Los derechos del lector

Los fanáticos de la lectura, y me cuento entre ellos, estamos acostumbrados a respetar e idolatrar al libro como una especie de objeto sagrado.

Te voy a poner un ejemplo, que para mí es muy revelador. Fíjate que en los últimos años he hecho varias mudanzas, demasiadas (empiezo a estar demasiado cansada de tanto cambiar de casa). Eso me ha servido para volverme más pragmática y restarle valor sentimental a muchísimos objetos: me he desprendido de decenas de bolsas de ropa y de un montón de cachivaches que no utilizaba y solo guardaba por si acaso. Sin embargo, pese habérmelo propuesto, solo conseguí descartar tres cajas de libros en la penúltima mudanza, que doné a la biblioteca municipal. Y me vine a mi piso actual cargada con cuarenta y ocho cajas de libros, la mayoría de los cuales hace años que no leo, pero que significan un mundo para mí y considero parte de lo que soy.

Hasta tal punto idolatramos a veces los libros, que en 1992 Daniel Pennac esbozó en su obra Como una novela una decena de «derechos del lector» para defendernos del radicalismo de los ultrarradicales de lo que, al fin y al cabo, es un objeto que debería provocarnos placer, y no sufrimiento. He preparado una infografía que los reúne: Sigue leyendo

El narrador omnisciente

A menudo, algunos autores noveles se aferran a un determinado punto de vista con el que se sienten más cómodos. Es importante no tener miedo a experimentar con nuevas perspectivas, observar las historias desde otro ángulo y ver qué pasa.

Por eso, vamos a comenzar a analizar en profundidad los distintos tipos de narradores y sus peculiaridades. Hoy le toca el turno al narrador omnisciente.

Narrador omnisciente

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Reto técnico: mayo 2017

Hoy es 15 de mayo, y por lo tanto ha llegado el momento del primer reto técnico de Flores de papel.

Lo primero de todo, ¿cómo te ha ido con el primer reto creativo? ¿Has compartido ya tus ideas en el grupo de Facebook?

Para el primer reto técnico, vamos a empezar a jugar con los narradores. Hace tiempo publiqué un artículo sobre los narradores y los puntos de vista, y la semana pasada te proporcioné algunas pautas para decidir cuál es el narrador que más le conviene a tu historia. Hoy vamos a jugar a la inversa: vamos a construir una historia a partir del narrador. El reto consiste en redactar una relato con al menos tres personajes en que el narrador sea omnisciente.

¿Qué, tienes dudas respecto a ese tipo de narrador? No te preocupes, de eso se trata. Gracias a este ejercicio lo tendrás un poco más claro. Además, voy a publicar un artículo especial sobre este tipo de narrador.

¡Espero que disfrutes de este reto!

Reto creativo

Cómo elegir el narrador que más te conviene

Últimamente, cuando corrijo un manuscrito o realizo un informe de lectura, detecto con mucha frecuencia una mala elección del narrador. En mi opinión, este error se debe a dos motivos: por un lado, la inexperiencia de escritores que aún no tienen una técnica perfeccionada; por otro, que la mayoría de cursos y coaches de escritura actuales enseñan muchos trucos para elaborar complicadas fichas de personaje o entretejer una trama muy compleja, pero en cuanto a la elección del narrador se limitan a hacer un listado de los tipos de narradores y algunas prácticas, pero no otorgan la importancia que merece a una decisión que es crucial para la efectividad del texto. Hoy voy a ayudarte a elegir con criterio cuál es el tipo de narrador que más te conviene.

El narrador que más te conviene

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La grabadora, una herramienta imprescindible

Llevo escribiendo desde mi más tierna infancia (incluyendo un parón creativo que duró años, y del que os hablaré algún día) y he conocido multitud de herramientas de todo tipo que me han sido útiles a mí o a otros autores con los que he trabajado personalmente. Poco a poco te iré hablando de ellas para que puedas conocerlas, pero si puedo serte sincera, a mí la herramienta que de verdad me ha salvado la vida (y me ha sorprendido mucho hasta qué punto) es la grabadora.

Grabadora

El cliché

Para qué negarlo, a mí la idea de tener una grabadora me gustaba. Me encantan los aparatejos. Según me dijeron unos amigos nerds hace algunos años, soy una tecnófila, lo que se traduce en que me atrae la tecnología en general y estoy dispuesta a probar nuevos cachivaches.

Pero una parte de mí se resistía a comprar una, creo que por huir del cliché. Quién no ha visto en las películas a un ejecutivo o a un escritor petulante (sí, solo los petulantes tienen grabadoras en el cine) dictar algunas notas a su dispositivo de grabación. Yo quería ser original.

Por qué me decidí a probar

El caso es que finalmente me decidí a adquirir una grabadora, pero no fue para escribir precisamente. Hace aproximadamente año y medio tuve la necesidad de ponerme a estudiar unas oposiciones, y mi hija de un año y mi trabajo a jornada completa no me dejaban mucho tiempo. Una buena amiga me recomendó comprar una grabadora y grabar los temas para escucharlos en el autobús, mientras hacía la compra o cuando mi hija se quedaba dormida sobre mi regazo impidiéndome levantarme a coger los apuntes.

El caso es que empecé usando la grabadora solo para ese fin, pero he acabado llevándola encima en todo momento. Ya no puedo vivir sin ella. Siempre he sido una adicta al papel, me encantan los bolis de colores, las libretas, las agendas y los planificadores, y casi toda mi vida ese sistema me ha funcionado muy bien (pronto te hablaré de mi diario de escritura), pero desde que me convertí en madre me faltan manos para eso. La solución llegó con la grabadora.

Por qué una grabadora (y no el móvil) y cuál elegir

Lo primero que voy a recomendarte es que te lo pienses muy bien qué dispositivo de grabación elegir. La verdad es que yo me pensé si realmente me merecía la pena hacerme con un aparato nuevo, cuando la mayoría de los smartphones cuentan con una aplicación para grabar voz.

Lo cierto es que yo lo intenté con el móvil, pero no me funcionó. Primero, porque las grabaciones del móvil no tienen la misma calidad de audio que un dispositivo específico, pero el principal motivo fue que el móvil contiene cientos de aplicaciones y es muy fácil distraerse de lo principal. Tienes una idea, coges el móvil para grabarla, pero en ese momento ves que tienes varios mensajes sin leer y, sin darte cuenta, te dispersas. Y lo mismo cuando necesitas acceder a las grabaciones para ponerte a trabajar. Total, que tras pocos días de uso me di cuenta de que necesitaba un dispositivo aparte.

Antes de elegir mi grabadora, me encargué de probar unas cuantas para tener claro lo que necesitaba. Esta es la grabadora que yo compré. Te cuento los motivos que me llevaron a elegirla, aunque puede que tus necesidades no sean las mismas.

  • La calidad de audio es muy buena, tiene distintos modos de grabación y una función para reducir el sonido.
  • Trae un micrófono de corbata incorporado de muy buena calidad.
  • Tiene bastante memoria, pero además permite ampliarla con una tarjeta miniSD.
  • Permite organizar tus grabaciones en distintas carpetas, de modo que es muy fácil mantener ordenados tus pensamientos (o las grabaciones de los mismos).
  • Tiene una serie de funciones adicionales muy chulas: permite sobreescribir parte de un audio, poner marcadores para acceder rápidamente a una parte de la grabación, programar una grabación para que se reproduzca automáticamente en una fecha y hora determinadas, etcétera.

Cómo utilizo yo la grabadora

Suelo llevar la grabadora siempre encima. No es demasiado grande, así que no me importa cargarla. La llevo en un bolsillo de mi mochila o, algunas veces, si estoy en una fase especialmente creativa, me coloco el micrófono de corbata. Y, simplemente, hago mi vida normal.

Yo aprovecho muchísimo una de las funcionalidades de mi grabadora, que es la clasificación de los audios en distintas carpetas. Tengo una carpeta para las ideas sencillas, llamada «semillas» (ya te he hablado en este post de lo que son esas semillas). También hay otra carpeta llamada «escritura» que me sirve para almacenar retazos de escritura que se me ocurren sobre la marcha, por ejemplo, las palabras perfectas para describir una escena a la que llevo días dando vueltas. También hay una carpeta llamada «documentación» y otra «agenda», donde entra todo lo que no me cuadra en las demás carpetas. Además, si tengo algún proyecto entre manos, creo una carpeta específica.

Cuando se me ocurren las ideas, pongo en marcha la grabadora (que es tan sencilla que puedo activarla casi sin mirar) y grabo el audio en la carpeta correspondiente, o incluso en la carpeta «agenda», que es la predeterminada, y luego la muevo. Y simplemente me quedo tranquila. Cada noche, repaso la carpeta «agenda», anoto lo que me va a hacer falta y reubico cosas a otras carpetas si es necesario. Periódicamente (casi siempre los sábados), escucho los audios recientes de las restantes carpetas y anoto lo que sea necesario en mi diario de escritura (porque a mí me ayuda tener las cosas por escrito).

Desde que tengo mi grabadora y sigo este método para utilizarla, mi productividad se ha multiplicado. Para mí es una herramienta que merece la pena tener en cuenta. ¿Y tú, te animas?