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Todo lo que debes saber sobre la corrección de estilo

El corrector profesional es un experto en nuestra lengua que dedica su vida a mejorar textos. Hace poco hablé en el blog sobre la corrección ortotipográfica y expliqué con detalle de qué se ocupa. Hoy le toca el turno a la corrección de estilo.

Todo lo que debes saber sobre la corrección de estilo

La corrección de estilo consiste en una depuración del texto, liberándolo de ciertos elementos que entorpecen su funcionalidad, verificando entre otros elementos la adecuación del léxico escogido, la corrección gramatical y la coherencia y cohesión del discurso, todo ello intentando no modificar las peculiaridades de estilo del autor del texto.

Muchos escritores se sienten recelosos al solicitar una corrección de estilo porque piensan que se va a alterar tanto su texto que no podrá reconocerlo como propio. Por lo general no tiene de qué preocuparse: cuando solicita esta corrección a un profesional, tiene la garantía de que el corrector va a hacer las mínimas modificaciones posibles. En el caso de que este observe que el texto necesita muchas modificaciones, normalmente suele sugerir al autor que haga una última revisión del mismo. Además, no tienes por qué aceptar todos los cambios, siempre mantendrás el control sobre tu texto.

Si quieres conocer algunos ejemplos del tipo de errores en que trabaja un corrector de estilo en los distintos niveles de nuestra lengua, sigue leyendo:

Errores fónicos

Se trata de defectos que perjudican al texto por cómo suenan al leerlos en voz alta. Distraen al lector de su significado o provocan sonidos desagradables.

Cacofonías

Efecto sonoro desagradable que se produce accidentalmente por la repetición de ciertos sonidos en dos o más palabras cercanas:

* un no se qué que quería expresar y no podía

Rimas internas

Repetición de un sonido a cierta distancia, de modo que parece que se nos hubiera «colado» un par de versos dentro de nuestro texto en prosa.

* escuchó la canción con mucha atención

Errores léxicosemánticos

A veces el problema está en la elección de las palabras que utilizamos:

Repetición de términos

Es muy frecuente que en los textos se abuse de los mismos términos si se ha de hacer mención a un mismo concepto varias veces. El corrector se ocupa de evitar esta monotonía proponiendo sinónimos adecuados en cada uno de los casos.

Imprecisiones léxicas

Es el empleo incorrecto de una palabra, por no conocer su significado exacto o la forma en que se debe utilizar.

* Sus amigos lo tildaban de persona generosa y abnegada.

En el ejemplo, se utiliza el verbo «tildar», que significa, según el DRAE, «señalar a alguien con alguna nota denigrativa». Por lo tanto, no es correcto emplear este vocablo para atribuir a una persona una cualidad positiva.

Redundancias y pleonasmos

Se trata de una repetición de significados a través de varios elementos léxicos. A veces puede ser intencionada, y se usa habitualmente en el habla coloquial y en la literaria, en una figura retórica llamada pleonasmo. Por lo tanto, el corrector de estilo deberá dilucidar si la redundancia aporta o no algo al significado global del texto.

Anfibologías

Empleo de frases que pueden tener más de una interpretación.

* Ahí estaba tirado el perro de mi hermano.

Barbarismos

Según el DRAE, el barbarismo «es una incorrección que consiste en pronunciar o escribir mal las palabras, o en emplear vocablos impropios». Por ejemplo, algunas personas emplean incorrectamente la locución «grosso modo» anteponiendo la preposición «a».

Otros errores léxicos

Otros errores habituales son los extranjerismos (empleo innecesario de palabras en un idioma extranjero, cuando existe una expresión equivalente en castellano), coloquialismos (utilización de expresiones propias del habla coloquial cuando no corresponde) y el uso de muletillas o palabras vacías.

Errores gramaticales

El corrector de estilo también se ocupa de revisar algunos problemas sintácticos y gramaticales. Aquí tienes algunos ejemplos:

Anacoluto

Es una inconsecuencia en la construcción de la oración, porque la segunda parte no se corresponde con la primera.

* Yo es que en ese estado me cuesta encontrar las palabras.

Anantapódoton

Variante del anacoluto que consiste en omitir uno de los dos elementos correlativos en una expresión.

* Por un lado, no quería molestar a los dueños de la casa y le daba vergüenza admitir su error.

Ambigüedad

En algunas ocasiones, el corrector se topa con construcciones gramaticalmente correctas pero cuyo significado no queda del todo claro. A menudo este problema se soluciona alterando el orden de algunos elementos de la oración.

* En aquel tenderete se vendían libros para niños ilustrados.

Dequeísmo y queísmo

Hace algunos años, por algún motivo, hubo una notable efervescencia del dequeísmo en los medios de comunicación: muchas personas aparecían en televisión haciendo un uso incorrecto de «de que» en casos no admitidos por el régimen verdad.

* Pensábamos de que eso no podía suceder en este país.

Precisamente en el sentido inverso, para intentar evitar ese error, muchos incurrieron en el problema contrario, el queísmo, que consiste en utilizar «que» en lugar de «de que» en casos en que el verbo rige este último tipo de construcciones.

* Telefónica le informa que no tiene mensajes.

Errores pragmáticos

La pragmática es una rama de la lingüística que se ocupa de las relaciones del lenguaje con sus usuarios y las circunstancias que rodean a la comunicación. Aunque un texto sea correcto a otros niveles, es posible que no alcance la eficacia comunicativa por falta de cohesión, mala elección de ciertos vocablos, organización poco eficaz de los párrafos… El corrector también se ocupa de solventar estos problemas.

Y, por supuesto, la corrección ortotipográfica

La corrección de estilo es la más completa, y no solo analiza los errores que he enumerado en esta entrada (y otros tantos similares), sino que también revisa los problemas propios de la corrección ortotipográfica, de la que, gracias a una entrada anterior, ya conocéis todos los secretos.

Todo lo que debes saber sobre la corrección ortotipográfica

Como ya he explicado en otras ocasiones, la profesión del corrector de textos es bastante desconocida, probablemente porque parte de su tarea es que su trabajo pase desapercibido y solo se note la huella del autor en el texto. Y si pocas personas conocen a qué se dedica en general un corrector, muchas menos sabrían explicar las diferencias entre los dos tipos de correcciones que suele realizar. Hoy te explicaré en qué consiste la corrección ortotipográfica, y espero resolver todas tus dudas.

El tipómetro es una herramienta fundamental para la corrección ortotipográfica

Tres correcciones en una

La corrección ortotipográfica abarca, en realidad, tres dimensiones del texto: su ortografía, su gramática y su ortotipografía propiamente dicha. A menudo esto supone varias lecturas diferentes del texto, pues cada uno de estos campos requiere que se preste atención a elementos distintos dentro del mismo.

Revisión ortográfica

La ortografía es una disciplina normativa y exacta. En español, normalmente uno se basa en las normas que dicta la Real Academia Española en la edición más reciente de su ortografía. Y digo «normalmente» porque, para sorpresa de los que nos dedicamos a esto de forma profesional, cada vez son más las editoriales que te indican «nosotros seguimos a la Real Academia pero no su Ortografía de 2010» o «es que aquí esa norma la aplicamos de esta manera».

La revisión ortográfica del texto comprende la correcta escritura de cada palabra, evitando errores ortográficos en general, vigilando la posible omisión o transposición de caracteres y regulando el uso de la tilde y de los signos de puntuación.

Revisión gramatical

La gramática es también una disciplina normativa, que atiende a las reglas de un idioma en su forma de organizar las palabras en oraciones. Normalmente en este aspecto también se siguen las indicaciones de la Real Academia.

La revisión gramatical se ocupa de posibles incoherencias gramaticales, errores de concordancia, eliminar redundancias y asegurarse de que la función de cada elemento de la oración queda clara y es correcta.

Revisión ortotipográfica

La ortotipografía, sin embargo, es una disciplina práctica, que estudia la aplicación concreta de la ortografía en las obras impresas. No existe una ortotipografía normativa con carácter oficial, aunque suele considerarse de referencia todo lo que ha escrito al respecto José Martínez de Sousa, una gran autoridad en la materia. Pero en muchos casos un texto plantea determinados problemas a nivel ortotipográfico que no tienen una única solución posible, y el corrector debe decidir cuál es la que más conviene, atendiendo a los principios en que se fundamenta la ortotipografía: 

  • Legibilidad: el tamaño de los márgenes, la llamada de las notas o las reglas que afectan a las líneas a final de página (viudas, huérfanas…) y a la división de palabras en varios renglones, por poner algunos ejemplos, afecta mucho más de lo que uno pudiera creer a la facilidad y concentración con que un lector lee el texto.
  • Estética: el texto ha de quedar bello, limpio y con apariencia ordenada.
  • Coherencia: no se deben aplicar normas diferentes en un mismo texto, es necesaria la homogeneidad.
  • Proporcionalidad: este principio atiende a las medidas de los distintos elementos, que ha de servir al contenido y ser coherente. Para juzgar la aplicación de este principio el tipómetro es una herramienta imprescindible.
  • Funcionalidad: es decir, que cada una de las normas que se apliquen en el texto sirvan para una función determinada en beneficio del mismo.

La revisión ortotipográfica abarca muchos elementos diferentes: homogeneización de tipografías, jerarquización de títulos, tamaños y variantes de letra (redonda, cursiva, negrita, mayúscula, versalita, superíndice y subíndice…), particiones de las palabras, espacios en blanco, sangrías, márgenes, columnas y corondeles, utilización de símbolos, distintos niveles de comillas, escritura de fórmulas,  disposición y puntuación de las citas, listas, notas  y referencias bibliográficas y un larguísimo etcétera.

Cuándo es necesaria la corrección ortotipográfica

Este tipo de corrección se realiza solo en textos ya terminados y revisados a nivel de estilo. Se sobreentiende que no se van a realizar modificaciones adicionales al texto tras su corrección, ya que en ese caso podrían surgir nuevos errores o problemas ortotipográficos.

Todos los textos que se van a publicar deberían someterse a este tipo de corrección. En primer lugar, porque nadie está completamente a salvo de cometer una falta de ortografía ocasional o un error mecanográfico. Pero, sobre todo, porque la corrección de los textos a nivel ortotipográfico es algo que solo los profesionales son capaces de aplicar con exactitud, y no es trabajo ni del escritor ni del maquetador resolver los posibles problemas que surgen en este campo.

Los autores de best sellers tienen faltas de ortografía

Muchos escritores noveles cometen el error de publicar (a menudo, autopublicar) sus obras sin haber realizado en ellas una corrección profesional. A veces es cuestión de ignorancia (la profesión del corrector de textos es bastante desconocida); otras, de ego. Si nadie les menciona la posibilidad de corregirlo, dan por hecho que su texto no contiene errores; si alguien, por el contrario, sugiere que se recurra a los servicios de un corrector se toma casi como una ofensa. No saben estos autores que también los autores de best sellers tienen faltas de ortografía.

Los autores de best sellers tienen faltas de ortografía

Cada uno tiene su trabajo

El error de base está en considerar que un buen escritor debe hacer un uso impecable del lenguaje, sin faltas de ortografía, errores gramaticales ni deficiencias de estilo. Y aunque estas habilidades no están de más, no es ese su trabajo. La tarea del escritor es narrar historias, idear tramas y personajes y volcarlas al papel sabiendo mantener el interés del lector a través de la intriga y de un ritmo adecuado. Los correctores no crean, sino que revisan en busca de errores de ortografía, gramática, léxico o sentido. Ambos trabajan con el lenguaje y necesitan utilizarlo hábilmente, pero sus destrezas no son las mismas.

El escritor crea historias, el corrector revisa textos. Ninguno puede hacer el trabajo del otro. Click Para Twittear

¿Faltas de ortografía, yo?

El problema, en parte, es que cuando nos hablan de faltas de ortografía volvemos mentalmente al colegio. Nuestro sentido del ridículo se agudiza y pensamos que nos están acusando de escribir burro con uve. No nos damos cuenta de que existen errores infinitamente más sutiles, que a nosotros se nos pasan pero que un profesional detecta enseguida.

Que levante la mano el que nunca haya cometido un error. Yo he cometido muchos, y soy correctora. Y no es falta de profesionalidad, es que simplemente soy humana (y, además, la mecanografía no es lo mío). Por eso reviso siempre cuanto escribo, una o muchas veces. ¿Por qué no haces tú lo mismo?

Los autores de best sellers corrigen sus textos

Pues sí, los autores de best sellers y los autores consagrados (no siempre son los mismos) realizan una corrección profesional en sus textos. Lo que pasa es que no siempre son ellos mismos los que contratan este servicio: casi siempre son los editores los que lo hacen.

Las grandes editoriales tienen sus correctores. Algunas cuentan con uno o varios correctores en plantilla, aunque en las últimas décadas lo más habitual es que se contraten los servicios de un autónomo. Sea como sea, esos libros tan cuidados que ves en las librerías, con una  campaña de marketing tan estudiada, han sido corregidos por un profesional, te lo aseguro.

Las editoriales pequeñas, sin embargo, sufren, como cualquier otra empresa pequeña, las consecuencias de la recesión económica. Por eso a veces prescinden de la corrección en parte de su catálogo de publicaciones y se ven obligadas, para sobrevivir, a ofrecer paquetes de edición baratos, lo que se conoce como «autoedición», que no es sino publicar utilizando la infraestructura de la editorial pero con muy poca inversión en trabajo y en tiempo en el libro en cuestión, pues todo ese esfuerzo se le supone al escritor, que también financia parte o la totalidad de los costes derivados de dicha publicación. El resultado es un libro de poca calidad, porque no se ha trabajado en él con el mimo que se dedica a otras obras y porque, por no asustar más aún al autor con el precio, se obvian fases de la fabricación del libro tan necesarias como son las sucesivas revisiones del mismo.

Elige cómo quieres publicar tu libro

Cuando te digan que necesitas un corrector, no te ofendas: piensa que los escritores consagrados también realizan esa revisión. Quien te esté dando ese consejo esta valorando tu libro, porque te está recomendando cuidarlo como se merece.

Como escritor, si publicas una obra será tu carta de presentación para el futuro. Click Para Twittear

Por eso, piensa si te compensa de verdad saltarte ese paso. Es como si montaras un negocio y en lugar de tu tarjeta de visita entregaras a tus posibles clientes tus datos anotados en una servilleta. Muchos lectores dejarán de leer en cuanto observen que el contenido no se ha cuidado como debería, pero lo más importante: si algún día quieres publicar otra vez, las editoriales a las que escribas echarán un vistazo a tu primera obra antes de tomar una decisión. De ti depende que te consideren un escritor serio o un autor de segunda.

7 razones por las que el corrector de Word no es suficiente

Cuando comencé a trabajar como correctora por primera vez, hace ya más de diez años, descubrí que estaba aprendiendo una profesión fascinante, que me encantaba. Lo que no me imaginaba es que a lo largo de los años iba a enfrentarme a menudo con que se pusiera en duda que esa profesión es necesaria. Y una de las opiniones que escucho con más frecuencia es: «¿Pero lo que tú haces no lo hace ya el corrector de Word?». Pues no, ningún corrector de ningún procesador de textos o aplicación informática puede sustituir al trabajo del corrector profesional. ¿Quieres saber por qué? Te doy siete razones.

el corrector de Word no es suficiente

1. El corrector de Word no revisa las reglas de puntuación

Incluso las personas que mejor escriben, con una excelente ortografía, tienen dudas en el empleo de algunos signos de puntuación. ¿Aquí debo poner una coma, o es preferible el punto y coma? ¿Es correcto poner varios signos de exclamación juntos para expresar una gran sorpresa, o es solo una licencia que nos tomamos en el Whatsapp? ¿Cómo se puntúan correctamente los diálogos? En este campo, el corrector del procesador de textos no puede ayudarnos: como mucho, nos advierte de que hemos puesto un signo de apertura y nos falta el de cierre (e incluso esto no lo hace siempre). Si quieres asegurarte de que el texto está bien puntuado, deberás consultar con un profesional.

2. El procesador de textos domina muy pocas reglas gramaticales

No te dejes engañar: aunque el corrector de Word te ofrezca marcar los errores de gramática con un subrayado ondulado verde, Word sabe muy poco de gramática. Las normas de funcionamiento de nuestro idioma son muchas y muy complejas. El lenguaje humano está dotado de tal flexibilidad que hasta hoy es imposible que una máquina sea capaz de comprender todos los giros y posibilidades de un idioma. Por eso, el corrector del ordenador nos marca como incorrectas oraciones que están bien construidas, e ignora otras que no lo están.

3. Un ordenador no distingue entre palabras homófonas ni homógrafas

El corrector de Word se basa en un diccionario  unas reglas de flexión y combinación. No es capaz de distinguir entre dos palabras que suenan igual, pero se escriben diferente (homófonos), ni tampoco entre dos palabras que se escriben igual o casi igual pero tienen significados diferentes (homógrafos), siempre que la categoría gramatical sea la correcta. Para este programa, no hay ningún problema en la oración «Marta se va a cazar con un vestido blanco», cuando cualquier persona (no solo un corrector profesional) sospecharía que hay algo raro en esa oración y acudiría al contexto para comprobar que lo que va a hacer Marta es contraer matrimonio. Tampoco distingue el ordenador entre «Descanso una hora a media mañana» y «Descansó una hora a media mañana». En un mundo en que los teclados tienen la tecla de la b al lado de la de la v, en el que es tan fácil no apretar con suficiente fuerza la tecla de la tilde, ¿te vas a arriesgas a confundir gravar con grabar, pérdida con perdida?

4. Un ordenador tampoco diferencia entre parónimos

Los parónimos son palabras que suenan parecido y que por lo tanto a menudo son fruto de confusión. Muchas personas emplean algún par de parónimos de forma incorrecta. De hecho, es uno de los elementos con los que más trabajamos los correctores. El corrector de Word es incapaz de considerar el contexto de la oración, y por lo tanto no sabrá si la palabra que querías emplear es apertura (acción de abrir) o abertura (hendidura, grieta); costo (gasto) o coste (precio en dinero); espirar (exhalar) o expirar (morir); fragante (perfumado) o flagrante (evidente); infringir (quebrantar) o infligir (imponer un castigo)…

5. El corrector de Word no te advierte de que estás siendo redundante o insultante

Como una máquina no distingue el contexto, se limita a analizar la corrección del mensaje, pero no considera si este es adecuado. Por eso no te advertirá de que te repites en expresiones como «se asomó al exterior de la ventana», «sube arriba» o «ha insistido reiteradamente». Tampoco es capaz el corrector de Word de advertir si una expresión puede resultar discriminatoria, sexista, peyorativa o políticamente incorrecta (por supuesto, tampoco tiene la habilidad de distinguir si es esa precisamente tu intención o se trata de algo involuntario).

6. El diccionario de Word es limitado

El diccionario en que se basa el corrector no contiene todas las palabras del español, ni todas sus posibilidades en cuanto a flexión, derivación, adición de pronombres enclíticos a los verbos… Tampoco reconoce los nombres propios ni muchos gentilicios.

7. El corrector de Word no piensa

Esta es la razón más importante, y la que esencialmente resume todas las demás: el corrector de Word nunca podrá sustituir el trabajo de un corrector profesional porque no es un ser humano, no piensa, y por lo tanto es incapaz de comprender todos los matices de la lengua, de captar la intención comunicativa que hay detrás de nuestro texto, de distinguir la ironía ni de comprobar la coherencia de un escrito.

En conclusión

No pretendo disuadirte de que utilices el corrector de tu procesador de textos. Es una herramienta muy útil, y yo también agradezco mucho su existencia porque soy malísima tecleando (todos somos humanos, ¿no?) y a veces, con el furor de la inspiración, mis dedos se mueven demasiado rápido.

En mi experiencia, el corrector de Word es una ayuda muy valiosa para hacer una primera limpieza del texto, para eliminar los errores más evidentes. Pero cuando queremos que el texto de verdad quede perfecto, debemos consultar con un profesional. ¿O eres de los que cuando les duele el estómago consultan la Wikipedia?

Ya he escrito mi libro. Y ahora, ¿qué?

Casi no lo puedes creer. Han sido semanas, meses dándole vueltas a una historia, a unos personajes. Muchísimo tiempo robándole horas al sueño, apelando a la capacidad de comprensión de tu familia y tus amigos. Algunos días incluso tú mismo te has preguntado si de verdad merecía la pena tanto sacrificio. Pero todo eso ya no importa más, porque por fin tu manuscrito está listo. Has terminado de escribir, y de pronto te invade una extraña sensación de vacío. ¿Qué es lo que puedes hacer a continuación? Y ahora, ¿qué?

He escrito mi libroPensabas que la parte más difícil era la de escribir tu libro. Aún así, tenías tantas ganas que te pusiste a ello y por fin está terminado. Sin embargo, ahora te sientes perdido, ¿qué es lo que debes hacer a continuación?

Guárdalo en un cajón

Suena a cliché, pero lo mejor que puedes hacer al terminar tu libro es guardarlo en un cajón. Sí, ya sé que te hace mucha ilusión y te mueres de ganas de compartirlo, pero créeme, la prisa no es buena consejera.

Ni los escritores más experimentados terminan un libro de una sola vez: es necesario pulirlo y revisarlo. Pero para que esa revisión sea efectiva, debes dejar pasar el tiempo. Solo así te acercarás a tu propia obra con perspectiva y objetividad.

¿Cuánto tiempo debes dejar pasar? Depende de muchos factores, aunque yo te recomiendo que sea un periodo de aproximadamente mes y medio o dos meses. Menos de un mes no te aportaría la distancia necesaria; pero si dejas pasar mucho más de tres meses corres el peligro de que «se enfríe» demasiado.

La primera revisión del texto

Tras ese periodo de descanso estarás preparado para afrontar la primera revisión de tu obra con una mirada nueva. No te precipites en tu afán por publicar el libro cuanto antes. Léelo despacio e intenta analizar la obra en profundidad: qué pasajes no funcionan, si están logradas todas las escenas, si los personajes son consistentes, si el conjunto resulta equilibrado… Considera la posibilidad de modificarlo todo: ampliar algunas escenas, recortar otras, reescribir otras muchas. Este es probablemente el tiempo mejor invertido en tu libro, no lo dudes.

Pide una opinión… o, mejor, unas cuantas

Ha llegado el momento de empezar a mostrar tu obra. Pero no quieres equivocarte, por eso lo mejor es recibir algunas primeras impresiones que te ayuden a mejorar antes de lanzarte a intentar publicar tu libro. Considéralo como la fase beta de un proyecto antes de su lanzamiento.

Lo más importante es elegir bien a las personas con las que vas a compartirlo. Lo ideal es que sean varias, alrededor de cinco. Deben ser personas en las que confíes, lectores habituales y con buen gusto literario. Pídeles que te hagan el favor de leer tu manuscrito con cuidado y que te den su opinión más sincera, huyendo de adulaciones y sin omitir detalles. Explícales que sabes que les estás pidiendo una tarea laboriosa, pero que valoras mucho su opinión y crees que te pueden ayudar a mejorar.

Una vez recogidos todos los comentarios de esos primeros lectores, estúdialos minuciosamente y haz las modificaciones que te parezcan oportunas. No olvides hacer una lectura completa del manuscrito cuando hayas terminado, por si tienes que hacer algún cambio más que se te haya escapado al aplicar las sugerencias de esos primeros lectores (asegurarte de que ese cambio en un personaje se mantiene durante toda la obra, de que la cronología es coherente…).

Consulta a un profesional

Una vez tienes el manuscrito definitivo, es el momento idóneo para recurrir a un corrector profesional. Aunque ya hayas corregido el manuscrito exhaustivamente, lo más probable es que se te hayan pasado algunos errores de ortografía, puntuación, léxico, gramática… No te recomiendo que omitas este paso: un libro que contenga errores puede restarte credibilidad ante un posible editor o ante tus lectores. Incluso los escritores consagrados, con decenas de libros publicados, recurren a esta última revisión.

El propio corrector podrá aconsejarte sobre si te conviene una corrección ortotipográfica o una de estilo (que incluye la ortotipográfica). Déjate aconsejar por él y conseguirás un texto completamente libre de errores. Si necesitas que te asesoremos en este aspecto, no dudes en consultarnos.

Y llegó el momento de difundirlo

Tras varias fases de revisión, tu libro está listo para salir a la luz. Tienes varias opciones diferentes, y debes elegir cuál es el mejor camino para ti. Puedes presentarte a un concurso literario, buscar un editor que publique tu obra o contactar con una agencia literaria que te ayude a encontrar la mejor editorial, o tal vez la opción más recomendable para ti sea autopublicar. Estoy preparando algunos artículos sobre todas estas opciones, para que tengas más información sobre cada una de ellas. Tal vez te interese suscribirte al resumen mensual de contenidos, para asegurarte de que no se te pasa su publicación.

Solo tú puedes valorar cuál es la opción que más te conviene, por eso te recomiendo que estudies todas las posibilidades antes de elegir una vía, y que pienses también si escogerás una segunda o si seguirás insistiendo en la primera si no consigues tu objetivo pronto. Sé valiente, paciente y constante y verás tu sueño cumplido. ¡Mucha suerte!