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El blog de Flores de papel

Decíamos ayer…

Publicado el 17/12/2012 | Flores de papel, Semblanzas | No hay comentarios

Fray Luis en Salamanca Decíamos ayer...

En la ciudad de Salamanca a diez y siete días del mes de diciembre de mill e quinientos e setenta e un años, ante el muy magnífico e muy Rdo. señor maestro Francisco Sancho, comisario deste Santo Oficio… paresció siendo llamado el muy reverendo padre fray Bartolomé de Medina, maestro en santa theologia, en la Universidad de Salamanca, y entre las cosas que testificó en su dicho, dijo e declaró contra el maestro fray Luis de León lo siguiente: Item declaró que sabe anda en lengua vulgar el libro de los Cánticos de Salomón, compuesto por el muy Rdo. padre maestro fray Luis de León, porque lo ha leído este declarante. Item declaró que en esta Universidad algunos maestros, señaladamente Grajal y Martínez, y fray Luis de León, en sus paresceres y disputas quitan alguna autoridad a la edición de la Vulgata, diciendo que se puede hacer otra mejor y que tiene hartas falsedades…

Fray Luis de León e1355655496920 300x208 Decíamos ayer...

Con este documento, el diecisiete de diciembre de 1571, comenzó el proceso inquisitorial contra Fray Luis de León. A causa de estas acusaciones permaneció encerrado durante cinco años en una celda de la Inquisición sin saber quién le acusaba ni cuáles eran los cargos exactos: haber cuestionado la infalibilidad de la traducción de la Biblia en la Vulgata de San Jerónimo (establecida como el texto canónico en el Concilio de Trento) y ser, presuntamente, el autor de una traducción al castellano (lengua vulgar, prohibida para los textos sagrados) del Cantar de los Cantares, basándose no en la Vulgata, sino en el original hebreo.

Cinco años más tarde sería liberado de los cargos que le habían alejado de la vida pública y del aula de la Universidad de Salamanca donde ejercía anteriormente su cátedra de teología. Su salud estaba definitivamente quebrantada, pero su energía y su fino sentido del humor permanecían intactos. Prueba de ello es que, ante la notable expectación generada por su regreso al aula de Salamanca, se subió al púlpito y comenzó su clase con el célebre «Decíamos ayer…».

Aula de Fray Luis en Salamanca e1355658018825 Decíamos ayer...Para Fray Luis, el tiempo que había pasado alejado de la enseñanza no contaba. Eran detalles superfluos que carecían de importancia, un pequeño paréntesis que no quería mencionar, y por ello, pese a los oportunistas que asistieron aquel día esperando de él un ataque a la Inquisición, comenzó su clase como acostumbraba, con una recapitulación de la lección anterior, sin considerar que esta había tenido lugar cinco años atrás.

En Flores de papel queremos inspirarnos en el sabio belmonteño y, tras unos meses en que otros menesteres (el mundanal ruido) nos han mantenido alejados de este particular púlpito, retomamos nuestra andadura con la misma ilusión del principio, continuando la labor detenida con un nuevo «Decíamos ayer…».

Érase una vez… el libro: el pergamino griego

Publicado el 21/09/2012 | Érase una vez... el libro | 1 comentario

En la última entrada de nuestra serie Érase una vez… el libro hablamos del singular influjo de la cultura griega en el aumento del valor y el prestigio del libro, así como en su mayor distribución en bibliotecas públicas y particulares. Sin embargo, quizás la mayor aportación de los griegos a la formación del libro es un cambio de formato que lo acercará un paso más al objeto que hoy conocemos. Paradójicamente, este avance se debe a la desmedida rivalidad entre dos ciudades y sus míticas bibliotecas.

Rollo de pergamino e1347989210882 300x222 Érase una vez... el libro: el pergamino griegoLa forma que adoptó inicialmente el libro en la Antigua Grecia fue tomada de la cultura egipcia: se copiaban los libros en rollos de papiro, que eran exportados desde Egipto. La hoja escrita se denominaba biblion, el rollo era el kylindros, y la etiqueta que lo identificaba, con el nombre del autor y las primeras palabras del texto, recibía el nombre de sillybos. Este sistema fue el más utilizado durante siglos, pero, al final, el papiro sería paulatinamente sustituido como material de escritura por el pergamino. La historia de este cambio está cargada de leyendas.

Cuenta Plinio el Viejo que el pergamino fue inventado por Eumenes II de Pérgamo, como consecuencia de la rivalidad intelectual y cultural que mantenía la ciudad de Pérgamo con Alejandría. Al parecer, el rey egipcio Ptolomeo V (205-182 a. C.) prohibió la exportación de papiro, que se fabricaba únicamente en Egipto, para dificultar la expansión de la biblioteca de Pérgamo, temiendo que tal vez llegaría a igualar a la de Alejandría. A causa de la falta de un material donde copiar los libros, la corte de Eumenes II perfeccionó el tratamiento de este nuevo soporte de escritura. Algunos datos apuntan que en realidad el pergamino ya era utilizado en el siglo V a. C. por los griegos de Asia Menor, pero, en todo caso, este material ganó cada vez mayor importancia. Pérgamo se convirtió en el mayor centro productor y exportador de este nuevo soporte, hasta el punto de proporcionarle su nombre.

pergamino e1347989765973 Érase una vez... el libro: el pergamino griegoEl pergamino se fabricaba a partir de pieles curtidas de animales, las cuales eran más resistentes y más fáciles de obtener que el papiro. Era posible utilizar las pieles de distintos animales, aunque la calidad variaba según la piel empleada: desde cabra, oveja, carnero, vaca y ternera, hasta becerro, asno, camello o incluso antílope. La piel más apreciada era la denominada vitela, procedente de animales más jovenes, por lo que era más fina y flexible. El proceso de elaboración del pergamino consistía en sumergir la piel del animal en una disolución de cal, luego se despojaba del vellón (el pelo) con una cuchilla, se pulimentaba con piedra pómez y se encolaban las grietas y agujeros para obtener una superficie uniforme. Era un proceso complejo y que requería mano de obra, por lo que resultaba un material de elaboración cara.

Pese a su elevado coste de producción, el uso del pergamino fue cada vez más frecuente, ya que sus indudables ventajas le dieron la reputación de ser un mejor soporte para la escritura: era más resistente al uso y a las condiciones climáticas de la zona, se transportaba mejor y permitía escribir por ambas caras. Además, pronto se observó que el material era tan fuerte que la tinta podía borrarse con ayuda de un raspador para escribir un nuevo texto (los pergaminos reutilizados recibían el nombre de palimpsestos). Esta práctica se volvió tan común que hemos perdido muchísimos textos de la antigüedad, aunque, tal vez por esta causa, son muy celebrados los casos de recuperaciones. Probablemente uno de los casos más famosos fue el descubrimiento en 1906 por el danés Johan Ludwig Heiberg de un devocionario, copiado en el siglo XIII por un monje griego sobre un texto raspado. El monje había borrado un manuscrito anterior, y gracias a la moderna tecnología y al trabajo paciente de los investigadores, se logró rescatar varios tratados de Arquímedes, el famoso matemático, entre ellos El método de los teoremas mecánicos, que se conocía solo por referencias de eruditos y se creía irremediablemente perdido.

Ostraca 290x300 Érase una vez... el libro: el pergamino griegoPara escribir en el pergamino, los instrumentos que se empleaban en Grecia eran un cálamo, que se afilaba con una piedra pómez, y tinta, que se elaboraba mezclando goma o resina con hollín. También existían otros sistemas de escritura no permanente, que se empleaban para elaborar borradores, para documentos de menor importancia de o para la enseñanza: se trataba de trozos de cerámica denominados ostraca y de tablillas recubiertas de cera, en los que se escribía con un cálamo sin tinta. Sin embargo, el pergamino fue ganando adeptos por sus múltiples ventajas y pronto estos sistemas de escritura quedaron relegados casi exclusivamente al ámbito de la escuela.

Quizá el único inconveniente que hallaron los griegos en el pergamino era el de su almacenaje. Al principio, se imitó el formato del rollo de papiro egipcio, enrollando el pergamino. Sin embargo, este material tenía poca flexibilidad una vez seco, y por este motivo se comenzaron a investigar otros formatos. El fin de esta experimentación y, por lo tanto, el perfeccionamiento del pergamino, llegó en la época romana, con la invención del códex o códice, del que hablaremos en la próxima entrada. El libro prosigue su andadura a través de los siglos, en un formato que, paso a paso, se va acercando a ese objeto tan familiar que almacenamos en los anaqueles de nuestras bibliotecas.

Zenobia de mi alma

Publicado el 31/08/2012 | Semblanzas | No hay comentarios

zenobia camprubi aymar Zenobia de mi alma

Juan Ramón Jiménez esquivó a su destino una tarde de noviembre de 1909, cuando estaba visitando La Rábida con su amigo el pintor Joaquín Sorolla. Para poder observar el entorno con mayor detalle, pidieron unos prismáticos al guarda del convento, quien a su vez los solicitó a don Raimundo Camprubí, ingeniero jefe de la Junta de Obras del Puerto de Huelva. Haciendo gala de su hospitalidad, la familia Camprubí les transmitió a través del guarda una invitación a tomar el té, pero anochecía y decidieron regresar a Moguer. Años más tarde, en 1913, Juan Ramón se alojó durante un tiempo en una pensión en Madrid en la que, para su disgusto, tenía unos vecinos de habitación bastante ruidosos: celebraban reuniones y fiestas y tocaban el piano hasta muy tarde. Juan Ramón aporreaba las paredes para intentar recuperar su anhelada tranquilidad, aunque algunas tardes escuchaba a través de ese muro una risa de mujer que lo sorprendió tanto que en lugar de quejarse pegaba el oído a la pared, aunque nunca reunió el valor para presentarse en la habitación contigua. Ella se llamaba Zenobia Camprubí y Aymar, y hoy se cumplen 125 años desde su nacimiento en Malgrat de Mar (Barcelona).

Se conocieron, por fin, semanas más tarde en la Residencia de Estudiantes, a la salida de una conferencia. Él había quedado fascinado por el sonido de su risa, de modo que hizo que los presentaran y logró entablar conversación durante casi dos horas. Al terminar, Juan Ramón ya sabía que se había enamorado sin remedio. Ella tardaría algo más en darse cuenta de estaban hechos el uno para el otro.

Sus inicios fueron tortuosos. Zenobia no veía bien los excesos amorosos de Juan Ramón, ni comprendía su carácter sombrío, pues ella era una muchacha muy sociable y alegre. «La americanita» (era de raíces portorriqueñas por vía materna, y en su juventud había estudiado en los Estados Unidos) sufrió el incansable asedio del poeta: él le enviaba cartas apasionadas y preparaba cuidadosamente encuentros nada casuales por mediación de conocidos comunes. Ella fue cediendo poco a poco, en parte impresionada por su talento poético y sensibilidad, en parte conmovida por su constancia amorosa.

Fío, en absoluto, en mí. Pero es absolutamente preciso que nos casemos pronto. No sabes la paz, la fuerza, la tranquilidad, el tiempo, que esto me daría. Piensa tú que tu presencia me es necesaria, Zenobia, que mi vida sin ti está falta de vida. La mañana que yo amanezca a tu lado, ¡qué nuevo va a parecerme el mundo!

(Carta de Juan Ramón a Zenobia, 6 de septiembre de 1915)

Zenobia y Juan Ramón recién casados Zenobia de mi almaFinalmente, se casaron en Nueva York el 2 de marzo de 1916. El discurso poético del que sería Premio Nobel comenzó a experimentar cambios durante todo su noviazgo, culminando con la publicación de Diario de un poeta reciencasado, obra que revolucionaría la poesía moderna. Ya desde los inicios de su relación, la influencia de Zenobia fue fundamental en Juan Ramón, y sin duda alguna sin ella su obra poética habría sido muy diferente.

En torno a su relación se creó pronto un estereotipo que ha sido convenientemente divulgado: el de la mujer sometida a su marido, neurótico y huraño. Juan Ramón, en efecto, tenía un carácter muy difícil, sin duda, y su esposa sufrió en muchas ocasiones por este motivo, lo que queda de manifiesto al leer sus diarios. Tuvo que renunciar a mucho. Sin embargo,  Zenobia era una mujer culta, inteligente, refinada, independiente y feminista, que con sus pequeñas rentas habría podido mantenerse si hubiera querido separarse. Pero ella se había enamorado tiernamente, descubrió en él el candor del genio, el magnético atractivo del talento, y decidió que su plenitud como mujer pasaba por esa entrega total no únicamente a su marido, sino a ese proyecto de una vida dedicada a la poesía.

Juan Ramón está tan feliz después que trabajamos juntos. Esta mañana dijo: “Esto es lo único que vale la pena, este trabajo que hacemos juntos”, y parecía muy contento.

(Diario de Zenobia Camprubí, 11 de marzo de 1937)

Juan Ramón y Zenobia e1346362836744 Zenobia de mi almaElla pasaba con infinita paciencia y esmero todos los escritos de él a máquina para que él pudiese revisarlos. Corregía a menudo, opinaba siempre, era su primera crítica, su traductora personal, su cómplice y su musa, una suerte de primera editora de impagable colaboración. Ella, además, se encargaba de todo lo que no era literario, de modo que Juan Ramón no tenía que preocuparse de nada salvo de escribir.

Es probable que nadie sea capaz de comprender totalmente la realidad de esa relación, pero fueron compañeros de vida. Entre los papeles relacionados con el poeta que se guardaban en la Universidad de Puerto Rico, se encontraron sendas semblanzas que hicieron el uno del otro, y en ambas se percibe el profundo cariño que los unía. La de Juan Ramón es bastante más escueta:

Zenobia: eres graciosa, intensa, encantadora; fina de cuerpo y alma; amas lo humano y percibes lo divino; sientes la naturaleza, la música, la pintura, la poesía, la filosofía, la historia, todas las artes y todas las ciencias. Eres buena compañera de hogar, de viaje y de trabajo. Siempre estás dispuesta a trabajar o a gozar. No eres interesada. Eres cumplidora, digna y generosa. No pides nada a nadie. Das todo. Te acomodas a todas las circunstancias y las resuelves alegremente. Ríes siempre, a veces por no llorar.

Zenobia, sin embargo, es más generosa con los detalles, dándonos uno de los retratos más personales y cercanos del poeta:

Juan Ramón, cuando está cerca, es todo ojos. Lo demás es un contorno armonioso que los acompaña, excepto la sonrisa, que casi puede igualarse con los ojos.
El mejor momento de Juan Ramón y el más largo de su vida es cuando está trabajando en su obra, completamente olvidado de sí mismo. Nunca es más feliz que cuando está escribiendo, corrigiendo, perfeccionando… Después de un gran día de trabajo, cuando se permite algún recreo, dice con satisfacción que ha podido gozar plenamente en el ocio porque ha cumplido bien con su trabajo antes.
Su carácter es del todo diferente en sus temporadas fecundas de lo que es en las áridas. No tiene términos medios, o está muy bien o está muy mal.
La única dolencia real física que le conozco la lleva con una extrema paciencia aún cuando en las etapas exacerbadas le produzca desaliento.
Sus defectos principales son el no aceptar casi nunca la responsabilidad de su culpa, por muy insignificante que sea, y la suspicacia para dolerse de cosas insignificantes. Además es muy egoísta, pero a medida que pasan los años, en este defecto que tanto lo dominó en su juventud, ha hecho un gran progreso: se esfuerza por recapacitar cuando se le advierte y procura y logra grandes mejoras. En esto verdaderamente ha ahondado mucho, sobre todo en las temporadas en que su vida es serena y tiene tiempo de pensar. En temporadas nerviosas no hace el menor esfuerzo por dominarse y llega a una crueldad increíble en el egoísmo cuando se trata de la manía especial en boga en el momento.
Al lado de esto es también de una generosidad emocionante en que todo lo quiere dar y en que le da una gran alegría el proporcionarle una satisfacción o gusto a cualquiera, aun cuando se trate de un desconocido…

Zenobia Camprubí e1346363195924 Zenobia de mi almaLa culminación de cuarenta años de dedicación y entrega le llegó a Zenobia el 25 de octubre de 1956, tres días antes de su muerte: conocida la extrema gravedad de su estado y que el fallecimiento era inminente, se le comunicó de forma privada por un telegrama (como medida excepcional) que a Juan Ramón se  le había concedido el Premio Nobel de Literatura. Fue ella quien transmitió al poeta la noticia.

Tras la muerte de Zenobia, Juan Ramón no volvió a escribir un solo verso. Quedó sumido en una fuerte depresión, y pasaba los días leyendo las cartas que ambos se habían escrito durante su noviazgo y su largo matrimonio, aunque esta actividad le alteraba tanto que los médicos trataron de prohibírselo en varias ocasiones. Apenas la sobrevivió año y medio. A su muerte, encontraron entre sus pertenencias una libreta con una breve anotación (anécdota ni tan recordada ni tan celebrada como la de Machado):

A Zenobia de mi alma, este último recuerdo de su Juan Ramón, que la adoró como a la mujer más completa del mundo y no pudo hacerla feliz. JRJ. Sin fuerza ya.

De Zenobia nos quedan algunos poemas y cuentos de su juventud y sus traducciones de los escritos de Rabindranath Tagore. También, de índole privada, sus Diarios y su extensa correspondencia. Sin Zenobia, Juan Ramón «se habría hundido en un pozo sin fondo» (según admite ella en su Diario), «pero el día en que juntó su destino con el mío, cambió ese fin». Sin nunguna duda, la gran obra que emprendió aquella muchacha de ojos verdes fue la de aquella empresa poética de acompañar, aconsejar y colaborar con aquel hombre que revolucionaría la poesía española contemporánea.

Érase una vez… el libro: el florecimiento de la cultura griega

Publicado el 23/08/2012 | Érase una vez... el libro | No hay comentarios

Escritura griega 300x206 Érase una vez... el libro: el florecimiento de la cultura griegaEn nuestra particular historia del libro, hemos visto cómo los primeros acercamientos a este invento los hallamos en Oriente Medio, en la cultura mesopotámica y la cultura egipcia. En Europa, sin embargo, no los hallamos hasta su primitiva aparición en la Grecia Arcaica. Pero, probablemente, de no ser por la importantísima revolución cultural que se gestaba en la Grecia de estos tiempos y los cambios socioculturales que trajo consigo, no conoceríamos el libro tal y como hoy lo entendemos.

Alfabeto griego Érase una vez... el libro: el florecimiento de la cultura griegaGrecia ya contó en el período micénico con un sistema de escritura, que hoy conocemos como Lineal B, basado en algunos signos silábicos y multitud de signos ideográficos (que representaban ideas o conceptos). Era un sistema de escritura bastante complejo, que se empleaba exclusivamente para realizar anotaciones de índole administrativa en tablillas de barro. Al tener una funcionalidad tan específica, este sistema de escritura desapareció en el 1100 a. C., cuando se derrumbó la civilización micénica. Desde entonces, Grecia vivió en una edad oscura en que se limitaba a la oralidad, hasta que, en torno al siglo VIII a. C., comenzó a recuperarse. Los griegos tomaron entonces el alfabeto fenicio y lo adaptaron, estilizando sus signos y añadiendo caracteres vocálicos. Este nuevo sistema de escritura resultó revolucionario, pues, frente a otros en que los signos representaban ideas (escritura ideográfica) o sílabas (escritura silabográfica), en este cada signo representaba un sonido (escritura fonográfica). De este modo, el número de signos era mucho más reducido (7 vocales y 17 consonantes) y por lo tanto la técnica de leer y escribir resultaba bastante más asequible, pues su adquisición no suponía años de estudio y especialización.

El desarrollo de la escritura alfabética favoreció la formación y administración básica de las polis, las ciudades griegas, a partir de la unión de pequeñas aldeas. Pero en el siglo V a. C., el desarrollo del nuevo sistema democrático ateniense propulsó un nuevo y espectacular desarrollo de la cultura. Enseñanza en la Antigua Grecia 300x196 Érase una vez... el libro: el florecimiento de la cultura griegaEste sistema de organización política permitía a cualquier ciudadano libre que supiera leer y escribir participar en el gobierno, y por lo tanto reveló la necesidad de acceder a la educación como medio para defender los intereses e ideas de los ciudadanos. De este modo, por primera vez el texto escrito estaría a disposición de un amplio número de personas, y no reservado a la élite.

Los libros eran copiados por esclavos sin sueldo, que a veces también se dedicaban a la enseñanza. Cada vez existían más obras y estas adquirían una mayor difusión y prestigio. El contenido era de lo más diverso, incluyendo textos burocráticos y administrativos, pero también obras filosóficas y literarias de los más variados temas, que además dejan de ser anónimas, pues por primera vez cobra verdadera relevancia la figura del autor.

Dada la necesidad de instrucción de los ciudadanos, se estableció la necesidad del acceso público a los libros. Por ello, las bibliotecas dejaron de ser patrimonio exclusivo de templos y palacios para estar a la disposición de cualquier ciudadano libre. Debemos destacar, especialmente, dos grandes y legendarias bibliotecas: la de Alejandría y la de Pérgamo.

Reconstrucción de la biblioteca de Alejandría Érase una vez... el libro: el florecimiento de la cultura griegaAunque Alejandría se sitúa en Egipto, esta ciudad fue fundada por Alejandro Magno en el año 331 a. C., tras liberar a Egipto del dominio persa, y recibe desde entonces una fuerte influencia de la cultura helenística, que poco a poco había ido expandiéndose territorialmente dado el prestigio político y cultural de Grecia. Ptolomeo II fundó en el siglo III a. C. el Museion (Templo de las Musas), una institución de inspiración griega que se dedicaba a la enseñanza y la investigación. Allí se realizaban lecturas públicas, motivo por el cual se fueron acumulando manuscritos. La biblioteca de Alejandría, sin duda la más célebre de todas las bibliotecas conocidas en la Antigüedad, se estableció cerca de ese Museion, ambos dentro de los recintos del palacio real. Sin embargo, cuando el número de manuscritos superó la capacidad de este recinto, se construyó un edificio adicional en el templo dedicado a Serapis. No se conoce con exactitud el número de manuscritos que pudo recoger esta fabulosa biblioteca, pero algunos postulan que unos 700.000. La biblioteca albergaba múltiples obras de la literatura griega y también traducciones al griego de obras egipcias, babilónicas y de otros muchos orígenes. Los manuscritos se almacenaban en diversas estancias dentro de unos nichos de madera o de mimbre que recibían el nombre de bibliotheke, siendo este el origen etimológico del nombre que hoy damos a nuestras colecciones de libros, las bibliotecas.

Pérgamo e1345664000489 Érase una vez... el libro: el florecimiento de la cultura griegaLa Biblioteca de Pérgamo, por su parte, fue fundada por Átalo I (241-197 a. C.), aunque su mayor expansión se produjo durante el reinado del hijo de este, Eumenes II (197-160 a. C.). Ambos tenían el propósito de competir con la grandeza de la biblioteca de Alejandría. La biblioteca llegó a contener, según Plutarco, unos 200.000 volúmenes.

Por desgracia, ninguna de estas famosas bibliotecas ha llegado hasta nuestros días, por una serie de desafortunadas circunstancias. La biblioteca de Alejandría se incendió parcialmente en el año 47 a. C., cuando Julio César tomó esta ciudad. Años después, como compensación a este hecho, Marco Antonio expolió todos los fondos de la Biblioteca de Pérgamo para donarlos a Cleopatra, que los depositó en la biblioteca de Alejandría. Finalmente, esta biblioteca acabaría destruida por completo. Sobre la causa existen numerosas leyendas, culpándose a romanos, árabes, egipcios, cristianos o musulmanes, dependiendo de la fuente consultada. Tal vez se destruyó en alguna de las numerosas guerras y saqueos a los que fue sometida la ciudad de Alejandría entre los siglos I y IV d. C. Si aún se mantenía en pie, debió desaparecer definitivamente en el año 391 d. C., cuando se destruyó todo el recinto del templo a Serapis. Sala de lectura Bibliotheca Alexandrina Érase una vez... el libro: el florecimiento de la cultura griegaEn un intento de reivindicar la importancia mítica de esta biblioteca, a UNESCO financia desde 1974 el Proyecto de Reconstrucción de la Antigua Biblioteca de Alejandría, que llevó en 1996 a la inauguración de la Biblioteca Alexandrina, que ostenta la Sala de Lectura más grande del mundo y alberga grandes tesoros bibliográficos, muchos de ellos ya digitalizados.

Existieron, por supuesto, otras bibliotecas. La primera biblioteca de Atenas se fundó en el 330 a. C., y a partir del siglo II a. C. aumentó notablemente el número de bibliotecas públicas en toda Grecia, así como grandes coleccionistas particulares, muchos de los cuales nos son familiares por su contribución a múltiples áreas del saber: Platón, Jenofonte, Euclides, Eurípides, Aristóteles…

En definitiva, el florecimiento de la cultura griega favoreció que el libro alcanzara el valor y el prestigio que merecía, pues la lectura era el medio imprescindible para poder participar en el gobierno. Los libros se compartían en grandes bibliotecas o se atesoraban entre las posesiones de los grandes eruditos e intelectuales. También en Grecia se sustituiría el papiro por un soporte más resistente y duradero para el libro: el pergamino. Este cambio fue fruto, según la leyenda, de la rivalidad entre Alejandría y Pérgamo por el liderazgo cultural a través de sus respectivas bibliotecas. Pero de esa historia hablaremos en la próxima entrada.

Crear un libro: la propiedad intelectual

Publicado el 7/08/2012 | Crear un libro | No hay comentarios

Derechos de autor Crear un libro: la propiedad intelectualCuando un autor termina su obra, cuando la ha revisado una y otra vez para asegurarse de que está perfecta, son varios los caminos que puede seguir si lo que desea es verla publicada. Pero todos deberían comenzar por una misma gestión: el registro de la obra como propiedad intelectual.

Se trata de una gestión sencilla y aparentemente sin importancia, que de forma tradicional la realizaba, con mucha frecuencia, el editor en nombre del autor de la obra. Pero, dadas las circunstancias actuales del mundo de la edición (con un elevadísimo número de autores y también de editoriales), es especialmente recomendable que el autor se proteja antes de dar a conocer su obra para buscar su publicación. El registro de la Propiedad Intelectual es un mecanismo administrativo que sirve para proteger los derechos de los autores de creaciones literarias, artísticas o científicas, derechos que pertenecen a los autores durante toda su vida y que pasan a sus herederos durante los primeros setenta años después de su fallecimiento. No es obligatorio, pero sirve como prueba para demostrar la autoría de una obra (lo que supone no solo el reconocimiento, sino también la retribución económica) y protegerse ante un  posible plagio.

El plagio es, quizás, uno de los mayores miedos del autor actual. No siempre ha sido así: tradicionalmente era frecuente y aceptado el préstamo de temas, argumentos, personajes e incluso títulos. La reescritura se practicaba de forma habitual, y podemos encontrarla en multitud de autores, desde Berceo y Don Juan Manuel hasta Garcilaso, Quevedo o Lope de Vega. Quijote Avellaneda1 Crear un libro: la propiedad intelectualQuizás uno de los casos más sonados de una acusación de plagio en la historia de la literatura es la que denunció Miguel de Cervantes, al descubrir que se había publicado una apócrifa continuación de su Don Quijote bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda, el cual probablemente encubría a alguno de sus adversarios literarios. Sea como fuere, este conocidísimo caso de plagio aceleró la publicación de la segunda parte del Quijote, en la que Cervantes puso todo su empeño para denostar la obra apócrifa. A falta de una ley de la propiedad intelectual, la única defensa que quedaba a don Miguel de Cervantes era ridiculizar en lo posible a su adversario utilizando la mejor arma a su alcance: la literatura.

Desde entonces, el plagio se ha considerado algo negativo y objeto de persecución. Leopoldo Alas, Clarín, apenas se inmutaba ante los que lo acusaban de inmoral o anticlerical; sin embargo, cuando se le acusó de haber cometido plagio en determinados pasajes de sus obras, se defendió con enorme indignación. También es conocida la encarnizada rivalidad entre Vicente Huidobro y Pablo Neruda, en la que, además de las constantes polémicas en las que ambos cuestionaban la calidad de los versos del otro, Huidobro acusó a Neruda de que uno de sus Veinte poemas de amor no era más que una traducción de Rabindranath Tagore. También Miguel Ángel Asturias acusó a Gabriel García Márquez, tras la publicación de Cien años de soledad, de haber tomado la fabricación de pescaditos de oro que realizaba Aureliano Buendía de un personaje de Honoré de Balzac en la novela Búsqueda del infinito.

Cela e1344275142378 Crear un libro: la propiedad intelectualDentro de los casos recientes, quizás el más escandaloso es el que atañe a Camilo José Cela y a la concesión del Premio Planeta por su novela La cruz de San Andrés. Mª del Carmen Formoso, la demandante, había presentado también al Premio Planeta su novela Carmen, Carmela, Carmiña, y sostuvo que había  una serie de coincidencias de temas y argumentos, personajes, escenarios y hasta frases textuales. La demanda judicial fue archivada en dos ocasiones, y tras la muerte de Cela continúa la polémica, en la que ya el único acusado es José Manuel Lara, director de Planeta, quien según Formoso le habría pasado su original a Cela. Otros escándalos recientes relacionados con el plagio literario han sido protagonizados por la escritora Lucía Etxebarría y por la presentadora de televisión Ana Rosa Quintana. Todos estos casos expuestos sirven, precisamente, para ilustrar hasta qué punto es recomendable registrar una obra para poder demostrar, si fuera necesario, su autoría.

En España, el registro de una obra puede realizarse de forma presencial en las oficinas del Registro General de la Propiedad Intelectual o, si se dispone de certificado digital, se puede realizar la solicitud de forma telemática. Para el registro, es necesario presentar un ejemplar de la obra encuadernado, paginado y firmado por el autor en la portada (en la que deben aparecer el título y el nombre del autor o autores) y en la última página, una fotocopia del D.N.I. del autor, cumplimentar el impreso que nos facilitarán en la oficina y abonar las correspondientes tasas.

Safe Creative 300x84 Crear un libro: la propiedad intelectualRecientemente han surgido alternativas a este sistema, como la que ofrece Safe Creative, un registro pensado especialmente para creaciones en un soporte digital que no supone el abono de ninguna tasa. Aunque cada vez está más difundido e incluso en su blog se afirma que Safe Creative es un registro eficaz y seguro y tiene valor probatorio de la autoría de la obra, todavía hoy la mayoría de los autores literarios prefieren recurrir al Registro General de la Propiedad Intelectual. Otras opciones que se han usado con cierta frecuencia son enviar dos ejemplares de la obra para su depósito en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos o incluso el enviarse a uno mismo el manuscrito por correo certificado firmando sobre el cierre del sobre. Sin embargo, desaconsejamos este último método, pues los que hemos expuesto anteriormente resultan, a la larga, más asequibles y fiables como prueba en caso de necesidad.

También, teniendo en cuenta la facilidad de difusión y reproducción de las obras a través del medio digital, nacieron las licencias de Creative Commons. Sin embargo, estas licencias afectan a la forma de distribución de la obra que autoriza el autor (que se reconozca su autoría, que se puedan hacer obras derivadas, que se saque o no beneficio comercial de las mismas…), pero en ningún caso constituyen un acto de registro ni tienen valor probatorio de la autoría de la obra. Lejos de ser una idea moderna, parece que este tipo de licencia ya estaba a la orden del día en el medievo, cuando el Arcipreste de Hita dejó señalado en su Libro de Buen Amor:

Cualquier hombre que lo oiga, si bien trovar supiere,
puede más ahí añadir y enmendar, si quisiere;
ande de mano en mano, a quienquiera que lo pidiere

Al fin y al cabo, el tomar nuestra inspiración de otros es algo tan antiguo como el propio acto de creación. El homenaje, la cita, la adaptación, la variación, la parodia, el plagio… son las múltiples caras de la inspiración literaria, la cual, según sostenía Hegel, más que de crítica literaria o de justicia, se trataba, sobre todo, de «una cuestión de buenos modales».

Para saber más:  Ley  de Propiedad Intelectual (RDL  1/1996)