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Cómo debe leer un escritor

Un escritor debe leer mucho y casi de todo, eso no lo duda nadie. Pero hoy en día parece que vivimos siempre con prisas y no tenemos tiempo para nada. Yo misma leo mucho menos de lo que me gustaría (y eso que soy con diferencia la persona de mi entorno que más lee), aunque suelo ponerme al día en vacaciones. ¿Cómo podemos hacerlo entonces, ya que tenemos poco tiempo para leer, para asegurarnos de que ese tiempo va a ser productivo? ¿Cómo debe leer un escritor?

Cómo debe leer un escritor

Apúntalo todo

He leído muchas veces el consejo de leer siempre con una pequeña libreta al lado, para apuntar toda clase de ideas: posibles argumentos para un relato que nos está evocando la lectura, una reflexión sobre lo que estamos leyendo, algo que nos ha llamado la atención…

Sin embargo, a mí personalmente ese consejo no me funciona. Soy una lectora itinerante, no solo leo en cualquiera de los rincones de mi casa, sino que también suelo llevar mi libro cuando salgo a la calle. Y, especialmente si estoy en la calle, no me viene bien cargar con una libreta. Ya llevo siempre encima mi libreta-agenda, y eso junto al libro, mis cosas e incluso ahora las cosas de mi hija pequeña hace todo mucho bulto. Así que te voy a explicar lo que hago yo.

Siempre llevo encima un lápiz de mina algo blanda. Cuando veo algo que me interesa en mi lectura, subrayo y hago una pequeña marca en el margen (a veces también una breve nota). Tengo mi propio código de símbolos: uno para los personajes interesantes, otro para las ambientaciones, otro para frases que me encanta cómo suenan… Siempre procuro que la marca sea fácil de borrar después, aunque la verdad es que últimamente me gusta que las marcas se queden en el libro. También llevo un papelito metido siempre entre las últimas páginas del libro, y ahí con el mismo lápiz simplemente voy apuntando las páginas que contienen alguna anotación o subrayado.

Cuando termino el libro, acudo a mi diario de escritura y dedico unos minutos (no suele llevarme más de media hora) a copiar sus datos y transcribir mis notas.

Por supuesto, esto es aún más fácil cuando leo libros electrónicos, ya que en ellos puedo subrayar sin pudor e introducir todas las notas que quiera.

Da igual el sistema que elijas, el caso es que tengas una manera de conservar las ideas que te inspiran tus lecturas.

Fíjate en lo que te gusta

¿Qué es lo que te ha cautivado de este personaje? A veces es un rasgo de su personalidad, que el autor ha sabido introducir muy acertadamente. En otras ocasiones es simplemente la manera de describirlos, o incluso su forma de hablar en los fragmentos dialogados.

Apunta también ambientes que te hayan llamado la atención, un personaje secundario cuya historia te atrae, o fíjate en por qué está tan bien planteada la estructura del relato.

Leer es una oportunidad para aprender técnicas de escritura. Especialmente si disfrutas el libro. Click Para Twittear

Reflexiona sobre lo que no te gusta

También de lo que no te gusta tienes mucho que aprender. ¿Por qué no te gusta? ¿Qué es lo que no funciona? ¿Cómo podrías hacerlo mejor o más interesante? No pases este ejercicio por alto: a menudo se aprende más de la mala literatura que de la buena. Intenta descubrir los errores que ha cometido el autor, y tal vez eso te ayude a no cometerlos tú cuando seas el que está escribiendo.

Utiliza tus lecturas para ejercicios de escritura

Este último consejo me parece muy interesante. Hay algunos días que uno no está del todo inspirado y le cuesta ponerse a escribir. Para esos momentos es genial poder hacer un pequeño ejercicio de escritura, a veces eso nos quita el óxido y nos da fuerzas para seguir escribiendo.

Para los ejercicios de escritura, no es necesario que acudas a ningún manual ni una página de internet (aunque los hay geniales). Utilizar un texto que has leído puede ser la mar de práctico. Te dejo algunas ideas sobre cómo utilizar una lectura reciente para hacer un ejercicio de escritura:

  • Elige una escena que te haya gustado y reescríbela, pero usando tu propio estilo.
  • Convierte una escena dramática en cómica cambiando la perspectiva.
  • ¿Qué pasaría si metemos a un personaje externo? Reescribe el fragmento, pero sustituye un personaje o añade otro, para ver cómo se modifican los hechos si también participan Hércules Poirot, Emma Bobary o Don Quijote de la Mancha.
  • Intenta resolver los fallos de un texto que no te ha convencido.
  • Desarrolla la historia de un personaje secundario que te haya resultado atractivo.

Aprovecha tus lecturas

A modo de conclusión, solo quiero recordarte que un buen escritor está siempre a la caza de materiales para sus relatos, y eso incluye el momento de leer a otros. Las lecturas que hacemos pueden ser una fuente de inspiración muy fructífera, ¡no la desaproveches!

Letras capitulares

¿No te pasa que te cautivan ciertos detalles de los objetos que amas? A mí me encantan los libros, y todos tienen su encanto, pero uno de los elementos que me enamora de un tomo en particular (y si lo descubro en una excursión a una librería, es casi seguro que acabaré comprándolo) son las letras capitulares. Me apasionan. ¿Quieres que te cuente algunas curiosidades sobre ellas?

letras capitulares

Una capitular es aquella letra de gran tamaño que aparece al principio de un libro, un capítulo o un párrafo, ocupando por lo general dos, tres o incluso más líneas.

El origen de este curioso elemento se remonta a la época romana. Los más antiguos textos romanos estaban escritos en letras capitales y scriptura continua (es decir, sin espacios entre palabras), lo que producía libros estéticamente muy homogéneos pero difíciles de leer. Para facilitar un poco la lectura, la letra inicial de cada párrafo se ponía al margen con un mayor tamaño, el de todo el párrafo.

Más adelante, esta escritura en letras capitales derivó en en letras unciales y semiunciales (más simples y redondeadas, y también más fáciles de escribir y más legibles), pero se mantuvo a costumbre de escribir en letra capital los titulares, las iniciales de los nombres propios y algunas palabras que se quisieran enfatizar. Las iniciales de párrafo también solían destacarse, en algunos libros incluso coloreadas y adornadas.

Durante la Edad Media se mantuvo el uso de capitulares ricamente adornadas. En este caso, la finalidad no era únicamente ornamental, sino que tenía una utilidad práctica: servía para ayudar a localizar pasajes concretos dentro del libro. Ten en cuenta que a menudo estos libros se leían por monjes en salas con una iluminación muy pobre, de modo que estas capitulares servían de gran ayuda. Por este mismo motivo, a veces el diseño de estas capitulares no se limitaba a motivos florales o geométricos, sino que se hacía con elementos relacionados con el contenido del pasaje. Ya no se usaban en cada párrafo, sino solo en lugares importantes del texto.

Con la invención de la imprenta, no desapareció la costumbre de iluminar los manuscritos: el impresor respetaba ciertos huecos que se completaban gracias a la inserción de dibujos a mano, al principio, y más tarde de un grabado hecho a partir de una pieza de madera que se utilizaba de forma semejante a los tipos de la imprenta. Posteriormente se realizarían también grabados en metal. Algunos de estos grabados se convirtieron en auténticas señas de identidad de imprentas de gran renombre y siguen siendo imitados en nuestros días.

Poco a poco, el uso de capitulares se fue simplificando (con la desaparición del coloreado posterior, por ejemplo) y reduciendo. En primer lugar, el coloreado y adorno de las capitulares suponía una inversión de tiempo para decorar el manuscrito que era contrario a la rapidez de la imprenta; por otra parte, la tendencia a economizar los costes (tanto el de creación del grabado como la inversión en tinta) obliga a prescindir cada vez más de estos elementos. Por ello, finalmente el uso de las capitulares acabó siendo algo extraordinario que se limitó a las ediciones de lujo.

Hoy en día la situación sigue más o menos igual: el empleo de las capitulares no es habitual en la mayoría de ediciones, pero su uso crea libros más hermosos y cuidados.

Las capitulares son mi pasión, me encanta observar el cuidado de sus trazos y el equilibrio de su diseño. Desde que a los diez años me enamoré de las capitulares de La historia interminable (mi primer gran libro) siento fascinación por estos delicados elementos. ¿Y tú? ¿Hay algún elemento especial que te cautive en un libro?

Qué debe leer un escritor

Si sientes el gusanillo de la escritura, si aspiras a publicar tus obras y a que muchas personas puedan leer lo que escribes, seguramente has disfrutado antes con la lectura. Doy por hecho que te gusta leer, y quieres que tus lectores disfruten al leerte como tú lo has hecho con tus autores favoritos. ¿Quieres saber qué debe leer un escritor si quiere ser mejor?

Qué debe leer un escritor

Lee los clásicos

Seguro que esperabas que te dijera esto. Pero es que los clásicos se han convertido en clásicos por algún motivo. Todo escritor que se precie debe conocer las grandes obras de la literatura universal (y, si quieres escribir novelas o relatos, también los grandes clásicos de la narrativa contemporánea). Puedes aprender mucho de ellos, de sus historias inmortales y su trabajada técnica.

¿Por dónde empezar? ¿Qué  clásicos debes leer primero? Hay muchas listas, y no voy a comenzar yo una nueva. Como ejemplos, te invito a que curiosees la lista de libros imprescindibles que Ernest Hemingway escribió para Arnold Samuelson o este conocido libro con 1001 títulos recomendados.

Lee a los maestros del género

Además de los clásicos universales, deberías conocer bien la obra de los escritores más reconocidos del género que quieres escribir. Por ejemplo, si lo que te interesa es la novela negra deberías lees a Raymond Chandler, Agatha Christie, Edgar Allan Poe, Dashiel Hammet, Patricia Highsmith, James M. Cain… y también a algunas novelas del género por autores españoles, como Antonio Muñoz Molina, Eduardo Mendoza o Andreu Martín.

Investiga cuáles son los autores fundamentales del género que te interesa y léelos a todos para empaparte de las claves del género y aprender de su técnica.

Lee best-sellers

Yo no soy muy amiga de los éxitos de ventas. Siempre menciono que, tras varios años leyendo que mis alumnos universitarios citaban en la encuesta de principio de curso cierta obra como su favorita, decidí leerla y me decepcionó muchísimo. A menudo estos grandes éxitos tienen mucho de marketing y no siempre son tan buenos como parece, pero el caso es que han tenido éxito por algún motivo, y si lees algún best-seller del género que te interesa tal vez aprendas algún truco para enganchar al lector.

Lee historias similares

Si tu protagonista cae enfermo, tal vez te ayude leer una novela en que haya un personaje que enferme para observar cómo se describen los síntomas. Puede que eso te ayude dándote algunas ideas. O si uno de tus personajes está pasando por un divorcio, lee algún relato que trate el tema.

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Lee mala literatura

A todos nos resulta fácil detectar cuándo una obra no funciona. Por eso, precisamente, un escritor debe leer de vez en cuando alguna obra mala, o al menos leer algunos capítulos antes de abandonar la lectura. ¿Qué es lo que falla? ¿Los personajes no son creíbles? ¿El ritmo es demasiado lento o demasiado acelerado? ¿La prosa es repetitiva? ¿Crees que sobran o faltan cosas? ¿La redacción es alambicada y barroca, o tal vez poco cuidada? Piensa cómo lo solucionarías tú y aprenderás algo útil para tu escritura.

Lee todo lo que caiga en tus manos

En resumen: si te gusta escribir, lee mucho, lee obras de todo tipo, lee todo lo que caiga en tus manos. Cuanto más leas, más herramientas tendrás para poder utilizar cuando seas tú el que se ponga a escribir.

En una próxima entrada hablaré de cómo debe leer un buen escritor para sacar el máximo provecho a lo que lee. ¡No te lo pierdas!

Hasta entonces, ¡felices lecturas!

Entre las páginas de un libro

Te encantan los libros, y de hecho te encantaría escribir uno (o tal vez incluso ya lo estés terminando). Lo importante es el contenido, por supuesto, tu historia, ese argumento en el que tanto has trabajado. Pero un libro no es solo su contenido, sino que también tiene un formato, una especie de envoltorio que lo convierte en el objeto que todos conocemos. Ya te hablé hace algunos días de los nombres de algunas de las partes del libro si lo miramos por fuera, y hoy le toca su turno al interior. Si te fijas en cualquier libro de tu biblioteca, además del texto en cuestión hay una serie de páginas especiales antes y después del mismo. Todas ellas tienen un nombre que a los profesionales nos sirven para identificarlas y distinguirlas. ¿Quieres saber cuáles son?

Entre las páginas de un libro

El último nexo con la encuadernación: las guardas

Cuando abrimos un libro, si este es de tapa dura, lo primero que observamos son las guardas, que son, en realidad, un objeto intermedio, pues, aunque solo son visibles al abrir el libro, son en realidad el último elemento de la encuadernación: unas hojas, generalmente de papel distinto (en el gramaje y en el color o imagen impresa) al papel que se ha usado en el cuerpo del libro, que se colocan dobladas por la mitad y unen el libro a la tapa. No encontramos guardas más que en la encuadernación en cartoné, aunque existen algunas ediciones en rústica con diseños muy interesantes para simularlas.

Un elemento curioso que podemos encontrar en las guardas son los ex libris, unos sellos o estampas que sirven para marcar la propiedad de un volumen y que, en algunos casos de ejemplares con cierta antigüedad, se van acumulando como una especie de pasaporte del libro, que nos cuenta en qué lugares ha vivido y a qué bibliófilo ha pertenecido.

Páginas en blanco

Tras las guardas, es habitual hallar las hojas de cortesía: una o varias hojas en blanco (el número aumenta en las ediciones de lujo) que se dejan al principio y al final del libro.

Preliminares del libro

A continuación, lo normal es encontrar una página impar impresa (pero sin numerar) que incluye el título de la obra y el autor, y a veces también la colección en que se incluye. Es la anteportada o portadilla, con caracteres menores a los de la portada, que es la siguiente página impar (también sin numerar). En la portada el tipo de letra es mayor y la información más completa: en ella constan el nombre completo del autor o autores, el título completo del libro, la editorial con su correspondiente logotipo y la colección. A veces consta también el año y lugar de impresión. Es curioso que muchas personas confunden la portada con la cubierta, y llaman a esta última con el nombre de un elemento interior del libro.

Libro abiertoDetrás de la portada, en página par (y también sin numerar), está la hoja legal, que incluye los créditos de autoría, traducción, edición, imágenes, diseño, impresión… además de otros datos que conciernen a la edición: número de edición o de reimpresión, año y lugar de la edición. También se encuentran en esta página los elementos legales, como el titular de los derechos de autor, la legitimidad o no de la reproducción total o parcial de la obra, el ISBN y el depósito legal.

La siguiente página impar (y también sin numerar) es el lugar más habitual para la dedicatoria, mención especial por parte del autor a una persona o una institución a la que se dedica la obra.

El contenido también tiene sus partes

En ocasiones encontramos cierto contenido preliminar que precede al cuerpo de la obra. El prefacio, prólogo o introducción es un texto que puede estar elaborado por el autor (que desea presentar su libro antes de entrar en materia), por el editor (constituyendo, así, toda una declaración de intenciones) o por una persona ajena a la obra y a su edición, pero de reconocida solvencia en la materia del libro de una forma general, que lo avala con sus palabras. Los  agradecimientos suelen colocarse con bastante libertad, con frecuencia después del prefacio o al final del mismo, si este está escrito por el autor de la obra. Se trata de menciones especiales a personas o instituciones que han contribuido al proceso de elaboración o publicación.

A todo ello sigue el cuerpo de la obra, que es la parte principal del libro. Puede estar dividido en partes, bloques, capítulos… dependiendo del tipo de texto y su estructura.

El cuerpo de la obra puede estar seguido de un epílogo, parte añadida al final del libro que contiene alguna información añadida.

Elementos adicionales

Tras estos elementos, podemos encontrarnos algunos más, dependiendo del libro. Los apéndices o anexos aportan informaciones o documentos complementarios al cuerpo de la obra y por ello se añaden al final de la misma. Los glosarios son anexos específicos en que se definen y comentan algunos de los términos empleados en el cuerpo del texto. Finalmente, la bibliografía consiste en una enumeración de las obras consultadas por el autor para la elaboración del libro o que pueden ampliar el contenido de este.

Y, para cerrar el contenido del libro…

En España, si la obra es literaria el índice se suele localizar al final (a diferencia de los países de cultura anglosajona). Sin embargo, los manuales, las obras técnicas y las científicas suelen ubicarlo al comienzo. El índice presenta los contenidos de forma ordenada según la estructura lógica del libro, indicando la página exacta donde se ubica cada uno de ellos. Puede ser único o ir acompañado de otros índices adicionales (de materias, de ilustraciones, de personajes…), los cuales sí suelen ubicarse en cualquier caso en las páginas finales del libro.

Por último, algunas obras incluyen un colofón, anotación que constituye la última página impresa, donde se detallan algunos datos de la impresión (fecha, lugar y nombre de la imprenta). En la tradición impresora católica es frecuente introducir una referencia al santoral de ese día, y, a veces, terminar con la locución latina «laus Deo» («gloria a Dios»), por lo que, a menudo, el colofón se denomina alternativamente laus Deo.

¡Y eso es todo!

Para terminar, un último dato curioso. Entre los profesionales de la maquetación se suele llamar, jergalmente, «tripa» a todo el interior de un libro. No obstante, dado que se trata de una expresión de un uso tan específico, no es recomendable emplearla, por ejemplo, en la hoja legal (aunque en alguna ocasión lo hemos encontrado).

¿Sabías que un libro tenía tantas partes? ¿Las conocías todas?

Por qué debes apuntarte a un club de lectura

Leer es apasionante, no creo que tenga que convencerte de ello. Sin embargo, también tiene sus desventajas. Sobre todo, que leer requiere que pases bastante tiempo a solas ocupado únicamente con un libro, y eso puede ser un obstáculo para tu vida social.

La lectura es una afición solitaria. Y escribir, mas aún. Click Para Twittear

Para remediar este problema, puedes apuntarte a un club de lectura.

Por qué debes apuntarte a un club de lectura

Qué es un club de lectura

Un club de lectura es un grupo de personas que se reúnen periódicamente para compartir sus impresiones sobre un libro. Los miembros del club leen en casa esa obra, cuyo título se ha pactado con anterioridad, y en la reunión correspondiente se realiza un debate.

Las reuniones del grupo suelen estar dirigidas por un moderador, que se encarga de dirigir el debate para que no decaiga, lanzar preguntas, organizar los turnos de palabra o mediar en las posibles disputas.

Algunos clubs tienen una dirección fija: los que se forman en algunas librerías, por ejemplo, suelen hacerlo en torno a un entendido en literatura o un escritor local. Otros clubs van cambiando de moderador en cada reunión, por turnos, de modo que al cabo de un tiempo todos los miembros del grupo han moderado alguna sesión.

Ventajas de apuntarte a un club de lectura

Como lector, unirte a un club de lectura puede aportarte muchos beneficios:

  • Te permitirá hacer vida social sin abandonar tu afición, y conocer a personas con intereses afines al tuyo.
  • Puede brindarte la oportunidad de conocer libros diferentes, que probablemente nunca habrías leído de otro modo, y descubrir otros géneros.
  • Te ayudará a a desarrollar el sentido crítico, a expresar opiniones más allá del «me gusta» o «no me gusta» y a juzgar cada uno de los aspectos de un libro de forma independiente. Como lector, esto supone un enriquecimiento enorme.
  • Hacer varias lecturas en una. Yo soy una gran relectora. Me encanta volver a leer libros cuya lectura ya he disfrutado en el pasado, así que de vez en cuando vuelvo a mis títulos favoritos. Y lo que más me gusta es que cada vez que los leo es diferente: cambian mi grado de madurez, mis preocupaciones y mis intereses, y a menudo descubro matices o interpretaciones nuevos que antes se me habían pasado. Pertenecer a un club de lectura te da la oportunidad de recopilar impresiones muy diferentes de distintos lectores sin necesidad de leer ese libro varias veces.
  • Hallar una motivación para leer. Aunque te guste leer, a veces la rutina diaria va demasiado deprisa y se te pasan los días sin haber leído una sola página. Apuntarte a un club de lectura puede ser el estímulo que necesitas para leer, al menos, las páginas que habéis pactado.

Además, como escritor también puedes obtener algunas ventajas más:

  • Conocer la opinión de lectores sobre determinado tipo de escenas. Puedes, simplemente, lanzar la pregunta al grupo: «¿qué os pareció cuando el protagonista…?» o «¿creéis que hay demasiadas descripciones en la primera parte?».
  • Encontrar un foro donde divulgar tus escritos. Aunque debes hacerlo con prudencia. Todos huimos del autobombo, y se suele detectar con mucha facilidad si una persona acude a un grupo en busca únicamente de su beneficio. Sin embargo, si participas activamente en las reuniones aportando tu punto de vista puede que entables cierta amistad con otros lectores que se ofrecerán gustosos a darte su opinión sobre tu último relato.
  • Puede ser una fuente de inspiración. Un escritor nunca descansa, y un club de lectura, como cualquier otro grupo humano, puede proporcionarte ideas para tus historias: describir a un miembro del grupo cuyo físico sea peculiar, intentar ilustrar con palabras los matices de un tono de voz o imaginar la vida privada de las personas allí reunidas.

Dónde encontrar tu club de lectura

Si ya estás decidido a apuntarte a un club de lectura pero no sabes dónde encontrarlo, has de saber que tienes varias opciones. La mayoría de las bibliotecas públicas acogen a uno o varios clubs de lectura. También algunas librerías promocionan esta actividad, así que pregunta en tu favorita. Si tienes amigos lectores, podrías tantear la posibilidad de organizar vosotros vuestro propio club de lectura. Finalmente, también existe la posibilidad de apuntarte a un club de lectura online: hay grupos en las redes sociales y en algunos blogs.

Antes de decidir cuál es el que te conviene más, ten en cuenta algunas cuestiones:

  • ¿Con qué periodicidad se reúnen? Tienes que estar seguro de poder acudir a la mayoría de las reuniones.
  • ¿Qué volumen de páginas suelen leer? Por muy interesante que te parezca el grupo, de nada sirve apuntarte si no eres capaz de mantener su ritmo.
  • ¿Qué tipo de libros se leen? Hay clubs de lectura que se decantan por la ficción contemporánea, otros prefieren los clásicos, otros se centran en un género o un autor en particular. Ten esto en cuenta a la hora de tomar tu decisión.
  • ¿Cómo se eligen las próximas lecturas? Entérate de si se eligen por votación y de quién puede proponer un nuevo título.

¡Apúntate!

Pertenecer a un club de lectura puede ser una actividad muy interesante. En este artículo he intentado exponerte algunas de sus principales ventajas. ¿Te animas a apuntarte a uno? ¡No te arrepentirás!