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Cómo dar vida a tus personajes

Los personajes son un elemento esencial de toda narración. Tener un buen argumento es fundamental para conseguir una obra interesante, pero son los personajes los que van a darle vida a ese argumento. Tenemos que lograr que capten la atención del lector, que este se identifique con ellos o que los odie, y por encima de todo que resulten convincentes. ¿Quieres algunas ideas sobre cómo conseguir crear personajes inolvidables? ¡Pues sigue leyendo!

Cómo dar vida a tus personajes

Tipos de personajes

Antes de comenzar con los consejos para crear buenos personajes, quiero dejar claros los distintos tipos de personajes que aparecen en una novela.

En primer lugar, los personajes principales son aquellos en torno a los que se realiza la acción de la novela. Dentro de los personajes principales, se distingue entre los protagonistas, que desempeñan una función fundamental en el relato, y los antagonistas, que de alguna manera se oponen a los protagonistas o están en conflicto con ellos.

Los personajes secundarios son menos significativos dentro de la trama general del relato, pero aún tienen cierta relevancia para la acción. Se suelen dividir en ayudantes (cuando colaboran con los protagonistas para la resolución del conflicto) y oponentes (cuando más bien suponen un obstáculo para los objetivos del protagonista).

Finalmente, tenemos los personajes fugaces o de relleno, que son muy poco relevantes, de modo que su participación suele limitarse a unas pocas escenas.

Dales un buen nombre

En cualquier novela aparecen unos pocos personajes principales, varios secundarios y un buen puñado de personajes de relleno. De unos proporcionaremos más detalles y de otros menos, pero la mayoría de ellos van a ser, al menos, mencionados. Por eso el nombre que les proporciones es tan importante.

Hay distintas opciones a la hora de elegir un nombre para tus personajes:

  • Por cómo suenan: a veces puede resultar interesante que tus personajes tengan nombres hermosos, sonoros y evocadores, como Petunia Vivanco o Víctor Fuentefría.
  • Por lo que significan: los nombres de los personajes pueden hablar de su carácter. Un hombre muy fuerte puede llamarse Sansón, una niña inocente llevará el nombre de Dulce, una anciana piadosa será Rosario. También el nombre puede evocar el significado contrario, de manera irónica: la despiadada villana puede llamarse Caridad Bueno.
  • Intenta elegir nombres que no se confundan fácilmente con otros de la novela, y no abusar de los recursos que acabo de indicarte.

Muestra, no lo cuentes

Cuando describas a tus personajes, intenta seguir la máxima «muestra, no lo cuentes». En lugar de explicar que tu protagonista era una persona insegura, preséntalo en una situación en que no sea capaz de demostrar su carácter. Si has de hablar de un personaje que es un mujeriego, demuestra en una escena su capacidad para seducir a una de sus conquistas.

La acción hace avanzar la novela, la descripción la ralentiza. Click Para Twittear

Limítate a lo relevante

Un típico error de principiante es ser demasiado exhaustivo a la hora de describir a los personajes. El lector no necesita saber todo sobre ellos. No tienes por qué explicar con todo detalle la forma de sus ojos, la longitud de su cabello y cada prenda de su indumentaria.

En primer lugar, porque esto resultaría muy pesado si lo haces con cada personaje de tu novela: la monotonía puede hacer que tus lectores se cansen de leer, ¡y eso es justo lo que menos quieres!

Además, a los lectores nos gusta imaginar a los personajes, y, aunque no lo creas, cuantos más detalles proporciones más compleja resulta esta tarea. Haz la prueba: si los rasgos físicos que das sobre un personaje son sus ojos aceitunados, un mentón prominente y una ligera cojera en la pierna derecha, no te resulta difícil imaginarlo. Sin embargo, si detallas la longitud, grosor, color y aspecto de su cabello, la forma de su frente y su nariz, el tamaño de sus orejas… cada vez resulta más complicado retener todos los detalles en la cabeza para crear esa imagen mental.

Por otra parte, no todos los personajes son igual de relevantes. Evidentemente es más importante la descripción del protagonista que la de un personaje secundario, así que en este último no son necesarias más que unas breves pinceladas.

Por último, incluso en el caso del protagonista, no tienes por qué explicarlo todo de una vez. Piensa que si te dedicas a describir con todo detalle su aspecto en su primera aparición en la novela, ralentizarás la acción y le restarás importancia. Como ya habíamos hablado de la importancia de presentar a los personajes en acción («muestra, no lo cuentes»), tal vez sería una buena idea ir proporcionando este tipo de datos poco a poco, diseminados en los primeros capítulos.

Cómo habla un personaje

Como lo importante es la acción («muestra, no lo cuentes»), algo que sí es importante es que tengas claro cómo habla tu personaje. ¿Tiene un tono de voz agudo o grave? ¿Es agresivo al hablar o suele dejarse intimidar? ¿Dice palabrotas? ¿Tiene alguna muletilla? ¿Cómo se expresa? ¿Suele dar rodeos para contar las cosas? ¿Tiene mucho vocabulario?

Si todos los personajes en tu novela hablan igual, es que no has sabido retratarlos. Click Para Twittear

También es importante que sepas cómo interaccionan los personajes entre sí. Uno no habla igual cuando está frente a su jefe que con la cajera del supermercado o ligando en la parada del autobús. Ten esto en cuenta a la hora de escribir los diálogos.

La motivación y el motor

Para que los personajes de tu historia resulten convincentes, has de tener claro que necesitan una motivación y un motor.

La motivación es el objetivo principal que tiene ese personaje a medio o largo plazo. ¿Cuál es su principal meta? Tal vez sea recuperar a su hijo perdido, o triunfar en la política, o encontrar el amor. El motor, sin embargo, es la necesidad urgente que los mueve en una escena determinada, lo que pretende conseguir con su acción inmediata, por ejemplo, un personaje puede tener como motor en una determinada escena no llegar tarde a una cita.

Recuerda siempre que todos los personajes tienen un motor en cada escena. Un error que cometen muchos escritores principiantes es olvidar que incluso los personajes de relleno tienen un motor, y a veces esa es la causa de que resulten poco convincentes.

Por ejemplo, puedes presentar a tu protagonista en una cafetería esperando a un amigo al que va a pedir dinero. El motor del protagonista es conseguir un préstamo que necesita; el amigo, sin embargo, se había alegrado al recibir su llamada porque quería contarle los problemas que tenía con su novia; el camarero de la cafetería está deseando que acabe su turno para meterse en la cama porque está un poco resfriado; la señora de la esquina busca desesperadamente entablar conversación con alguien porque vive sola y no tiene quién la escuche; el señor de la otra mesa, sin embargo, solo quiere tomarse su café para entrar en calor.

Da igual si no participan activamente en la escena, debes saber siempre qué mueve a tus personajes. Click Para Twittear

Incluso un personaje de relleno debe estar ahí por algo. Da igual si los has puesto solo porque la cafetería no puede estar vacía, tú debes saber qué los impulsa a actuar para que su participación en la escena, sea breve o intensa, resulte verosímil.

Crea personajes convincentes

Espero que estos consejos te hayan resultado interesantes y te ayuden a crear mejores personajes. Existen, además, una serie de herramientas que pueden ayudarte a crear personajes (la ficha, el mapa, el banco de fotografías…), pero a ellas me dedicaré en futuras entradas. Hasta entonces, ¡no dejes de escribir!

Cómo evitar errores al dar voz a tus personajes

A la hora de escribir correctamente, algunos de los pasajes que suelen plantear más dudas a los escritores son aquellos en que se transcriben las palabras de los personajes. ¿Cómo hacerlo sin errores? Si quieres conocer todos los secretos para dar voz a tus personajes sin cometer faltas de ortografía, tienes que leer esta entrada.

Cómo evitar errores al dar voz tus personajes

Construir una novela o un relato de modo que los personajes cobren auténtica vida, sean peculiares y diferenciables, es una tarea compleja. Pronto hablaré en la escuela de escritura sobre las técnicas para caracterizar a los personajes, así que no me detendré hoy en ello, porque hoy me ocupa un caso mucho más práctico. ¿Cómo podemos transcribir los discursos de nuestros personajes de forma ortográficamente correcta? ¿Cuáles son las normas para hacerlo?

El discurso indirecto

Para transmitir la voz de nuestros personajes, no es necesario que hablen ellos directamente. En ocasiones, es el narrador el que nos refiere sus palabras, y no tiene por qué hacerlo de forma exacta, ya que estas intervenciones están pasando por el filtro del narrador.

Camino de la estación, Eloísa tropezó con una señora cargada de paquetes y estos se desparramaron sin control por el suelo. La anciana profirió varias blasfemias y le preguntó que qué diablos le pasaba, si es que no miraba por dónde iba. Eloísa se disculpó con un hilo de voz mientras ayudaba a recoger el estropicio.

Observa que en el texto anterior no siempre sabemos las palabras exactas de los personajes, aunque podemos reproducir perfectamente la escena. Hay partes del diálogo que están omitidas (ignoramos qué blasfemias en concreto soltó la pobre señora ni qué palabras empleó Eloísa para disculparse), porque son elementos poco importantes para el relato de los hechos.

Las partes del diálogo que sí están presentes lo hacen subordinándose a un verbo de dicción. Al referir de este modo el discurso, los verbos pasan del presente de la escena al pasado del relato del narrador. Así, de las palabras de la anciana («¿Qué diablos te pasa, niña? ¿Es que no miras por dónde vas?») obtenemos el texto referido arriba.

Discurso directo dentro del párrafo

Si el narrador tiene especial interés en reproducir las palabras textuales de un personaje en parte de su discurso, puede hacerlo usando las comillas. Esto también se aplica si un personaje nos transmite las palabras textuales de otro.

La joven le explicó que aquella mañana no sabía lo que hacía, que apenas había dormido y que estaba paseando en un intento de despejarse que había sido en vano, «porque ya puede ver usted de lo que me ha servido».

La raya en el diálogo

Sin duda, la forma más habitual de transmitir las palabras de los personajes es reproducir sus diálogos de forma textual. Para ello, se emplea la raya, un signo ortográfico de mayor longitud que el guion (y que no debemos confundir con este).

El empleo de la raya en los diálogos implica una serie de normas. Voy a enumerar las más importantes, para a continuación reproducirte un breve diálogo en que podrás ver todas las opciones de forma práctica.

  • La raya precede a la intervención de cada personaje en párrafo aparte, tras el correspondiente sangrado de primera línea. No se indica el nombre del personaje que habla (si es necesario, lo indicará el narrador en el correspondiente inciso), sino que la palabras del personaje comienzan a continuación de la raya y sin dejar ningún espacio después de esta. No se añade raya al final de cada intervención.
  • En ocasiones, el narrador realizará un inciso para aportar alguna información. El comienzo de dicha acotación se marca con una nueva raya y, si tras ella el mismo personaje continúa hablando, ha de cerrarse mediante otra raya (en caso contrario, no se cierra). Estos signos van separados por un espacio del resto del parlamento y pegados a las palabras del inciso. Si a la raya de cierre le sigue un signo de puntuación, no se deja espacio entre ellos.
  • Si el comentario del narrador lleva un verbo de habla, se inicia con letra minúscula. En este caso, si la intervención del personaje continúa tras la acotación, el signo correspondiente (coma, punto y coma, punto o dos puntos) se sitúa tras la raya de cierre. Si justo antes del inciso corresponde un signo de cierre (de interrogación o de exclamación), este sí se coloca en el lugar correspondiente, y tras la raya de cierre de la acotación se añade un punto.
  • Si la acotación no lleva un verbo de habla, la primera parte del parlamento se cierra con un punto, y el inciso comienza con mayúscula. Si el personaje continúa hablando después, se escribe un punto tras la raya de cierre.

Una vez expuestas las normas fundamentales que afectan al empleo de la raya en el diálogo, puedes comprobar cómo se usan en el siguiente ejemplo:

—Bueno, ¿vas a contarme de una vez qué te pasa? —preguntó Irene con impaciencia—. Se trata de tu marido, ¿verdad?

—Perdona. Es complicado —respondió—, todo esto me ha pillado por sorpresa y me resulta difícil de explicar. Me ha dicho que ya no me quiere, así, sin más.

—¡Que no te quiere!

—Y que se marcha de viaje a primeros de julio. Que quiere ver mundo, dice.

—Entiendo. —Acarició la mano de su hermana en un intento de confortarla o de demostrarle su apoyo—. ¿Y tú qué piensas hacer?

—No sé qué puedo hacer. No entiendo nada. Han sido doce años juntos, doce largos años, para que de un día para otro me venga con un «ahí te quedas» y yo tenga que darle la vuelta a mi vida.

Y ahora, ¡ponte a escribir!

Espero que tras leer este artículo tengas un poco más claro cómo debes puntuar correctamente los diálogos y dar voz de forma coherente a tus personajes. Si quieres saber más sobre el tema, no te pierdas la entrada sobre la creación de personajes que publicaré esta misma semana. Y hasta entonces, ya sabes… ¡Practica, practica y practica!