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El narrador omnisciente

A menudo, algunos autores noveles se aferran a un determinado punto de vista con el que se sienten más cómodos. Es importante no tener miedo a experimentar con nuevas perspectivas, observar las historias desde otro ángulo y ver qué pasa.

Por eso, vamos a comenzar a analizar en profundidad los distintos tipos de narradores y sus peculiaridades. Hoy le toca el turno al narrador omnisciente.

Narrador omnisciente

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Cómo elegir el narrador que más te conviene

Últimamente, cuando corrijo un manuscrito o realizo un informe de lectura, detecto con mucha frecuencia una mala elección del narrador. En mi opinión, este error se debe a dos motivos: por un lado, la inexperiencia de escritores que aún no tienen una técnica perfeccionada; por otro, que la mayoría de cursos y coaches de escritura actuales enseñan muchos trucos para elaborar complicadas fichas de personaje o entretejer una trama muy compleja, pero en cuanto a la elección del narrador se limitan a hacer un listado de los tipos de narradores y algunas prácticas, pero no otorgan la importancia que merece a una decisión que es crucial para la efectividad del texto. Hoy voy a ayudarte a elegir con criterio cuál es el tipo de narrador que más te conviene.

El narrador que más te conviene

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Claves para manejar el ritmo en una novela

El ritmo es uno de los elementos más importantes y a la vez más complejos para componer una novela. De su dominio depende en gran medida la calidad del escrito: he visto argumentos espectaculares languidecer a causa de un ritmo mal gestionado, y sin embargo a diario historias de pacotilla se convierten en best-sellers a causa del hábil manejo de la intriga. Sí, justo esos libros que decimos que «nos enganchan» y no podemos dejar hasta que los acabamos.

No existe una fórmula mágica para proporcionar a una historia el ritmo adecuado. Este es un elemento muy difícil de dominar, y depende de muchas variables. Si embargo, en el artículo de hoy voy a exponerte algunas claves para que comprendas el manejo del ritmo en una novela y que puedas aplicarlas a tus textos.

ritmo en una novela

Las modalidades textuales

La novela es uno de los géneros narrativos más importantes, si no el que más. Pero no se compone únicamente de narración. Una novela se forma entretejiendo tres modalidades textuales diferentes: narración, descripción y diálogo.

La narración es esencialmente el relato de las acciones. Por eso, aporta movimiento a nuestro texto. La descripción, sin embargo, es estática, así que cuanto más describamos más se ralentiza el ritmo de nuestra historia. Por último, el diálogo proporciona mucho dinamismo, pero debemos escoger muy bien qué fragmentos del discurso seleccionamos. Si mantenemos el diálogo superfluo el ritmo se detiene y el lector se aburre:

—Hola.

—¿Qué tal? ¿Llevas mucho esperando?

—No, solo cinco minutos. ¿Pedimos? Yo quiero un café con leche.

—Yo, un zumo de naranja natural.

—Bueno, pues tú dirás, ¿para qué querías verme?

—Es un asunto un poco delicado. Alguien ha descubierto nuestro trato. He recibido un anónimo que amenaza con llamar a la policía.

En el ejemplo puedes ver muy claramente cómo la primera parte del diálogo sobra, le resta importancia y dramatismo al meollo, que es lo que se dice al final. Así, en un texto suelto, te resultará muy evidente, pero te sorprendería saber cuántas novelas recibo al año con diálogos como el que he simulado arriba.

En resumen, en parte el ritmo de tu novela depende de cómo combinas los fragmentos de narración, descripción y diálogo. Altérnalos con equilibrio, e intentando no excederte en la extensión de ninguno de ellos.

Capítulos cortos

Otro factor que afecta al ritmo de tu novela es cómo la organizas en capítulos. Ponte en la piel de tu lector. ¿No te pasa alguna vez que estás leyendo en la cama, te caes de sueño y luchas por terminar ese capítulo por no dejarlo a medias? O peor aún, cuando te apetece leer solo un poco más, pero ves que el siguiente capítulo es muy largo y eso te desanima porque ya es tarde. Normalmente, el mismo texto fraccionado en capítulos más cortos suele funcionar mejor porque eso agiliza el ritmo interno (suele haber saltos temporales, por pequeños que sean, en el cambio entre capítulos) y también la velocidad de lectura de los que te lean.

El manejo del tiempo

Aunque la narración sea esencialmente acción, el predominio de los fragmentos narrativos no garantiza un ritmo trepidante. Para esto, hay una fórmula muy sencilla: hemos de relacionar el tiempo interno de lo que estamos narrando (cuánto tardan en desarrollarse los acontecimientos que contamos) con el tiempo externo del lector (cuánto tarda en leer nuestro texto). Cuanto mayor sea el primero respecto al segundo, más rápido es el ritmo.

Eso sí, no olvides tener cuidado con acelerar demasiado. No quieres quemar a tu lector, así que tienes que saber combinar pasajes que le dejen sin aliento con otros más calmados.

Flashback y flashforward

La analepsis y la prolepsis (más conocidos por la mayoría por los anglicismos flashback y flashforward). Son interrupciones en el tiempo de la historia, detenemos la narración de los hechos que nos ocupan para contar algo que sucedió en el pasado (en el caso de la analepsis) o que sucederá en el futuro (en el caso de la prolepsis).

La analepsis, por lo general, es un recurso que ralentiza mucho el ritmo de la narración. En lugar de avanzar en el asunto que estamos narrando, el autor nos pone en antecedentes de algún hecho pasado. Puede resultar muy práctico para algunas ocasiones, pero no abuses de ella. Cuanto más conozcas a tus personajes por sus acciones actuales, menos la necesitarás y tu ritmo será más ágil.

La prolepsis, por su parte, es un recurso muy difícil de utilizar bien. Se basa en adelantar acontecimientos futuros en nuestra narración, y esto por lo general hace que perdamos el interés (¿no te ha pasado nunca que alguien te haya arruinado una película al contarte el final?). Sin embargo, si la prolepsis se usa con maestría puede contribuir a aumentar la tensión. Gabriel García Márquez era un maestro de la prolepsis. Con ella comenzó varias de sus novelas, aunque quizás su prolepsis más famosa es la que abre Crónica de una muerte anunciada:

El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.

Tras esta demoledora frase en que nos anuncia el final de la novela, el autor nos describe con todo detalle el último día del protagonista y su encuentro con cada una de las personas de la ciudad, pero lejos de parecernos lento eso aumenta nuestra angustia, porque siempre estamos anticipando el final que se nos anunció en la primera frase.

Aporta tensión a tu argumento

En tu novela tienen que suceder cosas, han de aparecer conflictos y los personajes deben enfrentarse a retos. Ten en cuenta que nadie quiere leer un libro de trescientas páginas en que simplemente todo va bien.

Lee en voz alta

Cuando hayas terminado de escribir un capítulo, vuelve a leerlo una o dos veces, pero en voz alta. Este es un recurso que yo suelo recomendar mucho. Si lees tu propio texto como si fueras un cuentacuentos profesional, te darás cuenta de dónde falta una pausa, dónde sobra una descripción, qué palabras restan fluidez a tu prosa (adjetivos innecesarios, frases hechas, aclaraciones que aportan poco al lector, redundancias).

Al leer en voz alta, te darás cuenta también de que las oraciones demasiado largas tienden a hacer el ritmo más lento, así que acorta las que puedas o divídelas en varias más pequeñas.

Finalmente, al leer como un cuentacuentos podrás darte cuenta de si realmente funcionan tus escenas de acción o si debes revisarlas. ¡Como puedes ver, leer en voz alta es un recurso muy práctico para corregir tus propios textos! Hazlo varias veces.

Tal vez puedas optar por un ritmo más lento

Llevo todo el artículo enseñándote pequeños trucos para hacer que el ritmo de tu novela sea más ágil. Sin embargo, tal vez esa no sea la mejor solución para ti, tal vez tu novela requiera de un ritmo en general más lento. Hay géneros que se caracterizan por una mayor lentitud: la novela histórica y la romántica. Eso no significa, por supuesto, que no debas trabajar bien algunos pasajes de ritmo ágil, pero en estos géneros abunda más la descripción y la analepsis.

Eso sí, ten en cuenta que al dirigir tu novela con un ritmo lento le estás quitando algo al lector y debes ofrecerle algo a cambio: tus ambientaciones deben ser más complejas, tus personajes más redondos, tu estilo más pulido.

Espero que todos estos consejos te hayan resultado útiles. No olvides prestar atención a estos recursos cuando leas a otros autores, ¿manejan bien el ritmo? Aprende todo lo que puedas al leer a otros.

Cómo ambientar tu novela en el tiempo y el espacio

La ambientación de una novela es casi tan importante como un argumento interesante y unos personajes peculiares. Si la localización espacial que rodea a una historia no es convincente, o si hay anacronías en la ambientación temporal, toda la historia perderá fuerza. ¿Sabes cómo ambientar tu novela correctamente?

Cómo ambientar tu novela

Todas las historias tienen un espacio y un tiempo

Pues sí, eso es lo primero que debes tener en cuenta. Todas las historias tienen un espacio y un tiempo, aunque se trate de tu propia ciudad y de la época actual. Por supuesto, esta ambientación te facilitaría las cosas, ahorrándote mucho tiempo de investigación. Sin embargo, también tiene sus desventajas: es difícil ser imparcial con lo que conoces demasiado bien, y puedes dar cosas por hechas en tus descripciones. Además, te resultará más difícil librarte de la etiqueta de «historia autobiográfica». Aunque la mayoría de estos consejos están enfocados en ambientaciones diferentes, algunos de ellos también te servirán si eliges el lugar y la época que mejor conoces.

Investiga

El primer consejo y más importante es este: investiga. Tanto si eliges una época histórica diferente a la tuya o una ciudad exótica como si escribes sobre algo que te es más cercano, tú debes conocerlo todo sobre el espacio y el tiempo elegidos para poder conseguir una ambientación verosímil.

Tú debes saberlo todo, absolutamente todo: qué marca de tabaco fumaban los jóvenes en aquella época, qué música se escuchaba o cómo era una típica taberna; si el lugar es lo que varía tienes que documentarte al detalle, conocerlo como si tú fueses un habitante de aquel lugar.

Si la historia se desarrolla en la actualidad, puedes recurrir a la función Street View de Google Maps para ayudarte con tus localizaciones; si es en el pasado deberás hacerte con mapas y crónicas. ¡No te conformes con unas pocas indicaciones de la Wikipedia!

Si no puedes documentarte al detalle, cambia de idea

Si tus conocimientos sobre la época en que tienen lugar los hechos o sobre el lugar donde se desarrollan son limitados, mejor olvídalo. Esa carencia se va a notar en tu texto, aunque no lo creas. Muchísimos relatos con un buen argumento y unos personajes interesantes pierden fuerza exactamente por este punto.

Ten en cuenta el clima y la vegetación

El clima y la vegetación son una parte muy importante de la ambientación. ¿Ve árboles el protagonista al salir a la calle? ¿De qué tipo? ¿Cómo son sus copas? ¿A qué huelen? ¿Hacía frío, lloviznaba, nevaba? Esto es especialmente importante si ambientas tu novela en otra época histórica. No olvides comprobar si hubo una terrible sequía aquel año o tal vez lluvias e inundaciones. Te sorprendería saber cuánta gente comprueba si este tipo de datos son ciertos.

Si creas, sé exhaustivo

Después de lo explicado arriba, tal vez pienses que merece más la pena situar tu obra en una ciudad imaginaria o en un tiempo indeterminado. Es una opción, por supuesto, aunque no creas que debes ser menos exhaustivo. Tú debes saberlo todo sobre el espacio y el tiempo en que se desarrolla tu historia. Da igual si tienes que buscar esa información entre libros o si la creas tú desde cero: el caso es que tiene que ser información en tu poder.

No es una clase de historia ni una guía de viajes

Algunos escritores noveles se documentan a conciencia, pero luego cometen el error de volcar todo lo que saben en el texto.

La novela ha de ser como la punta de un iceberg: mostrar solo una pequeña parte de lo que sabes. Click Para Twittear

Ten cuidado con convertir tu novela en una clase de historia o en una guía de viajes. No olvides que lo que importa es lo que estás narrando, y la ambientación es un complemento, como la guarnición de un buen plato, que si falla puede arruinarlo pero no debe restarle protagonismo a lo más importante.

No seas prolijo en tus descripciones

La norma general sería esta: no te extiendas demasiado a la hora de describir. Elige algunos elementos que te parezcan llamativos y no cuentes el resto. Si describes algo con todo detalle, ha de ser por una razón, debe ser importante para la historia.

Por supuesto, evita la monotonía. Hace poco me tocó corregir una novela cuyo autor aplicaba la técnica del barrido: cada vez que el personaje llegaba a una ubicación nueva, el narrador describía el lugar con todo detalle de izquierda a derecha. Resultaba aburridísimo.

El salto temporal es un gran recurso

No tienes por qué contar cómo se dirige el protagonista desde su casa hasta el trabajo. Si ha quedado con alguien, no tienes por qué mostrar cómo se desplaza hasta el lugar de la cita, ni siquiera cómo se saludan o qué piden en el bar. Sitúalos ya sentados a la mesa y ahórrate aburridas descripciones que no llevan a nada. Tu ambientación, en este caso, se reducirá a pequeñas pinceladas sobre el entorno dosificadas a lo largo del diálogo, algo mucho más llevadero y equilibrado que una larga descripción seguida de una conversación acompañada solo de acotaciones tipo «dijo» y «respondió».

Utiliza los sentidos

Un error muy frecuente es limitar las descripciones a lo visual. Hay que describir lo que se ve, por supuesto, pero no olvides los demás sentidos. ¿A qué huele? ¿Hay mucho ruido? ¿Hace frío? ¿Qué siente el personaje al tocar aquel sillón? ¿Cómo sabe el desayuno? Son detalles importantes que te ayudarán a enmarcar los hechos con un contexto realmente auténtico.

¡Oh, qué casualidad!

Dejo para el final una crítica a una técnica que personalmente me pone de los nervios. No falla: si la novela está ambientada en la España del Barroco, más tarde o más temprano acaban saliendo, aunque sea de pasada, Lope de Vega, Velázquez o Quevedo. ¡Me da una rabia! Que no digo yo que no sea posible, pero ya es mucha casualidad.

Hay novelas en que el encuentro casual se produce justo al principio. ¡Aún más casualidad! El protagonista llega a Madrid, entra en una taberna y ¡zas!, se encuentra con Quevedo. Para que lo veas con perspectiva, es como si te digo que la semana pasada viajé a Nueva York y en el primer restaurante al que entré coincidí con Robert de Niro. Puede pasar, por supuesto, pero ya es casualidad. Sin embargo, no es menos llamativo si el encuentro se produce al final. Me fui a Nueva York cuatro días y el último me tropecé en la calle con Robert de Niro. ¿Te has parado a pensar cuánta gente viaja a diario a Nueva York y no llega nunca a conocer a este actorazo?

Antes de introducir uno de estos encuentros casuales en tu novela, piénsalo bien. Justifícalo. ¿Tiene sentido? No lo metas solo porque sí.

Y ahora, ¡a escribir!

Después de todos estos consejos, te queda llevarlos a la práctica. ¿Qué tal si escribes un pequeño relato ambientado en otra época o en otro lugar? La única manera de aprender estas técnicas es aplicarlas una y otra vez, hasta que nos salgan con soltura. ¡Mucha suerte!

Cómo dar vida a tus personajes

Los personajes son un elemento esencial de toda narración. Tener un buen argumento es fundamental para conseguir una obra interesante, pero son los personajes los que van a darle vida a ese argumento. Tenemos que lograr que capten la atención del lector, que este se identifique con ellos o que los odie, y por encima de todo que resulten convincentes. ¿Quieres algunas ideas sobre cómo conseguir crear personajes inolvidables? ¡Pues sigue leyendo!

Cómo dar vida a tus personajes

Tipos de personajes

Antes de comenzar con los consejos para crear buenos personajes, quiero dejar claros los distintos tipos de personajes que aparecen en una novela.

En primer lugar, los personajes principales son aquellos en torno a los que se realiza la acción de la novela. Dentro de los personajes principales, se distingue entre los protagonistas, que desempeñan una función fundamental en el relato, y los antagonistas, que de alguna manera se oponen a los protagonistas o están en conflicto con ellos.

Los personajes secundarios son menos significativos dentro de la trama general del relato, pero aún tienen cierta relevancia para la acción. Se suelen dividir en ayudantes (cuando colaboran con los protagonistas para la resolución del conflicto) y oponentes (cuando más bien suponen un obstáculo para los objetivos del protagonista).

Finalmente, tenemos los personajes fugaces o de relleno, que son muy poco relevantes, de modo que su participación suele limitarse a unas pocas escenas.

Dales un buen nombre

En cualquier novela aparecen unos pocos personajes principales, varios secundarios y un buen puñado de personajes de relleno. De unos proporcionaremos más detalles y de otros menos, pero la mayoría de ellos van a ser, al menos, mencionados. Por eso el nombre que les proporciones es tan importante.

Hay distintas opciones a la hora de elegir un nombre para tus personajes:

  • Por cómo suenan: a veces puede resultar interesante que tus personajes tengan nombres hermosos, sonoros y evocadores, como Petunia Vivanco o Víctor Fuentefría.
  • Por lo que significan: los nombres de los personajes pueden hablar de su carácter. Un hombre muy fuerte puede llamarse Sansón, una niña inocente llevará el nombre de Dulce, una anciana piadosa será Rosario. También el nombre puede evocar el significado contrario, de manera irónica: la despiadada villana puede llamarse Caridad Bueno.
  • Intenta elegir nombres que no se confundan fácilmente con otros de la novela, y no abusar de los recursos que acabo de indicarte.

Muestra, no lo cuentes

Cuando describas a tus personajes, intenta seguir la máxima «muestra, no lo cuentes». En lugar de explicar que tu protagonista era una persona insegura, preséntalo en una situación en que no sea capaz de demostrar su carácter. Si has de hablar de un personaje que es un mujeriego, demuestra en una escena su capacidad para seducir a una de sus conquistas.

La acción hace avanzar la novela, la descripción la ralentiza. Click Para Twittear

Limítate a lo relevante

Un típico error de principiante es ser demasiado exhaustivo a la hora de describir a los personajes. El lector no necesita saber todo sobre ellos. No tienes por qué explicar con todo detalle la forma de sus ojos, la longitud de su cabello y cada prenda de su indumentaria.

En primer lugar, porque esto resultaría muy pesado si lo haces con cada personaje de tu novela: la monotonía puede hacer que tus lectores se cansen de leer, ¡y eso es justo lo que menos quieres!

Además, a los lectores nos gusta imaginar a los personajes, y, aunque no lo creas, cuantos más detalles proporciones más compleja resulta esta tarea. Haz la prueba: si los rasgos físicos que das sobre un personaje son sus ojos aceitunados, un mentón prominente y una ligera cojera en la pierna derecha, no te resulta difícil imaginarlo. Sin embargo, si detallas la longitud, grosor, color y aspecto de su cabello, la forma de su frente y su nariz, el tamaño de sus orejas… cada vez resulta más complicado retener todos los detalles en la cabeza para crear esa imagen mental.

Por otra parte, no todos los personajes son igual de relevantes. Evidentemente es más importante la descripción del protagonista que la de un personaje secundario, así que en este último no son necesarias más que unas breves pinceladas.

Por último, incluso en el caso del protagonista, no tienes por qué explicarlo todo de una vez. Piensa que si te dedicas a describir con todo detalle su aspecto en su primera aparición en la novela, ralentizarás la acción y le restarás importancia. Como ya habíamos hablado de la importancia de presentar a los personajes en acción («muestra, no lo cuentes»), tal vez sería una buena idea ir proporcionando este tipo de datos poco a poco, diseminados en los primeros capítulos.

Cómo habla un personaje

Como lo importante es la acción («muestra, no lo cuentes»), algo que sí es importante es que tengas claro cómo habla tu personaje. ¿Tiene un tono de voz agudo o grave? ¿Es agresivo al hablar o suele dejarse intimidar? ¿Dice palabrotas? ¿Tiene alguna muletilla? ¿Cómo se expresa? ¿Suele dar rodeos para contar las cosas? ¿Tiene mucho vocabulario?

Si todos los personajes en tu novela hablan igual, es que no has sabido retratarlos. Click Para Twittear

También es importante que sepas cómo interaccionan los personajes entre sí. Uno no habla igual cuando está frente a su jefe que con la cajera del supermercado o ligando en la parada del autobús. Ten esto en cuenta a la hora de escribir los diálogos.

La motivación y el motor

Para que los personajes de tu historia resulten convincentes, has de tener claro que necesitan una motivación y un motor.

La motivación es el objetivo principal que tiene ese personaje a medio o largo plazo. ¿Cuál es su principal meta? Tal vez sea recuperar a su hijo perdido, o triunfar en la política, o encontrar el amor. El motor, sin embargo, es la necesidad urgente que los mueve en una escena determinada, lo que pretende conseguir con su acción inmediata, por ejemplo, un personaje puede tener como motor en una determinada escena no llegar tarde a una cita.

Recuerda siempre que todos los personajes tienen un motor en cada escena. Un error que cometen muchos escritores principiantes es olvidar que incluso los personajes de relleno tienen un motor, y a veces esa es la causa de que resulten poco convincentes.

Por ejemplo, puedes presentar a tu protagonista en una cafetería esperando a un amigo al que va a pedir dinero. El motor del protagonista es conseguir un préstamo que necesita; el amigo, sin embargo, se había alegrado al recibir su llamada porque quería contarle los problemas que tenía con su novia; el camarero de la cafetería está deseando que acabe su turno para meterse en la cama porque está un poco resfriado; la señora de la esquina busca desesperadamente entablar conversación con alguien porque vive sola y no tiene quién la escuche; el señor de la otra mesa, sin embargo, solo quiere tomarse su café para entrar en calor.

Da igual si no participan activamente en la escena, debes saber siempre qué mueve a tus personajes. Click Para Twittear

Incluso un personaje de relleno debe estar ahí por algo. Da igual si los has puesto solo porque la cafetería no puede estar vacía, tú debes saber qué los impulsa a actuar para que su participación en la escena, sea breve o intensa, resulte verosímil.

Crea personajes convincentes

Espero que estos consejos te hayan resultado interesantes y te ayuden a crear mejores personajes. Existen, además, una serie de herramientas que pueden ayudarte a crear personajes (la ficha, el mapa, el banco de fotografías…), pero a ellas me dedicaré en futuras entradas. Hasta entonces, ¡no dejes de escribir!