Archivo de la categoría: Escribir

Cómo ambientar tu novela en el tiempo y el espacio

La ambientación de una novela es casi tan importante como un argumento interesante y unos personajes peculiares. Si la localización espacial que rodea a una historia no es convincente, o si hay anacronías en la ambientación temporal, toda la historia perderá fuerza. ¿Sabes cómo ambientar tu novela correctamente?

Cómo ambientar tu novela

Todas las historias tienen un espacio y un tiempo

Pues sí, eso es lo primero que debes tener en cuenta. Todas las historias tienen un espacio y un tiempo, aunque se trate de tu propia ciudad y de la época actual. Por supuesto, esta ambientación te facilitaría las cosas, ahorrándote mucho tiempo de investigación. Sin embargo, también tiene sus desventajas: es difícil ser imparcial con lo que conoces demasiado bien, y puedes dar cosas por hechas en tus descripciones. Además, te resultará más difícil librarte de la etiqueta de «historia autobiográfica». Aunque la mayoría de estos consejos están enfocados en ambientaciones diferentes, algunos de ellos también te servirán si eliges el lugar y la época que mejor conoces.

Investiga

El primer consejo y más importante es este: investiga. Tanto si eliges una época histórica diferente a la tuya o una ciudad exótica como si escribes sobre algo que te es más cercano, tú debes conocerlo todo sobre el espacio y el tiempo elegidos para poder conseguir una ambientación verosímil.

Tú debes saberlo todo, absolutamente todo: qué marca de tabaco fumaban los jóvenes en aquella época, qué música se escuchaba o cómo era una típica taberna; si el lugar es lo que varía tienes que documentarte al detalle, conocerlo como si tú fueses un habitante de aquel lugar.

Si la historia se desarrolla en la actualidad, puedes recurrir a la función Street View de Google Maps para ayudarte con tus localizaciones; si es en el pasado deberás hacerte con mapas y crónicas. ¡No te conformes con unas pocas indicaciones de la Wikipedia!

Si no puedes documentarte al detalle, cambia de idea

Si tus conocimientos sobre la época en que tienen lugar los hechos o sobre el lugar donde se desarrollan son limitados, mejor olvídalo. Esa carencia se va a notar en tu texto, aunque no lo creas. Muchísimos relatos con un buen argumento y unos personajes interesantes pierden fuerza exactamente por este punto.

Ten en cuenta el clima y la vegetación

El clima y la vegetación son una parte muy importante de la ambientación. ¿Ve árboles el protagonista al salir a la calle? ¿De qué tipo? ¿Cómo son sus copas? ¿A qué huelen? ¿Hacía frío, lloviznaba, nevaba? Esto es especialmente importante si ambientas tu novela en otra época histórica. No olvides comprobar si hubo una terrible sequía aquel año o tal vez lluvias e inundaciones. Te sorprendería saber cuánta gente comprueba si este tipo de datos son ciertos.

Si creas, sé exhaustivo

Después de lo explicado arriba, tal vez pienses que merece más la pena situar tu obra en una ciudad imaginaria o en un tiempo indeterminado. Es una opción, por supuesto, aunque no creas que debes ser menos exhaustivo. Tú debes saberlo todo sobre el espacio y el tiempo en que se desarrolla tu historia. Da igual si tienes que buscar esa información entre libros o si la creas tú desde cero: el caso es que tiene que ser información en tu poder.

No es una clase de historia ni una guía de viajes

Algunos escritores noveles se documentan a conciencia, pero luego cometen el error de volcar todo lo que saben en el texto.

La novela ha de ser como la punta de un iceberg: mostrar solo una pequeña parte de lo que sabes. Click Para Twittear

Ten cuidado con convertir tu novela en una clase de historia o en una guía de viajes. No olvides que lo que importa es lo que estás narrando, y la ambientación es un complemento, como la guarnición de un buen plato, que si falla puede arruinarlo pero no debe restarle protagonismo a lo más importante.

No seas prolijo en tus descripciones

La norma general sería esta: no te extiendas demasiado a la hora de describir. Elige algunos elementos que te parezcan llamativos y no cuentes el resto. Si describes algo con todo detalle, ha de ser por una razón, debe ser importante para la historia.

Por supuesto, evita la monotonía. Hace poco me tocó corregir una novela cuyo autor aplicaba la técnica del barrido: cada vez que el personaje llegaba a una ubicación nueva, el narrador describía el lugar con todo detalle de izquierda a derecha. Resultaba aburridísimo.

El salto temporal es un gran recurso

No tienes por qué contar cómo se dirige el protagonista desde su casa hasta el trabajo. Si ha quedado con alguien, no tienes por qué mostrar cómo se desplaza hasta el lugar de la cita, ni siquiera cómo se saludan o qué piden en el bar. Sitúalos ya sentados a la mesa y ahórrate aburridas descripciones que no llevan a nada. Tu ambientación, en este caso, se reducirá a pequeñas pinceladas sobre el entorno dosificadas a lo largo del diálogo, algo mucho más llevadero y equilibrado que una larga descripción seguida de una conversación acompañada solo de acotaciones tipo «dijo» y «respondió».

Utiliza los sentidos

Un error muy frecuente es limitar las descripciones a lo visual. Hay que describir lo que se ve, por supuesto, pero no olvides los demás sentidos. ¿A qué huele? ¿Hay mucho ruido? ¿Hace frío? ¿Qué siente el personaje al tocar aquel sillón? ¿Cómo sabe el desayuno? Son detalles importantes que te ayudarán a enmarcar los hechos con un contexto realmente auténtico.

¡Oh, qué casualidad!

Dejo para el final una crítica a una técnica que personalmente me pone de los nervios. No falla: si la novela está ambientada en la España del Barroco, más tarde o más temprano acaban saliendo, aunque sea de pasada, Lope de Vega, Velázquez o Quevedo. ¡Me da una rabia! Que no digo yo que no sea posible, pero ya es mucha casualidad.

Hay novelas en que el encuentro casual se produce justo al principio. ¡Aún más casualidad! El protagonista llega a Madrid, entra en una taberna y ¡zas!, se encuentra con Quevedo. Para que lo veas con perspectiva, es como si te digo que la semana pasada viajé a Nueva York y en el primer restaurante al que entré coincidí con Robert de Niro. Puede pasar, por supuesto, pero ya es casualidad. Sin embargo, no es menos llamativo si el encuentro se produce al final. Me fui a Nueva York cuatro días y el último me tropecé en la calle con Robert de Niro. ¿Te has parado a pensar cuánta gente viaja a diario a Nueva York y no llega nunca a conocer a este actorazo?

Antes de introducir uno de estos encuentros casuales en tu novela, piénsalo bien. Justifícalo. ¿Tiene sentido? No lo metas solo porque sí.

Y ahora, ¡a escribir!

Después de todos estos consejos, te queda llevarlos a la práctica. ¿Qué tal si escribes un pequeño relato ambientado en otra época o en otro lugar? La única manera de aprender estas técnicas es aplicarlas una y otra vez, hasta que nos salgan con soltura. ¡Mucha suerte!

Cómo dar vida a tus personajes

Los personajes son un elemento esencial de toda narración. Tener un buen argumento es fundamental para conseguir una obra interesante, pero son los personajes los que van a darle vida a ese argumento. Tenemos que lograr que capten la atención del lector, que este se identifique con ellos o que los odie, y por encima de todo que resulten convincentes. ¿Quieres algunas ideas sobre cómo conseguir crear personajes inolvidables? ¡Pues sigue leyendo!

Cómo dar vida a tus personajes

Tipos de personajes

Antes de comenzar con los consejos para crear buenos personajes, quiero dejar claros los distintos tipos de personajes que aparecen en una novela.

En primer lugar, los personajes principales son aquellos en torno a los que se realiza la acción de la novela. Dentro de los personajes principales, se distingue entre los protagonistas, que desempeñan una función fundamental en el relato, y los antagonistas, que de alguna manera se oponen a los protagonistas o están en conflicto con ellos.

Los personajes secundarios son menos significativos dentro de la trama general del relato, pero aún tienen cierta relevancia para la acción. Se suelen dividir en ayudantes (cuando colaboran con los protagonistas para la resolución del conflicto) y oponentes (cuando más bien suponen un obstáculo para los objetivos del protagonista).

Finalmente, tenemos los personajes fugaces o de relleno, que son muy poco relevantes, de modo que su participación suele limitarse a unas pocas escenas.

Dales un buen nombre

En cualquier novela aparecen unos pocos personajes principales, varios secundarios y un buen puñado de personajes de relleno. De unos proporcionaremos más detalles y de otros menos, pero la mayoría de ellos van a ser, al menos, mencionados. Por eso el nombre que les proporciones es tan importante.

Hay distintas opciones a la hora de elegir un nombre para tus personajes:

  • Por cómo suenan: a veces puede resultar interesante que tus personajes tengan nombres hermosos, sonoros y evocadores, como Petunia Vivanco o Víctor Fuentefría.
  • Por lo que significan: los nombres de los personajes pueden hablar de su carácter. Un hombre muy fuerte puede llamarse Sansón, una niña inocente llevará el nombre de Dulce, una anciana piadosa será Rosario. También el nombre puede evocar el significado contrario, de manera irónica: la despiadada villana puede llamarse Caridad Bueno.
  • Intenta elegir nombres que no se confundan fácilmente con otros de la novela, y no abusar de los recursos que acabo de indicarte.

Muestra, no lo cuentes

Cuando describas a tus personajes, intenta seguir la máxima «muestra, no lo cuentes». En lugar de explicar que tu protagonista era una persona insegura, preséntalo en una situación en que no sea capaz de demostrar su carácter. Si has de hablar de un personaje que es un mujeriego, demuestra en una escena su capacidad para seducir a una de sus conquistas.

La acción hace avanzar la novela, la descripción la ralentiza. Click Para Twittear

Limítate a lo relevante

Un típico error de principiante es ser demasiado exhaustivo a la hora de describir a los personajes. El lector no necesita saber todo sobre ellos. No tienes por qué explicar con todo detalle la forma de sus ojos, la longitud de su cabello y cada prenda de su indumentaria.

En primer lugar, porque esto resultaría muy pesado si lo haces con cada personaje de tu novela: la monotonía puede hacer que tus lectores se cansen de leer, ¡y eso es justo lo que menos quieres!

Además, a los lectores nos gusta imaginar a los personajes, y, aunque no lo creas, cuantos más detalles proporciones más compleja resulta esta tarea. Haz la prueba: si los rasgos físicos que das sobre un personaje son sus ojos aceitunados, un mentón prominente y una ligera cojera en la pierna derecha, no te resulta difícil imaginarlo. Sin embargo, si detallas la longitud, grosor, color y aspecto de su cabello, la forma de su frente y su nariz, el tamaño de sus orejas… cada vez resulta más complicado retener todos los detalles en la cabeza para crear esa imagen mental.

Por otra parte, no todos los personajes son igual de relevantes. Evidentemente es más importante la descripción del protagonista que la de un personaje secundario, así que en este último no son necesarias más que unas breves pinceladas.

Por último, incluso en el caso del protagonista, no tienes por qué explicarlo todo de una vez. Piensa que si te dedicas a describir con todo detalle su aspecto en su primera aparición en la novela, ralentizarás la acción y le restarás importancia. Como ya habíamos hablado de la importancia de presentar a los personajes en acción («muestra, no lo cuentes»), tal vez sería una buena idea ir proporcionando este tipo de datos poco a poco, diseminados en los primeros capítulos.

Cómo habla un personaje

Como lo importante es la acción («muestra, no lo cuentes»), algo que sí es importante es que tengas claro cómo habla tu personaje. ¿Tiene un tono de voz agudo o grave? ¿Es agresivo al hablar o suele dejarse intimidar? ¿Dice palabrotas? ¿Tiene alguna muletilla? ¿Cómo se expresa? ¿Suele dar rodeos para contar las cosas? ¿Tiene mucho vocabulario?

Si todos los personajes en tu novela hablan igual, es que no has sabido retratarlos. Click Para Twittear

También es importante que sepas cómo interaccionan los personajes entre sí. Uno no habla igual cuando está frente a su jefe que con la cajera del supermercado o ligando en la parada del autobús. Ten esto en cuenta a la hora de escribir los diálogos.

La motivación y el motor

Para que los personajes de tu historia resulten convincentes, has de tener claro que necesitan una motivación y un motor.

La motivación es el objetivo principal que tiene ese personaje a medio o largo plazo. ¿Cuál es su principal meta? Tal vez sea recuperar a su hijo perdido, o triunfar en la política, o encontrar el amor. El motor, sin embargo, es la necesidad urgente que los mueve en una escena determinada, lo que pretende conseguir con su acción inmediata, por ejemplo, un personaje puede tener como motor en una determinada escena no llegar tarde a una cita.

Recuerda siempre que todos los personajes tienen un motor en cada escena. Un error que cometen muchos escritores principiantes es olvidar que incluso los personajes de relleno tienen un motor, y a veces esa es la causa de que resulten poco convincentes.

Por ejemplo, puedes presentar a tu protagonista en una cafetería esperando a un amigo al que va a pedir dinero. El motor del protagonista es conseguir un préstamo que necesita; el amigo, sin embargo, se había alegrado al recibir su llamada porque quería contarle los problemas que tenía con su novia; el camarero de la cafetería está deseando que acabe su turno para meterse en la cama porque está un poco resfriado; la señora de la esquina busca desesperadamente entablar conversación con alguien porque vive sola y no tiene quién la escuche; el señor de la otra mesa, sin embargo, solo quiere tomarse su café para entrar en calor.

Da igual si no participan activamente en la escena, debes saber siempre qué mueve a tus personajes. Click Para Twittear

Incluso un personaje de relleno debe estar ahí por algo. Da igual si los has puesto solo porque la cafetería no puede estar vacía, tú debes saber qué los impulsa a actuar para que su participación en la escena, sea breve o intensa, resulte verosímil.

Crea personajes convincentes

Espero que estos consejos te hayan resultado interesantes y te ayuden a crear mejores personajes. Existen, además, una serie de herramientas que pueden ayudarte a crear personajes (la ficha, el mapa, el banco de fotografías…), pero a ellas me dedicaré en futuras entradas. Hasta entonces, ¡no dejes de escribir!

Narración para principiantes: el punto de vista y el narrador

En el milenario arte de contar historias hay algo mucho más importante que la historia que se cuenta: cómo contarla. Una anécdota poco original relatada por un narrador hábil y experimentado puede engancharnos sin remedio, y sin embargo la falta de pericia del escritor puede arruinarnos hasta la trama más interesante. Hoy voy a hablarte de las opciones que tienes para elegir un punto de vista para narrar: los distintos tipos de narrador.

El punto de vista y el narrador

Sigue leyendo

Narración para principiantes: el tema, la estructura y el argumento

En la escritura, como en todas las artes, hay una falacia que se ha convertido en creencia general: que las obras maestras son fruto, simplemente, del talento y la inspiración. Y aunque es verdad que nunca viene mal un toque de pura genialidad, el mayor mérito del escritor suele estar en su constancia en el trabajo y su conocimiento de las herramientas que utiliza. Por eso, voy a abordar en diversos artículos algunas claves de la técnica narrativa que debes conocer. Hoy les toca el turno a varios elementos relacionados con la acción: el tema, la estructura y el argumento.

 Narración para principiantes: el tema, la estructura y el argumento

Narrar es contar una historia, una acumulación de acontecimientos, situándolos en el espacio y en el tiempo creando todo un universo ficcional.

Lo esencial en la narración es la acción: tiene que haber una historia, tiene que pasar algo. Click Para Twittear

Esa acción a la que nos referimos se fundamenta en un tema, y puede desarrollarse en distintos argumentos según diversas estructuras.

El tema y la premisa

El tema es el eje de un relato, el concepto en torno al cual gira nuestra historia, que lo estructura. Lejos de ser algo concreto, el tema es un concepto abstracto, y debe poder representarse en una sola palabra. No nos limita a un espacio ni a un tiempo determinado: partiendo de un mismo tema podemos plantear infinitas historias.

Algunos posibles temas, para que puedas hacerte una idea, son el amor, el odio, el dolor, la ambición, los celos, el narcisismo, la angustia, la ira, la infertilidad, la hipocondría, el heroísmo, la crueldad…

El tema de nuestro relato es el fruto de reducirlo a una única palabra. Click Para Twittear

Partiendo de ese tema, el escritor plantea una premisa. La premisa es el fruto de aportar determinado punto de vista elegido por el autor al tema previamente establecido. Define su postura, y debería poder formularse en una sola frase.

Algunos posibles ejemplos: partiendo del amor, podemos plantear premisas como «el amor supera todos los obstáculos», «el amor verdadero es muy difícil de encontrar», «el amor puede tornarse en obsesión» o «el amor no tiene edad»; partiendo del narcisismo, «el narcisismo altera la percepción de uno mismo» o «el narcisismo lleva a la soledad y la autodestrucción»; si nuestro tema es la infertilidad, podemos sacar «la infertilidad pone a prueba al amor» o «la infertilidad puede destruir a una mujer». Todos estos ejemplos son premisas de obras reales que he leído últimamente.

Como puedes observar, la premisa no cuenta ninguna historia, aunque ya nos da algunas pistas. Puede que al leer algunas de las premisas anteriores tengas claro qué tipo de historia hay detrás, o puede que no. La importancia de la premisa no reside en los datos que nos aporta sobre la historia, sino en que contribuye a su coherencia.

El tema y la premisa no son necesariamente el punto de partida para escribir una novela, pero el autor debería fijarlos relativamente pronto para plantear la estructura y el desarrollo de la obra en torno a ellos. Todos los elementos de nuestro relato deberían acabar conduciéndonos a la premisa directa o indirectamente.

La estructura

La estructura es el armazón externo según el cual se organiza nuestro relato. Es la forma, el cómo contamos una determinada historia. Es una buena idea plantearse qué tipo de estructura queremos desarrollar antes de comenzar a escribir: a menudo se nota la inexperiencia de un escritor novel en el desarrollo de una estructura poco cuidada.

Un texto narrativo puede atender a diferentes estructuras:

Estructuras según su arranque

El planteamiento de la narrativa tradicional organiza los episodios en una estructura tripartita: planteamiento, nudo y desenlace. Todo comienza por una situación estable que alguna fuerza perturba y de ello resulta un estado de desequilibrio; por la acción de una fuerza dirigida en un sentido inverso, un nuevo equilibrio se establece, nunca idéntico al primero.

También podemos encontrar un comienzo in media res (se prescinde de la presentación y comienza la narración directamente por el conflicto) o incluso comienzo in extrema res (se inicia el relato por el final de la historia).

Estructuras según su forma de composición o desarrollo

La estructura puede ser lineal (el relato se organiza de forma cronológica, contando una historia desde el principio hasta el final) frente a la episódica (sucesión y yuxtaposición de hechos más o menos aislados, como en El lazarillo) o la simétrica (dos o más historias que se presentan de forma paralela porque convergen en su desenlace o responden a un eje temático común).

Estructuras según su cierre

Dependiendo de la forma en que finaliza el relato, la estructura puede ser cerrada (el desarrollo sigue un camino marcado y termina en un desenlace que aporta una conclusión a la trama principal y a todas las subtramas) o abierta (el final deja algunas tramas sin una conclusión clara, de forma que resulta una obra fácilmente susceptible de continuación). También encontramos la estructura circular (al final de la narración se produce un encuentro con el punto de partida, el inicio del relato).

De la historia al argumento

¿Tienes ya la idea para tu novela? Si la desarrollas todos los hechos de forma lineal, desde los primeros acontecimientos que lo originaron todo hasta las últimas consecuencias, tienes la historia que se narrará en la novela. Algunos escritores con poca experiencia cometen el error de pensar que eso es todo, que ahí está la novela. Pero no lo olvides:

Escribir no es simplemente contar una historia: es sobre todo cómo contarla. Click Para Twittear

Tras desarrollar la historia principal, tendrás que hacer lo mismo con las historias secundarias, esas que suceden paralelamente a la primera y que le sirven de complemento o de ambientación.

Cuando las tengas todas, deberás seleccionar qué partes de la historia son relevantes para ser contadas. No todos los hechos son importantes: puede que te interese omitir cómo llegó tu protagonista desde España a Polonia a mitad de la historia. Tú debes saberlo, pero has decidido no contarlo porque no aporta mucho a la historia, o quizás en vez de narrar cómo compró los billetes de avión, preparó la maleta y se fue al aeropuerto prefieres presentarlo ya en el aeropuerto de destino. Haz esto con la historia principal y las secundarias.

Si ordenas los hechos que has seleccionado tal y como aparecerán en la novela, siguiendo una determinada estructura, tendrás la trama principal y cada una de las subtramas. Todo ello unido y entrelazado dará, por fin, el argumento de la novela. Puedes ver un ejemplo en el esquema que encontrarás a continuación.

De la historia al argumento

La técnica de la escaleta

Las indicaciones que acabo de darte son los primeros pasos para una conocida técnica de escritura, la técnica de la escaleta. Delimitando el tema y la premisa, escogiendo una estructura, desarrollando la historia principal y las secundarias y transformándolas en un argumento tendrás el esqueleto de tu novela. Ya solo queda ir desarrollando las escenas una a una, pero lo harás con la garantía de seguir una planificación y una estructura cuidadas.

En las próximas semanas te daré otras claves y técnicas para narrar, ¡espero que te resulten útiles!

Cómo superar el bloqueo del escritor

Todos hemos escuchado hablar alguna vez del bloqueo del escritor. Es un problema tan conocido que se ha convertido en tópico, y resulta una idea conocida incluso para los que nunca se han interesado por la escritura. De hecho, es una escena muy frecuente en el cine: el escritor se sienta con pasión ante su máquina de escribir (o su ordenador, en películas más recientes) y no llega a escribir dos líneas cuando desecha lo escrito, si no se queda parado antes de empezar. ¿Es auténtico ese famoso síndrome de la página en blanco? ¿A qué se debe? ¿Qué podemos hacer para superarlo?

Cómo superar el bloqueo del escritor

El bloqueo del escritor existe

El bloqueo del escritor es un tópico, pero un tópico que se basa en la realidad. Enfrentarse a una página en blanco es difícil y a menudo parece que las musas no nos acompañan. Lo peor es que el problema se agudiza con el tiempo.

Cuanto más llevemos sin escribir, más titánica nos parece la hazaña de comenzar a hacerlo. Click Para Twittear

Por eso es importante romper con la página en blanco cuanto antes. Para ello, debemos desentrañar las causas que provocan ese parón, pues reconocer cuáles son nuestros puntos débiles es el primer paso para superarlos. A continuación te presento las causas más frecuentes del famoso bloqueo y algunas posibles soluciones para no dejar que se convierta en un obstáculo.

Causas del síndrome de la página en blanco

El resultado es siempre el mismo: te has sentado a escribir y no logras una frase decente. Pero esa sensación de bloqueo puede deberse a causas muy diversas. Es posible que te identifiques con una o con varias de las siguientes situaciones:

  • Tu incapacidad de escribir puede ser un reflejo de tus propios miedos: a no ser lo bastante bueno, a tener una idea realmente buena y estropearla por tu falta de talento, a que los demás te juzguen por la forma que has elegido (y digan que eres mal escritor) o por el contenido.
  • Tal vez eres demasiado perfeccionista, y empiezas a corregir mientras escribes. Eso impide que avances, porque hasta que el primer párrafo no queda perfecto no eres capaz de continuar. Olvidas que en cada proceso de escritura hay siempre un primer borrador. No eres capaz de acallar a tu crítico interior.
  • Piensas en el resultado que deseas obtener, una novela de cientos de páginas, y esa extensión te abruma.
  • Escribes por impulsos: alternas periodos en que te invade una especie de fiebre creativa y escribes sin descanso con otras etapas de sequía en que no eres capaz de escribir una línea decente o, peor aún, relees lo ya escrito y lo desechas porque te parece una basura.
  • Has comenzado una historia, pero te atoras a la mitad. No sabes cómo continuar, bien porque sientes que te faltan ideas, bien porque te has metido en algún embrollo que no sabes  cómo resolver.
  • Quizás no logras ni siquiera comenzar porque ninguna idea te parece lo bastante buena.

Algunas soluciones contra el bloqueo del escritor

No hay ninguna solución infalible. Lo que a mí me funciona no tiene por qué servirte a ti; es más, la opción que resulta útil hoy puede ser totalmente ineficaz mañana. Sea como sea, aquí tienes algunas estrategias que puedes intentar para romper con ese bloqueo.

Trabaja en un esquema antes de escribir

A veces el bloqueo surge de una falta de planificación. ¿Hoy no te sientes capaz de escribir una sola palabra? Pues dedícate a pensar sobre la historia de un modo esquemático, a construir un esqueleto. ¿Cómo continuará, cuál será el final, qué escenas necesitarás? Olvídate de cómo lo vas a contar, limítate al contenido. Tengo en la recámara un artículo sobre esta estrategia.

Salta a otro pasaje

Si no puedes seguir, tal vez es que hoy no tienes el estado de ánimo más adecuado para abordar esa escena en particular. Puede que si cambias de escena y eliges una diferente las musas sí te acompañen esta vez.

Empieza a escribir cualquier cosa, sin pensar

Da igual si es bueno o malo. Simplemente empieza. A veces es cuestión de empezar a escribir para acabar encontrando tu voz narradora. Gabriel García Márquez hablaba sobre esta técnica:

Durante mucho tiempo me aterró la página en blanco. La veía y vomitaba. Pero un día leí lo mejor que se escribió sobre ese síndrome. Su autor fue Hemingway. Dice que hay que empezar, y escribir, y escribir, hasta que de pronto uno siente que las cosas salen solas, como si alguien te las dictara al oído, o como si el que las escribe fuera otro. Tiene razón: es un momento sublime.

Márcate objetivos pequeños

Si una novela de doscientas páginas te parece mucho, márcate objetivos más pequeños: un cierto número de palabras al día. Así te parecerá más factible.

Juega con las palabras

Nada como jugar con las palabras para estimular la creatividad. Puedes crear rimas a partir de una palabra sonora, escribir un texto en que cada palabra comience por una letra del abecedario, o uno en que no aparezca una letra en particular, intentar un pangrama (una oración en que aparezcan todas las letras del alfabeto) lo más corto posible… Si quieres más ideas, puedes consultar en esta web.

Documéntate

Aprovecha los ratos de bloqueo creativo para investigar sobre los temas que necesites: los gustos de tu personaje, una época histórica, el funcionamiento de una avioneta…

Lee y toma notas

Para mejorar tu técnica debes leer, pero debes hacerlo bien. Dedica un rato a leer un buen libro y toma notas sobre los giros del argumento, los personajes, la técnica… En el blog hablaremos con frecuencia sobre cómo leer bien para escribir mejor.

Elimina las distracciones

A veces tu problema, más que un bloqueo en sí mismo, es que no logras concentrarte lo suficiente. Apaga el teléfono, no sucumbas a consultar tu correo electrónico ni las novedades en Facebook, mantén tu mesa de trabajo ordenada y elimina de ella todo lo que no necesites para escribir (fotos, adornos, una factura que acaba de llegar por correo). Pide a los que viven contigo que no te molesten mientras escribes, o aprovecha un momento en que estén fuera o descansando. Si no es posible, busca otro lugar para escribir: una cafetería, un parque…

Decide hoy qué escribirás mañana

Cuando termines una sesión de escritura, decide qué escena escribirás al día siguiente. Eso te ayudará a tener un objetivo claro cuando te sientes en tu mesa. Además, ¿quién sabe? Con esa idea en la cabeza, quizás las musas te inspiren en sueños…

Perdónate a ti mismo

A veces, la sensación de culpa por uno, dos, diez días perdidos agrava la sensación de bloqueo. No tienes que rendir cuentas a nadie, si no has escrito en varios días no es algo malo. A lo mejor necesitabas un descanso. Regálate una experiencia agradable (un buen paseo, una comida que te guste) e ilusiónate pensando que mañana escribirás unas páginas.