destino. Haz esto con la historia principal y las secundarias.

Si ordenas los hechos que has seleccionado tal y como aparecerán en la novela, siguiendo una determinada estructura, tendrás la trama principal y cada una de las subtramas. Todo ello unido y entrelazado dará, por fin, el argumento de la novela. Puedes ver un ejemplo en el esquema que encontrarás a continuación.

De la historia al argumento

La técnica de la escaleta

Las indicaciones que acabo de darte son los primeros pasos para una conocida técnica de escritura, la técnica de la escaleta. Delimitando el tema y la premisa, escogiendo una estructura, desarrollando la historia principal y las secundarias y transformándolas en un argumento tendrás el esqueleto de tu novela. Ya solo queda ir desarrollando las escenas una a una, pero lo harás con la garantía de seguir una planificación y una estructura cuidadas.

En las próximas semanas te daré otras claves y técnicas para narrar, ¡espero que te resulten útiles!