Registra tu libro

Cuando consulto mi correo electrónico por las mañanas, a menudo me encuentro con mensajes del tipo «He escrito un libro y me gustaría recibir un presupuesto para su corrección». Muchos de ellos llevan como archivo adjunto la obra completa. Siempre pienso lo mismo: «¿Habrá tomado la precaución de registrar la obra antes?». En mi experiencia, a menudo no lo han hecho. No sé a través de quién han conseguido mi correo electrónico (llevo ya muchos años ejerciendo como correctora), pero el caso es que han enviado su obra completa a una persona con la que no han hablado jamás, ¡y ni siquiera está registrada! Si me aceptas un consejo, no dejes pasar un solo día más sin registrar tu libro.

Registra tu libroToma precauciones

Cuando has terminado de escribir tu libro, son varios los caminos que puedes seguir si quieres verlo publicado. Sin embargo, elijas el que elijas el primer paso debería ser siempre registrar la obra como propiedad intelectual. Probablemente no pase nada, pero dado que tu obra va a pasar por diversas manos antes de convertirse en un libro publicado, deberías tomar la precaución de proteger tu autoría realizando esta sencilla gestión.

Tradicionalmente esta tarea la realizaba, con mucha frecuencia, el editor en nombre del autor de la obra. Pero, dadas las circunstancias actuales del mundo de la edición (con un elevadísimo número de escritores y también de editoriales), es especialmente recomendable que el autor se proteja antes de dar a conocer su obra para buscar su publicación.

En qué consisten realmente el registro y los derechos de autor

El registro de la Propiedad Intelectual es un mecanismo administrativo que sirve para proteger los derechos de los autores de creaciones literarias, artísticas o científicas, derechos que pertenecen a los autores durante toda su vida y que pasan a sus herederos durante los primeros setenta años después de su fallecimiento. No es obligatorio, pero sirve como prueba para demostrar la autoría de una obra (lo que supone no solo el reconocimiento, sino también la retribución económica) y protegerse ante un  posible plagio.

Breve historia del plagio

El plagio es, quizás, uno de los mayores miedos del autor actual.

No siempre ha sido así: en siglos pasados el préstamo de temas, argumentos, personajes e incluso títulos era algo frecuente y aceptado. La reescritura se practicaba de forma habitual, y podemos encontrarla en multitud de autores, desde Berceo y Don Juan Manuel hasta Garcilaso, Quevedo o Lope de Vega.

Quizás uno de los casos más sonados de una acusación de plagio en la historia de la literatura es la que denunció Miguel de Cervantes, al descubrir que se había publicado una apócrifa continuación de su Don Quijote bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda, el cual probablemente encubría a alguno de sus adversarios literarios. Sea como fuere, este conocidísimo caso de plagio aceleró la publicación de la segunda parte del Quijote, en la que Cervantes puso todo su empeño para denostar la obra apócrifa. A falta de una ley de la propiedad intelectual, la única defensa que quedaba a don Miguel de Cervantes era ridiculizar en lo posible a su adversario utilizando la mejor arma a su alcance: la literatura.

Desde entonces, el plagio se ha considerado algo negativo y objeto de persecución. Clarín apenas se inmutaba ante los que lo acusaban de inmoral o anticlerical; sin embargo, cuando se le acusó de haber cometido plagio en determinados pasajes de sus obras, se defendió con enorme indignación. También es conocida la encarnizada rivalidad entre Vicente Huidobro y Pablo Neruda, en la que, además de las constantes polémicas en las que ambos cuestionaban la calidad de los versos del otro, Huidobro acusó a Neruda de que uno de sus Veinte poemas de amor no era más que una traducción de Rabindranath Tagore. Incluso Miguel Ángel Asturias acusó a Gabriel García Márquez tras la publicación de Cien años de soledad de haber tomado la fabricación de pescaditos de oro que realizaba Aureliano Buendía de un personaje de Honoré de Balzac en la novela Búsqueda del infinito.

Dentro de los casos recientes, quizás el más escandaloso es el que atañe a Camilo José Cela y a la concesión del Premio Planeta por su novela La cruz de San Andrés. Mª del Carmen Formoso, la demandante, había presentado también al Premio Planeta su novela Carmen, Carmela, Carmiña, y sostuvo que había  una serie de coincidencias de temas y argumentos, personajes, escenarios y hasta frases textuales. La demanda judicial fue archivada en dos ocasiones, y tras la muerte de Cela continúa la polémica, en la que ya el único acusado es José Manuel Lara, director de Planeta, quien según Formoso le habría pasado su original a Cela.

Otros escándalos recientes relacionados con el plagio literario han sido protagonizados por la escritora Lucía Etxebarría y por la presentadora de televisión Ana Rosa Quintana.

Todos estos casos expuestos sirven, precisamente, para ilustrar hasta qué punto es recomendable registrar una obra para poder demostrar, si fuera necesario, su autoría.

Cómo registrar un libro

En España, el registro de una obra puede realizarse de forma presencial en las oficinas del Registro General de la Propiedad Intelectual o, si se dispone de certificado digital, se puede realizar la solicitud de forma telemática. Para el registro, es necesario presentar un ejemplar de la obra encuadernado, paginado y firmado por el autor en la portada (en la que deben aparecer el título y el nombre del autor o autores) y en la última página, una fotocopia del D.N.I. del autor, cumplimentar el impreso que nos facilitarán en la oficina y abonar las correspondientes tasas.

Recientemente han surgido alternativas a este sistema, como la que ofrece Safe Creative, un registro pensado especialmente para creaciones en un soporte digital que no supone el abono de ninguna tasa. Aunque cada vez está más difundido e incluso en su blog se afirma que Safe Creative es un registro eficaz y seguro y tiene valor probatorio de la autoría de la obra, todavía hoy la mayoría de los autores literarios prefieren recurrir al Registro General de la Propiedad Intelectual.

Otras opciones que se han usado con cierta frecuencia son enviar dos ejemplares de la obra para su depósito en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos o incluso el enviarse a uno mismo el manuscrito por correo certificado firmando sobre el cierre del sobre. Sin embargo, yo desaconsejo estos últimos métodos, pues los que hemos expuesto anteriormente resultan, a la larga, más asequibles y fiables como prueba en caso de necesidad.

Licencias de Creative Commons

Teniendo en cuenta la facilidad de difusión y reproducción de las obras a través del medio digital, nacieron las licencias de Creative Commons. Estas licencias afectan a la forma de distribución de la obra que autoriza el autor (que se reconozca su autoría, que se puedan hacer obras derivadas, que se saque o no beneficio comercial de las mismas…), pero en ningún caso constituyen un acto de registro ni tienen valor probatorio de la autoría de la obra.

Lejos de ser una idea moderna, parece que este tipo de licencia ya estaba a la orden del día en el medievo, cuando el Arcipreste de Hita dejó señalado en su Libro de Buen Amor:

Cualquier hombre que lo oiga, si bien trovar supiere,
puede más ahí añadir y enmendar, si quisiere;
ande de mano en mano, a quienquiera que lo pidiere

Conclusión: más vale prevenir que lamentar

Si te has tomado el trabajo de escribir una obra, mereces el reconocimiento por ella. Da igual si quieres obtener beneficio o no, si lo que más te importa es que se tenga en cuenta tu nombre o que a obra sea de utilidad a otros… Tienes derecho a decidir qué se puede y qué no se puede hacer con tu texto.

Yo prefiero pensar bien de los demás y dar por hecho que todo el mundo respetará la obra ajena como yo misma lo hago. Como decía Hegel, el plagio, más que una cuestión de crítica literaria o de justicia,es «una cuestión de buenos modales». Sin embargo, por si hay alguna persona que no respete tus derechos como autor, te alegrarás de haber sido precavido. No lo dejes más: registra tu libro.

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