Cómo ambientar tu novela en el tiempo y el espacio

La ambientación de una novela es casi tan importante como un argumento interesante y unos personajes peculiares. Si la localización espacial que rodea a una historia no es convincente, o si hay anacronías en la ambientación temporal, toda la historia perderá fuerza. ¿Sabes cómo ambientar tu novela correctamente?

Cómo ambientar tu novela

Todas las historias tienen un espacio y un tiempo

Pues sí, eso es lo primero que debes tener en cuenta. Todas las historias tienen un espacio y un tiempo, aunque se trate de tu propia ciudad y de la época actual. Por supuesto, esta ambientación te facilitaría las cosas, ahorrándote mucho tiempo de investigación. Sin embargo, también tiene sus desventajas: es difícil ser imparcial con lo que conoces demasiado bien, y puedes dar cosas por hechas en tus descripciones. Además, te resultará más difícil librarte de la etiqueta de «historia autobiográfica». Aunque la mayoría de estos consejos están enfocados en ambientaciones diferentes, algunos de ellos también te servirán si eliges el lugar y la época que mejor conoces.

Investiga

El primer consejo y más importante es este: investiga. Tanto si eliges una época histórica diferente a la tuya o una ciudad exótica como si escribes sobre algo que te es más cercano, tú debes conocerlo todo sobre el espacio y el tiempo elegidos para poder conseguir una ambientación verosímil.

Tú debes saberlo todo, absolutamente todo: qué marca de tabaco fumaban los jóvenes en aquella época, qué música se escuchaba o cómo era una típica taberna; si el lugar es lo que varía tienes que documentarte al detalle, conocerlo como si tú fueses un habitante de aquel lugar.

Si la historia se desarrolla en la actualidad, puedes recurrir a la función Street View de Google Maps para ayudarte con tus localizaciones; si es en el pasado deberás hacerte con mapas y crónicas. ¡No te conformes con unas pocas indicaciones de la Wikipedia!

Si no puedes documentarte al detalle, cambia de idea

Si tus conocimientos sobre la época en que tienen lugar los hechos o sobre el lugar donde se desarrollan son limitados, mejor olvídalo. Esa carencia se va a notar en tu texto, aunque no lo creas. Muchísimos relatos con un buen argumento y unos personajes interesantes pierden fuerza exactamente por este punto.

Ten en cuenta el clima y la vegetación

El clima y la vegetación son una parte muy importante de la ambientación. ¿Ve árboles el protagonista al salir a la calle? ¿De qué tipo? ¿Cómo son sus copas? ¿A qué huelen? ¿Hacía frío, lloviznaba, nevaba? Esto es especialmente importante si ambientas tu novela en otra época histórica. No olvides comprobar si hubo una terrible sequía aquel año o tal vez lluvias e inundaciones. Te sorprendería saber cuánta gente comprueba si este tipo de datos son ciertos.

Si creas, sé exhaustivo

Después de lo explicado arriba, tal vez pienses que merece más la pena situar tu obra en una ciudad imaginaria o en un tiempo indeterminado. Es una opción, por supuesto, aunque no creas que debes ser menos exhaustivo. Tú debes saberlo todo sobre el espacio y el tiempo en que se desarrolla tu historia. Da igual si tienes que buscar esa información entre libros o si la creas tú desde cero: el caso es que tiene que ser información en tu poder.

No es una clase de historia ni una guía de viajes

Algunos escritores noveles se documentan a conciencia, pero luego cometen el error de volcar todo lo que saben en el texto.

La novela ha de ser como la punta de un iceberg: mostrar solo una pequeña parte de lo que sabes. Click Para Twittear

Ten cuidado con convertir tu novela en una clase de historia o en una guía de viajes. No olvides que lo que importa es lo que estás narrando, y la ambientación es un complemento, como la guarnición de un buen plato, que si falla puede arruinarlo pero no debe restarle protagonismo a lo más importante.

No seas prolijo en tus descripciones

La norma general sería esta: no te extiendas demasiado a la hora de describir. Elige algunos elementos que te parezcan llamativos y no cuentes el resto. Si describes algo con todo detalle, ha de ser por una razón, debe ser importante para la historia.

Por supuesto, evita la monotonía. Hace poco me tocó corregir una novela cuyo autor aplicaba la técnica del barrido: cada vez que el personaje llegaba a una ubicación nueva, el narrador describía el lugar con todo detalle de izquierda a derecha. Resultaba aburridísimo.

El salto temporal es un gran recurso

No tienes por qué contar cómo se dirige el protagonista desde su casa hasta el trabajo. Si ha quedado con alguien, no tienes por qué mostrar cómo se desplaza hasta el lugar de la cita, ni siquiera cómo se saludan o qué piden en el bar. Sitúalos ya sentados a la mesa y ahórrate aburridas descripciones que no llevan a nada. Tu ambientación, en este caso, se reducirá a pequeñas pinceladas sobre el entorno dosificadas a lo largo del diálogo, algo mucho más llevadero y equilibrado que una larga descripción seguida de una conversación acompañada solo de acotaciones tipo «dijo» y «respondió».

Utiliza los sentidos

Un error muy frecuente es limitar las descripciones a lo visual. Hay que describir lo que se ve, por supuesto, pero no olvides los demás sentidos. ¿A qué huele? ¿Hay mucho ruido? ¿Hace frío? ¿Qué siente el personaje al tocar aquel sillón? ¿Cómo sabe el desayuno? Son detalles importantes que te ayudarán a enmarcar los hechos con un contexto realmente auténtico.

¡Oh, qué casualidad!

Dejo para el final una crítica a una técnica que personalmente me pone de los nervios. No falla: si la novela está ambientada en la España del Barroco, más tarde o más temprano acaban saliendo, aunque sea de pasada, Lope de Vega, Velázquez o Quevedo. ¡Me da una rabia! Que no digo yo que no sea posible, pero ya es mucha casualidad.

Hay novelas en que el encuentro casual se produce justo al principio. ¡Aún más casualidad! El protagonista llega a Madrid, entra en una taberna y ¡zas!, se encuentra con Quevedo. Para que lo veas con perspectiva, es como si te digo que la semana pasada viajé a Nueva York y en el primer restaurante al que entré coincidí con Robert de Niro. Puede pasar, por supuesto, pero ya es casualidad. Sin embargo, no es menos llamativo si el encuentro se produce al final. Me fui a Nueva York cuatro días y el último me tropecé en la calle con Robert de Niro. ¿Te has parado a pensar cuánta gente viaja a diario a Nueva York y no llega nunca a conocer a este actorazo?

Antes de introducir uno de estos encuentros casuales en tu novela, piénsalo bien. Justifícalo. ¿Tiene sentido? No lo metas solo porque sí.

Y ahora, ¡a escribir!

Después de todos estos consejos, te queda llevarlos a la práctica. ¿Qué tal si escribes un pequeño relato ambientado en otra época o en otro lugar? La única manera de aprender estas técnicas es aplicarlas una y otra vez, hasta que nos salgan con soltura. ¡Mucha suerte!

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