Los derechos del lector

Los fanáticos de la lectura, y me cuento entre ellos, estamos acostumbrados a respetar e idolatrar al libro como una especie de objeto sagrado.

Te voy a poner un ejemplo, que para mí es muy revelador. Fíjate que en los últimos años he hecho varias mudanzas, demasiadas (empiezo a estar demasiado cansada de tanto cambiar de casa). Eso me ha servido para volverme más pragmática y restarle valor sentimental a muchísimos objetos: me he desprendido de decenas de bolsas de ropa y de un montón de cachivaches que no utilizaba y solo guardaba por si acaso. Sin embargo, pese habérmelo propuesto, solo conseguí descartar tres cajas de libros en la penúltima mudanza, que doné a la biblioteca municipal. Y me vine a mi piso actual cargada con cuarenta y ocho cajas de libros, la mayoría de los cuales hace años que no leo, pero que significan un mundo para mí y considero parte de lo que soy.

Hasta tal punto idolatramos a veces los libros, que en 1992 Daniel Pennac esbozó en su obra Como una novela una decena de «derechos del lector» para defendernos del radicalismo de los ultrarradicales de lo que, al fin y al cabo, es un objeto que debería provocarnos placer, y no sufrimiento. He preparado una infografía que los reúne:

Derechos del lector

1. El derecho a no leer.

¡Cuantas veces me he justificado en los últimos años porque no leo lo suficiente! Yo, que en mis buenos tiempos leía dos o tres libros cada semana, ahora que soy madre me atasco, a veces sin retorno, a la mitad de muchos libros. Pero leer es algo que hacemos para disfrutar, porque nos apetece. No es una obligación.

2. El derecho a saltarnos las páginas.

Porque a veces es sano pasar un poco más adelante si lo que estás leyendo no te satisface…

3. El derecho a no terminar un libro.

A mí me acaba de pasar, me he dado cuenta de que llevo varias semanas atascada en el mismo libro y ya no me merece la pena seguir intentándolo. El mundo está lleno de buenos libros como para perder el tiempo con aquellos que no te llenan.

4. El derecho a releer.

Soy relectora por naturaleza. Sé que la vida es corta, y que probablemente no pueda leer ni la mitad de lo que deseo en lo que me resta de vida, pero no lo puedo evitar: con muchísima frecuencia releo fragmentos de mis libros favoritos, y hay otros que leo completos de forma casi cíclica. Y es maravilloso ver cómo me siguen cautivando.

5. El derecho a leer cualquier cosa.

Y cualquier cosa es cualquier cosa. Hay personas que parece que solo leen Premios Nobel de la literatura, clásicos consagrados o autores recientes ovacionados por la crítica. Pues menudo aburrimiento. A mí me encanta leer libros de elevada calidad literaria, pero a veces necesito una novelita sin pretensiones pero con cierto gancho, o incluso un libro deliberadamente malo, solo para reírme, o saltar a otros géneros impropios de una profesora de literatura como yo.

6. El derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual).

El término «bovarismo», que curiosamente no está incluido en el DRAE, proviene de Emma Bovary, personaje de Flaubert que, insatisfecha en su matrimonio, pasaba el día entre ensoñaciones románticas alumbradas por sus lecturas de novelas sentimentales. En el caso de Madame Bobary, llegó al extremo máximo, pero ¿quién no se ha dejado llevar y fantaseado a partir de la lectura de un libro especial?

7. El derecho a leer en cualquier sitio.

Y cualquiera es cualquiera. Yo he leído en muchísimos sitios diferentes… En la calle, en la playa, en la cama, en el váter, en medio de una fiesta, a hurtadillas dentro de una clase, incluso escondida en un armario.

8. El derecho a hojear.

¿Nunca has cometido el pecadillo de mirar adelante a ver si el personaje que odias continúa en la novela cien páginas después? Todos tenemos derecho a ser traviesos.

9. El derecho a leer en voz alta.

A mí me encanta leer en voz alta, y lo hago con toda la frecuencia que puedo. Si el texto escrito es bueno, en voz alta se transforma en pura magia.

10. El derecho a callarnos.

Pero no podemos olvidar tampoco la intimidad sacrosanta del acto de leer, que se hace, casi siempre, a solas y en silencio.

¿Y tú, qué opinas de estos diez derechos? ¿Se te ocurre algún otro que falte?

3 pensamientos en “Los derechos del lector

  1. Severino Pacheco Miralles

    creo que soy de los que, como dijo Antonio Gala, si llevas leído la mitad del libro y no te ha enganchado,¡déjalo! No es el tuyo.
    Pero mi tozudez y mi afición por la lectura ganan la partida.

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