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Qué es un informe de lectura y para qué sirve

El lector editorial es un especialista del mundo del libro que se dedica a elaborar informes de lectura. Muchos correctores profesionales, expertos en corrección literaria, repartimos nuestro tiempo entre las tareas de corrección ortotipográfica, corrección de estilo y lectura editorial. ¿Quieres saber en qué consiste un informe de lectura y para qué sirve?

Qué es un informe de lectura

Qué es un informe de lectura

Un informe de lectura es un documento elaborado por un experto en literatura en que se proporciona una valoración global de distintos aspectos, teniendo especialmente en cuenta los parámetros que observan las editoriales a la hora de seleccionar las obras de su catálogo.

Para qué sirve

El origen de los informes de lectura está en la necesidad que tienen a veces los editores de descartar manuscritos y seleccionar solo aquellos que merezcan la pena sin tener que leer personalmente todos los textos que les llegan.

Con frecuencia, los editores que requieren este servicio tienen al menos a dos personas en plantilla que dedican su tiempo (parcialmente o en exclusividad) a la lectura de manuscritos. Es lo que se llama comité de lectura. El manuscrito es valorado por un primer lector; si el informe es positivo pasa al segundo. Solo si los dos informes coinciden el editor leerá la novela.

Es mucho más raro contratar a lectores externos para esta tarea, ya que de este modo es un servicio más costoso.

Los informes de lectura y los escritores

Sin embargo, cada vez más escritores requieren de este servicio antes de enviar su original a una editorial o a un concurso. Es una manera de obtener la opinión de un experto, que destacará las debilidades y fortalezas del texto y realizará una valoración artística y comercial del mismo. Además, es un servicio totalmente confidencial, nadie tiene por qué saber que lo has contratado.

Con la ayuda de un informe de lectura es posible potenciar los aspectos positivos de la obra y perfeccionar los negativos. Por ello, si solicitas presupuesto para un informe de lectura no olvides consultar el coste de un segundo informe para cuando hayas realizado las modificaciones que consideres oportunas tras el primer análisis.

Algunos lectores afirman también que, en caso de recibir un informe de lectura positivo, puedes adjuntarlo al enviar tu novela a una editorial o un agente y esto hablará en tu favor. Es posible que se considere como un punto positivo, pero te recomiendo que no contrates este servicio pensando únicamente en esto, puesto que ningún editor va a tomar decisiones sobre su catálogo teniendo en cuenta la opinión de un profesional al que no conoce: lo pasará a sus lectores habituales y la criba será, por lo tanto, la misma que si no adjuntara informe alguno.

Por lo tanto, el principal valor de un informe de lectura es que te permite juzgar con objetividad tu propia obra y solucionar posibles fallos antes de enfrentarte al desafío de intentar publicarla.

Ten en cuenta, además, que el informe es la opinión de un experto, pero no es infalible: grandes obras de la literatura universal, como Cien años de soledad de Gabriel García Márquez y En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, fueron rechazadas por un lector editorial.

Contenido de un informe de lectura

El contenido de un informe de lectura no es siempre exactamente el mismo. Cada lector profesional tiene sus modelos de informe según el tipo de texto (novela, ensayo, obra teatral, relato, narrativa infantil o juvenil…) y el destinatario (editor o escritor).

A grandes rasgos, estos son los aspectos que suele analizar un informe de lectura:

  1. Datos generales: título, autor, género, número de palabras.
  2. Sinopsis.
  3. Temática.
  4. Estructura: cómo está planteado el argumento con sus distintas tramas.
  5. Narrador: valoración del empleo de la voz del narrador en relación con la historia.
  6. Personajes: se analiza su nómina y clasificación, la profundidad de su caracterización y su psicología.
  7. Calidad narrativa: se considera el lenguaje empleado, el ritmo, el manejo del tiempo narrativo, la ambientación, el uso de los diálogos
  8. Puntos fuertes y débiles.
  9. Interés comercial e interés literario: este último apartado suele incluirse únicamente en los informes solicitados por editores, ya que se adaptan a los criterios editoriales concretos de la firma a la que se dirijan.

Más información

El informe de lectura es un servicio muy útil y relativamente barato, que puede proporcionarte una ayuda de un valor incalculable. ¿Te has convencido de que puede ayudarte? ¿O tal vez te gustaría saber más? Aquí puedes encontrar más información.

10 errores de puntuación que deberías evitar para escribir mejor

Los signos de puntuación son unos elementos muy importantes dentro del texto, porque nos ayudan a comprender bien su significado, a ordenar las ideas que en él se expresan y a establecer su jerarquía sintáctica. Los errores en la puntuación pueden modificar por completo el sentido de un texto, por eso es tan importante evitarlos. Cuenta la tradición que Carlos V (aunque otras fuentes atribuyen la leyenda a otros reyes) perdonó la vida a un hombre cambiando de ubicación una coma de la sentencia: «Perdón, imposible que cumpla su condena».

A continuación puedes encontrar 10 errores de puntuación que deberías evitar para escribir mejor.

10 errores de puntuación

1. Nunca pongas coma entre sujeto y predicado

Jamás debe haber coma separando el sujeto del predicado, salvo que el sujeto lleve una aclaración entre comas. Es un error muy extendido pero que resulta muy molesto. Hace poco visité la página web de una conocida autora de libros e crianza, y había tantas comas entre sujeto y predicado que tuve que dejar de leer, aunque el contenido me interesaba mucho. Aquí tienes un par de ejemplos del uso correcto:

El conductor del autobús me miró con cara de pocos amigos.

El conductor del autobús, que tenía un mal día, me miró con cara de pocos amigos.

2. No pongas coma antes de «y»

Esta norma es extensible a las conjunciones «ni» y «o». Se aplica cuando tenemos una enumeración con varios términos.

Metió a toda prisa en la maleta dos pantalones, cinco camisetas, seis pares de calcetines y bastantes mudas de ropa interior.

Sin embargo, esta norma tiene sus excepciones. Sí es correcto poner coma antes de la conjunción «y» si la oración que sigue a la conjunción tiene distinto sujeto de la anterior. También si el elemento que va detrás de «y» no enlaza con los anteriores, sino con la suma de todos ellos:

El pobre hombre no había visto un televisor en su vida, y todo el mundo pudo verlo boquiabierto ante aquel invento del demonio.

Se había pasado la vida entera yendo de fiesta y haciendo el vago, y cuando le tocó trabajar no estaba acostumbrado a dar un palo al agua.

3. En el encabezado de las cartas y las notas, usa dos puntos

Últimamente es cada vez más frecuente encontrar en estos casos una coma, pero se trata de un error por influencia del inglés. En castellano los encabezados de las cartas y las notas se puntúa con dos puntos:

Querida mamá:
Necesitaba tiempo para pensar y me he ido unos días a la casa del pueblo. Por favor, saca a pasear al perro.

4. Tras las preposiciones, no uses los dos puntos

Es incorrecto el empleo de los dos puntos entre una preposición y los sustantivos que la siguen:

* Estaba cansado de: las risas de sus compañeros, las burlas en la clase de gimnasia y las miradas de incredulidad de las chicas.

5. Tras los puntos suspensivos, siempre un espacio (salvo si lo que sigue es un signo de puntuación de cierre)

Por lo tanto, si se usan los puntos suspensivos al principio de una frase no van pegados a la primera palabra, sino que llevan un espacio después.

… y después de decir todo esto, se quedó tan ancho.

6. Usa las comillas latinas («, »)

Las comillas inglesas (“, ”) se usan solo si es necesario entrecomillar una palabra dentro de un texto entrecomillado.

Le dijo, alzando la voz: «Mire usted, yo estaré “escuchimizá”, pero no soy una muerta de hambre».

7. No uses mal la raya y el guion

Últimamente se está viendo con mucha frecuencia un uso incorrecto del guion y la raya en lugar de los dos puntos, por influencia del inglés:

* La llegada del hombre a la luna – un acontecimiento histórico.

8. El punto final va detrás de las comillas de cierre, no delante

En castellano es ese el orden correcto. ¡No pongas el punto antes de las comillas de cierre!

9. No abuses de los puntos suspensivos

Un exceso de puntos suspensivos ralentiza el ritmo del texto y da la sensación de falta de seguridad. ¿Realmente es esa la impresión que quieres dar? Dosifica el uso de este signo de puntuación tan lleno de significado.

10. Puntúa correctamente los diálogos

Para este último punto puedes recurrir a la entrada que escribí sobre la puntuación correcta de los diálogos.

Espero que, gracias a estos diez consejos, cometas menos errores al puntuar tus textos. Recuerda que de la ubicación de una coma puede depender la interpretación del texto o, como en la famosa anécdota, la vida de un hombre.

Cómo evitar errores al dar voz a tus personajes

A la hora de escribir correctamente, algunos de los pasajes que suelen plantear más dudas a los escritores son aquellos en que se transcriben las palabras de los personajes. ¿Cómo hacerlo sin errores? Si quieres conocer todos los secretos para dar voz a tus personajes sin cometer faltas de ortografía, tienes que leer esta entrada.

Cómo evitar errores al dar voz tus personajes

Construir una novela o un relato de modo que los personajes cobren auténtica vida, sean peculiares y diferenciables, es una tarea compleja. Pronto hablaré en la escuela de escritura sobre las técnicas para caracterizar a los personajes, así que no me detendré hoy en ello, porque hoy me ocupa un caso mucho más práctico. ¿Cómo podemos transcribir los discursos de nuestros personajes de forma ortográficamente correcta? ¿Cuáles son las normas para hacerlo?

El discurso indirecto

Para transmitir la voz de nuestros personajes, no es necesario que hablen ellos directamente. En ocasiones, es el narrador el que nos refiere sus palabras, y no tiene por qué hacerlo de forma exacta, ya que estas intervenciones están pasando por el filtro del narrador.

Camino de la estación, Eloísa tropezó con una señora cargada de paquetes y estos se desparramaron sin control por el suelo. La anciana profirió varias blasfemias y le preguntó que qué diablos le pasaba, si es que no miraba por dónde iba. Eloísa se disculpó con un hilo de voz mientras ayudaba a recoger el estropicio.

Observa que en el texto anterior no siempre sabemos las palabras exactas de los personajes, aunque podemos reproducir perfectamente la escena. Hay partes del diálogo que están omitidas (ignoramos qué blasfemias en concreto soltó la pobre señora ni qué palabras empleó Eloísa para disculparse), porque son elementos poco importantes para el relato de los hechos.

Las partes del diálogo que sí están presentes lo hacen subordinándose a un verbo de dicción. Al referir de este modo el discurso, los verbos pasan del presente de la escena al pasado del relato del narrador. Así, de las palabras de la anciana («¿Qué diablos te pasa, niña? ¿Es que no miras por dónde vas?») obtenemos el texto referido arriba.

Discurso directo dentro del párrafo

Si el narrador tiene especial interés en reproducir las palabras textuales de un personaje en parte de su discurso, puede hacerlo usando las comillas. Esto también se aplica si un personaje nos transmite las palabras textuales de otro.

La joven le explicó que aquella mañana no sabía lo que hacía, que apenas había dormido y que estaba paseando en un intento de despejarse que había sido en vano, «porque ya puede ver usted de lo que me ha servido».

La raya en el diálogo

Sin duda, la forma más habitual de transmitir las palabras de los personajes es reproducir sus diálogos de forma textual. Para ello, se emplea la raya, un signo ortográfico de mayor longitud que el guion (y que no debemos confundir con este).

El empleo de la raya en los diálogos implica una serie de normas. Voy a enumerar las más importantes, para a continuación reproducirte un breve diálogo en que podrás ver todas las opciones de forma práctica.

  • La raya precede a la intervención de cada personaje en párrafo aparte, tras el correspondiente sangrado de primera línea. No se indica el nombre del personaje que habla (si es necesario, lo indicará el narrador en el correspondiente inciso), sino que la palabras del personaje comienzan a continuación de la raya y sin dejar ningún espacio después de esta. No se añade raya al final de cada intervención.
  • En ocasiones, el narrador realizará un inciso para aportar alguna información. El comienzo de dicha acotación se marca con una nueva raya y, si tras ella el mismo personaje continúa hablando, ha de cerrarse mediante otra raya (en caso contrario, no se cierra). Estos signos van separados por un espacio del resto del parlamento y pegados a las palabras del inciso. Si a la raya de cierre le sigue un signo de puntuación, no se deja espacio entre ellos.
  • Si el comentario del narrador lleva un verbo de habla, se inicia con letra minúscula. En este caso, si la intervención del personaje continúa tras la acotación, el signo correspondiente (coma, punto y coma, punto o dos puntos) se sitúa tras la raya de cierre. Si justo antes del inciso corresponde un signo de cierre (de interrogación o de exclamación), este sí se coloca en el lugar correspondiente, y tras la raya de cierre de la acotación se añade un punto.
  • Si la acotación no lleva un verbo de habla, la primera parte del parlamento se cierra con un punto, y el inciso comienza con mayúscula. Si el personaje continúa hablando después, se escribe un punto tras la raya de cierre.

Una vez expuestas las normas fundamentales que afectan al empleo de la raya en el diálogo, puedes comprobar cómo se usan en el siguiente ejemplo:

—Bueno, ¿vas a contarme de una vez qué te pasa? —preguntó Irene con impaciencia—. Se trata de tu marido, ¿verdad?

—Perdona. Es complicado —respondió—, todo esto me ha pillado por sorpresa y me resulta difícil de explicar. Me ha dicho que ya no me quiere, así, sin más.

—¡Que no te quiere!

—Y que se marcha de viaje a primeros de julio. Que quiere ver mundo, dice.

—Entiendo. —Acarició la mano de su hermana en un intento de confortarla o de demostrarle su apoyo—. ¿Y tú qué piensas hacer?

—No sé qué puedo hacer. No entiendo nada. Han sido doce años juntos, doce largos años, para que de un día para otro me venga con un «ahí te quedas» y yo tenga que darle la vuelta a mi vida.

Y ahora, ¡ponte a escribir!

Espero que tras leer este artículo tengas un poco más claro cómo debes puntuar correctamente los diálogos y dar voz de forma coherente a tus personajes. Si quieres saber más sobre el tema, no te pierdas la entrada sobre la creación de personajes que publicaré esta misma semana. Y hasta entonces, ya sabes… ¡Practica, practica y practica!

Todo lo que debes saber sobre la corrección de estilo

El corrector profesional es un experto en nuestra lengua que dedica su vida a mejorar textos. Hace poco hablé en el blog sobre la corrección ortotipográfica y expliqué con detalle de qué se ocupa. Hoy le toca el turno a la corrección de estilo.

Todo lo que debes saber sobre la corrección de estilo

La corrección de estilo consiste en una depuración del texto, liberándolo de ciertos elementos que entorpecen su funcionalidad, verificando entre otros elementos la adecuación del léxico escogido, la corrección gramatical y la coherencia y cohesión del discurso, todo ello intentando no modificar las peculiaridades de estilo del autor del texto.

Muchos escritores se sienten recelosos al solicitar una corrección de estilo porque piensan que se va a alterar tanto su texto que no podrá reconocerlo como propio. Por lo general no tiene de qué preocuparse: cuando solicita esta corrección a un profesional, tiene la garantía de que el corrector va a hacer las mínimas modificaciones posibles. En el caso de que este observe que el texto necesita muchas modificaciones, normalmente suele sugerir al autor que haga una última revisión del mismo. Además, no tienes por qué aceptar todos los cambios, siempre mantendrás el control sobre tu texto.

Si quieres conocer algunos ejemplos del tipo de errores en que trabaja un corrector de estilo en los distintos niveles de nuestra lengua, sigue leyendo:

Errores fónicos

Se trata de defectos que perjudican al texto por cómo suenan al leerlos en voz alta. Distraen al lector de su significado o provocan sonidos desagradables.

Cacofonías

Efecto sonoro desagradable que se produce accidentalmente por la repetición de ciertos sonidos en dos o más palabras cercanas:

* un no se qué que quería expresar y no podía

Rimas internas

Repetición de un sonido a cierta distancia, de modo que parece que se nos hubiera «colado» un par de versos dentro de nuestro texto en prosa.

* escuchó la canción con mucha atención

Errores léxicosemánticos

A veces el problema está en la elección de las palabras que utilizamos:

Repetición de términos

Es muy frecuente que en los textos se abuse de los mismos términos si se ha de hacer mención a un mismo concepto varias veces. El corrector se ocupa de evitar esta monotonía proponiendo sinónimos adecuados en cada uno de los casos.

Imprecisiones léxicas

Es el empleo incorrecto de una palabra, por no conocer su significado exacto o la forma en que se debe utilizar.

* Sus amigos lo tildaban de persona generosa y abnegada.

En el ejemplo, se utiliza el verbo «tildar», que significa, según el DRAE, «señalar a alguien con alguna nota denigrativa». Por lo tanto, no es correcto emplear este vocablo para atribuir a una persona una cualidad positiva.

Redundancias y pleonasmos

Se trata de una repetición de significados a través de varios elementos léxicos. A veces puede ser intencionada, y se usa habitualmente en el habla coloquial y en la literaria, en una figura retórica llamada pleonasmo. Por lo tanto, el corrector de estilo deberá dilucidar si la redundancia aporta o no algo al significado global del texto.

Anfibologías

Empleo de frases que pueden tener más de una interpretación.

* Ahí estaba tirado el perro de mi hermano.

Barbarismos

Según el DRAE, el barbarismo «es una incorrección que consiste en pronunciar o escribir mal las palabras, o en emplear vocablos impropios». Por ejemplo, algunas personas emplean incorrectamente la locución «grosso modo» anteponiendo la preposición «a».

Otros errores léxicos

Otros errores habituales son los extranjerismos (empleo innecesario de palabras en un idioma extranjero, cuando existe una expresión equivalente en castellano), coloquialismos (utilización de expresiones propias del habla coloquial cuando no corresponde) y el uso de muletillas o palabras vacías.

Errores gramaticales

El corrector de estilo también se ocupa de revisar algunos problemas sintácticos y gramaticales. Aquí tienes algunos ejemplos:

Anacoluto

Es una inconsecuencia en la construcción de la oración, porque la segunda parte no se corresponde con la primera.

* Yo es que en ese estado me cuesta encontrar las palabras.

Anantapódoton

Variante del anacoluto que consiste en omitir uno de los dos elementos correlativos en una expresión.

* Por un lado, no quería molestar a los dueños de la casa y le daba vergüenza admitir su error.

Ambigüedad

En algunas ocasiones, el corrector se topa con construcciones gramaticalmente correctas pero cuyo significado no queda del todo claro. A menudo este problema se soluciona alterando el orden de algunos elementos de la oración.

* En aquel tenderete se vendían libros para niños ilustrados.

Dequeísmo y queísmo

Hace algunos años, por algún motivo, hubo una notable efervescencia del dequeísmo en los medios de comunicación: muchas personas aparecían en televisión haciendo un uso incorrecto de «de que» en casos no admitidos por el régimen verdad.

* Pensábamos de que eso no podía suceder en este país.

Precisamente en el sentido inverso, para intentar evitar ese error, muchos incurrieron en el problema contrario, el queísmo, que consiste en utilizar «que» en lugar de «de que» en casos en que el verbo rige este último tipo de construcciones.

* Telefónica le informa que no tiene mensajes.

Errores pragmáticos

La pragmática es una rama de la lingüística que se ocupa de las relaciones del lenguaje con sus usuarios y las circunstancias que rodean a la comunicación. Aunque un texto sea correcto a otros niveles, es posible que no alcance la eficacia comunicativa por falta de cohesión, mala elección de ciertos vocablos, organización poco eficaz de los párrafos… El corrector también se ocupa de solventar estos problemas.

Y, por supuesto, la corrección ortotipográfica

La corrección de estilo es la más completa, y no solo analiza los errores que he enumerado en esta entrada (y otros tantos similares), sino que también revisa los problemas propios de la corrección ortotipográfica, de la que, gracias a una entrada anterior, ya conocéis todos los secretos.

Todo lo que debes saber sobre la corrección ortotipográfica

Como ya he explicado en otras ocasiones, la profesión del corrector de textos es bastante desconocida, probablemente porque parte de su tarea es que su trabajo pase desapercibido y solo se note la huella del autor en el texto. Y si pocas personas conocen a qué se dedica en general un corrector, muchas menos sabrían explicar las diferencias entre los dos tipos de correcciones que suele realizar. Hoy te explicaré en qué consiste la corrección ortotipográfica, y espero resolver todas tus dudas.

El tipómetro es una herramienta fundamental para la corrección ortotipográfica

Tres correcciones en una

La corrección ortotipográfica abarca, en realidad, tres dimensiones del texto: su ortografía, su gramática y su ortotipografía propiamente dicha. A menudo esto supone varias lecturas diferentes del texto, pues cada uno de estos campos requiere que se preste atención a elementos distintos dentro del mismo.

Revisión ortográfica

La ortografía es una disciplina normativa y exacta. En español, normalmente uno se basa en las normas que dicta la Real Academia Española en la edición más reciente de su ortografía. Y digo «normalmente» porque, para sorpresa de los que nos dedicamos a esto de forma profesional, cada vez son más las editoriales que te indican «nosotros seguimos a la Real Academia pero no su Ortografía de 2010» o «es que aquí esa norma la aplicamos de esta manera».

La revisión ortográfica del texto comprende la correcta escritura de cada palabra, evitando errores ortográficos en general, vigilando la posible omisión o transposición de caracteres y regulando el uso de la tilde y de los signos de puntuación.

Revisión gramatical

La gramática es también una disciplina normativa, que atiende a las reglas de un idioma en su forma de organizar las palabras en oraciones. Normalmente en este aspecto también se siguen las indicaciones de la Real Academia.

La revisión gramatical se ocupa de posibles incoherencias gramaticales, errores de concordancia, eliminar redundancias y asegurarse de que la función de cada elemento de la oración queda clara y es correcta.

Revisión ortotipográfica

La ortotipografía, sin embargo, es una disciplina práctica, que estudia la aplicación concreta de la ortografía en las obras impresas. No existe una ortotipografía normativa con carácter oficial, aunque suele considerarse de referencia todo lo que ha escrito al respecto José Martínez de Sousa, una gran autoridad en la materia. Pero en muchos casos un texto plantea determinados problemas a nivel ortotipográfico que no tienen una única solución posible, y el corrector debe decidir cuál es la que más conviene, atendiendo a los principios en que se fundamenta la ortotipografía: 

  • Legibilidad: el tamaño de los márgenes, la llamada de las notas o las reglas que afectan a las líneas a final de página (viudas, huérfanas…) y a la división de palabras en varios renglones, por poner algunos ejemplos, afecta mucho más de lo que uno pudiera creer a la facilidad y concentración con que un lector lee el texto.
  • Estética: el texto ha de quedar bello, limpio y con apariencia ordenada.
  • Coherencia: no se deben aplicar normas diferentes en un mismo texto, es necesaria la homogeneidad.
  • Proporcionalidad: este principio atiende a las medidas de los distintos elementos, que ha de servir al contenido y ser coherente. Para juzgar la aplicación de este principio el tipómetro es una herramienta imprescindible.
  • Funcionalidad: es decir, que cada una de las normas que se apliquen en el texto sirvan para una función determinada en beneficio del mismo.

La revisión ortotipográfica abarca muchos elementos diferentes: homogeneización de tipografías, jerarquización de títulos, tamaños y variantes de letra (redonda, cursiva, negrita, mayúscula, versalita, superíndice y subíndice…), particiones de las palabras, espacios en blanco, sangrías, márgenes, columnas y corondeles, utilización de símbolos, distintos niveles de comillas, escritura de fórmulas,  disposición y puntuación de las citas, listas, notas  y referencias bibliográficas y un larguísimo etcétera.

Cuándo es necesaria la corrección ortotipográfica

Este tipo de corrección se realiza solo en textos ya terminados y revisados a nivel de estilo. Se sobreentiende que no se van a realizar modificaciones adicionales al texto tras su corrección, ya que en ese caso podrían surgir nuevos errores o problemas ortotipográficos.

Todos los textos que se van a publicar deberían someterse a este tipo de corrección. En primer lugar, porque nadie está completamente a salvo de cometer una falta de ortografía ocasional o un error mecanográfico. Pero, sobre todo, porque la corrección de los textos a nivel ortotipográfico es algo que solo los profesionales son capaces de aplicar con exactitud, y no es trabajo ni del escritor ni del maquetador resolver los posibles problemas que surgen en este campo.